jueves, 27 de abril de 2017

Bryan Adams: Todos para uno

A 9 años de su primera visita a Córdoba el músico canadiense conmovió a un Orfeo repleto que se rindió ante sus universales baladas de amor y un intenso show de rock & roll. Aquí un repaso. 

RECITALES

Por Néstor Pousa

“I don’t speak spanish, i’m sorry”, de esta forma se lamentaba Bryan Adams (57), que se presentó en el Orfeo Superdomo de Córdoba el domingo 24 de abril por la noche, por no poder comunicarse con su público cordobés en idioma castellano. El condicionamiento no fue una barrera para expresarse permanentemente, primero para explicar que iba a ser un show largo (casi dos horas de duración) en el cual con su banda repasarían viejas, muy viejas y nuevas canciones, estas últimas las que pertenecen a su más reciente disco: Get up, que contó con la producción de Jeff Lynne, capo de la Electric Light Orchestra. De hecho la apertura  del show fue rockeando con una de sus nuevas canciones Do what you gotta do (algo así como Haz lo que tengas que hacer). Y eso fue lo que hizo el canadiense, hacer lo que tenía que hacer, respaldado por una banda en formato de quinteto con músicos muy eficaces, especialmente su primera guitarra Keith Scott a quien Bryan otorga buena parte de protagonismo durante toda la función, y aquel responde con solos de alto voltaje eléctrico para luego pasar con la misma destreza al sonido de las cuerdas de nylon de una guitarra española en la canción Have you ever really loved a woman, motivo de la película Don Juan de Marco. Ambos momentos, el de los rockanroles épicos y el de las universales baladas de amor, son recibidos con idéntico entusiasmo por una platea absolutamente colmada y en éxtasis. Pero la primera gran ovación se experimentó con Heaven en una notable versión que hizo enmudecer a una multitud por demás bulliciosa esa noche. Era una de las canciones más esperadas, aunque no la única.  En clave eléctrica descollaron momentos como Run to you, Kids wanna rock y Summer of ‘69, todas pertenecientes a Reckless (1984), álbum fundamental en su carrera y el más revisitado en esta nueva gira que lleva por nombre Get Up Tour 2017.

Pero los momentos brillantes abundaron en un show que no conoció altibajos. En especial cuando aparecieron números como It’s only love y Somebody (otras dos de Reckless), Here i am y (Every thing i do) I do it fot you.
Esta presentación, que fue la segunda en nueve años en la capital cordobesa y tiene un deslumbrante desarrollo visual desde la pantalla de alta definición que contrasta con la sobriedad del vestuario de los músicos (todos de impecable blazer negro, camisa blanca y jeans), prevé instancias claves, como cuando Adams invita a una de las tantas chicas que colmaron en mayoría el domo a bailar la siguiente canción. Con ojo clínico detectó en la zona media de la platea baja a una morocha de remera negra y la seleccionó para para bailar el sugerente blues  If you wanna be bad.  Los movimientos de Lorena Sotomayor (36), cordobesa sobre quien recayó la elección, fueron tan sensuales y perfectos que provocaron el asombro del cantante que con una mirada cómplice a sus músicos solo atinó a decir: “Oh my Godness… I love Córdoba!” (“Oh Dios mío… Amo Córdoba!”). Lorena, que en efecto es cantante y bailarina profesional, meciéndose al pie de su butaca se llevó la admiración de todos y la remera oficial de la gira entregada por un asistente. Cumplió un gran sueño, pero a pesar que insistió no hubo caso, no pudo alcanzar su mayor anhelo de subir a cantar un tema con su ídolo de toda la vida.  
Con la promesa de que no volverían a pasar otros nueve años para una nueva visita, Adams dejaba en claro que esta segunda pasada por Córdoba fue mucho más trascendente para los fanáticos y para el artista que aquella del 2008, en el mismo mes y estadio. Fue entonces que se entregó a una serie de bises con banda completa primero presentando Brand new day, de la nueva cosecha, y un final solista entonando con su guitarrón acústico el clásico All for love bajo un impactante cielo interior, estrellado por miles de pantallas de teléfono celular. Todos para uno y todo por el amor.

martes, 18 de abril de 2017

La Falda Rock 2017: Que placer verte otra vez

Ciro y Los Persas (Gabriel Hamie)
Luego de 15 años de inactividad La Falda Rock volvió a ocupar su lugar. Una impecable organización, las sobresalientes performances de Ciro, No Te Va Gustar y la consagratoria presentación de Guasones, entre lo más destacado.   

Por Néstor Pousa (informe especial)

Expectativa es la palabra que mejor definía el estado que teníamos en las horas previas de empezar la nueva edición 2017 de La Falda Rock, la primera en quince años de inactividad desde la última realizada en setiembre de 2002. Tal vez por eso el viernes 14 de abril, durante la primera de las dos jornadas se advertía una tensa calma, sabiendo que todos los aspectos organizativos se habían cuidado al detalle para que nada fallara, no obstante lo cual en grandes eventos siempre existe una cuota de incertidumbre. Con una puntualidad inédita, que no se practicó en anteriores ediciones de este mismo ciclo, el regreso de La Falda Rock comenzó tal como estaba programado a las 18:30 con M.A.G.M.A. representantes faldenses con un amplio curriculum que les significó integrar la grilla como una de las dos bandas invitadas por La Falda. Cultores del rock pesado eligieron para romper el hielo un tema con un título significativo: Atenete a las consecuencias. Con simbolismos grandilocuentes propios del heavy metal, inauguraban con orgullo la edición advirtiendo que el “monstruo” estaba despertando una vez más. Estrenaron un tema con letra modificada alusiva al festival y su regreso, y cerraron con un clásico irremplazable: Itinerante. Lo Funebrero de Santa Fe, la banda que los sucedió, si bien surgieron del certamen Pre La Falda ya tienen el carácter necesario para jugar en primera. A su estilo que mezcla lo musical con lo actoral, la murga, la tarantela, el ska, entre mucho otros ingredientes, solo le estaría faltando un par de buenos hits. Los Pérez García fueron toda una novedad para Córdoba aunque lleven varios años de carrera. Con su nuevo manager, el experimentado Cristian Merchot, en breve van a explotar nos soplaron, mientras tanto se escucharon canciones como Más fuerte, más alto, más lejos, de su más reciente disco y otras como Bienvenida de soltero. Los rosarinos Cielo Razzo lograron convocar un considerable número de fans que sintonizan con su propuesta de características difíciles de definir. Funcionaron a la perfección con hits nuevos (Ventana, una gran canción) y no tan nuevos (Luna). Todo lo ante escrito funcionó como previa a lo que sería el gran show de la noche protagonizado por Ciro y Los Persas, el artista convocante de la jornada. El ex Piojo no se guardó nada, su show desplegó todos los recursos que muestra en cada presentación. No faltó ni Nalbandian en la platea, el extenista es un confesó e incansable seguidor del jefe de Los Persas.
Dos cosas no dejan de sorprender en Ciro: su entrega infatigable durante las casi dos horas y media de show y que su repertorio solista, que ya anotó 3 discos de estudio y uno en vivo, convive a la perfección con los clásicos de Los Piojos a los que recurre. Ambos materiales son recibidos y festejados con la misma efusividad. Su participación fue lo que se esperaba y estuvo a la altura de la mejor historia de este festival. Un privilegio para sus seguidores poder verlo a escala teatro, tan distinto a las habituales enormes superficies que transita. El que se lo perdió se embromó.

NTVG (Gabriel Hamie)
Sábado de gloria. Si la primera jornada cumplió las expectativas, durante la segunda quizás y al haberse despejado las dudas, todo funciono mejor, desde el sonido y demás rubros técnicos (irreprochables), hasta la grilla diseñada en espejo con la jornada precedente. Es por eso que a las 19:00 en punto (se movió media hora toda la programación) el turno de apertura fue para Mil Nombres, trío faldense que bucea en las raíces del rock progresivo y sigue la línea de bandas como Divididos. Con sus 20 minutos bien aprovechados, abrieron con Huir y cerraron con Rock en el tocador, dos de los números que integrarán su disco debut. Pergamino, banda de Córdoba ganadora de la segunda plaza del certamen previo, ganó ese privilegio gracias a su gran poder de convocatoria. Si bien mostraron material propio, el mayor agite lo lograron con pasajes por Pescado Rabioso (Me gusta ese tajo) y Los Redondos (Todo un palo). Hasta ahí lo artístico había transitado por carriles de normalidad, pero tuvo que llegar Boom Boom Kid para patear el tablero de la cordura. El ex Fun People fue una terrible inyección de punk rock adrenalínico que dejó boquiabiertos a más de uno. Como es su costumbre, y aunque sin mar a la vista, peló su infaltable tabla de surf para barrenar por sobre las cabezas del público y se despidió con un adelanto de las sesenta ¡60 canciones! que promete grabar y editar este año. En diálogo con la prensa acreditada (fue el único que concedió entrevistas durante la segunda fecha) dejó un concepto interesante: “Me gusta el Festival de La Falda porque aquí no hay ghettos, el público escucha toda la variedad de propuestas musicales que se le ofrecen”, afirmaba con lucidez el cantante en sala de prensa mientras desde el escenario llegaban los primeros acordes de uno de los mejores shows que tuvo este capítulo.

Guasones (Gabriel Hamie)
Los Reyes de la noche. Con Como un lobo Guasones inauguraba su primera participación en La Falda (la mayoría de los artistas eran debutantes en esta plaza). Los comandados por Facundo Soto (voz y guitarra) entregaron un show contundente que no dio respiro, aunque tampoco nadie lo pidió. Si Ciro y NTVG fueron los artistas convocantes, Guasones fue la gran consagración que tuvo el regreso del festival rockero con más historia del país. Con su estilo a la Heartbreaker (el combo que respalda a Tom Petty) de guitarras slide, punteos refinados, variedad de recursos, estribillos punzantes y un líder que la rockea sin demasiadas vueltas, Guasones desparramó una seguidilla de hits: Farmacia, Tan distintos, Pasan las horas, Me estás tratando mal, Heaven or hell, Canción para un amigo (un estreno), Infierno blanco, Reyes de la noche, Gracias y Dame. “Recién ahora nos están entendiendo en Córdoba”, afirmaba su manager detrás de escena. Puede que esté en lo cierto, pero sin dudas están pasando por su mejor momento.
Así, la segunda y última noche de la recuperación del Festival de Rock que hizo historia en la música popular argentina en los últimos 40 años, estaba llegando a su fin. No lo digo yo, sino el público que asistió, los periodistas que realizaron una cobertura responsable y hasta los detractores que este ciclo siempre tuvo, tiene y tendrá; todos y cada uno coincidieron en que fue un evento perfectamente organizado en todas sus áreas, con una grilla de artistas que sería ridículo cuestionar. Quedará en la columna del debe un par de ítems: desentrañar los motivos de por qué la convocatoria estuvo un poco por debajo de lo esperado y revisar la posibilidad de invitar algún músico “histórico” que linkee con la leyenda que el encuentro serrano posee.

¡Boom Boom Kid! (Gabriel Hamie)
Por lo demás el final de la noche se aproximaba sin histerias, en un backstage en donde todo fluía con tranquilidad y No Te Va Gustar, los uruguayos encargados de poner el broche, estaban prontos para hacerse cargo de la responsabilidad asignada. A Emiliano Brancciari y su big band charrúa no le tiembla el pulso en estos menesteres, canciones no le faltan. Al mejor estilo de Ciro y los suyos, nunca miraron el reloj y se mandaron con una performance muy extensa que se aproximó a las dos horas y media. Repasos los hubo de todos los discos, y con esa posibilidad que solo tienen las bandas en estado de gracia, adelantaron los dos cortes del nuevo álbum que el mes que viene estará en las disquerías. Lo notable es que esas canciones, el rock lento Para cuando me muera y la balada Prendido fuego, que por ahora solo están editados en plataformas digitales, ya se codean con los hits firmes de los “Note”, una lista interminable que incluyó: Cero a la izquierda, Fuera de control, Llueve tranquilo, Al vacío, A las 9, Sin pena ni gloria, Memorias del olvido, Ese maldito momento (“Si lo ven a Ulises Bueno agradézcanle por cantar esta canción”, encargó Brancciari), Clara, Rata, Chau, Tan lejos (con Facundo Soto de Guasones, banda amiga con la que supieron compartir giras), Verte reír, No hay dolor, y una larga nómina que se extendió a 32 canciones para un  apoteósico final de fiesta. 
Esa noche me volví caminando a mi casa, masticando en soledad una pregunta que me inquietaba. Es la pregunta del millón de pesos, pero la voy a dejar en suspenso para una próxima nota. 

Fotos: Gabriel Hamie

miércoles, 12 de abril de 2017

La Falda homenajea al Flaco

Spinetta en La Falda '83 (Lucía Seguí)
Con la imposición de su nombre a una de sus calles, la ciudad rinde tributo a uno de los músicos más influyentes de Argentina. Aquí un repaso de sus visitas a La Falda.

CALLE LUIS A. SPINETTA

Por Néstor Pousa

A cinco años de la muerte de Luis Alberto Spinetta La Falda se suma a un sinnúmero de homenajes en su memoria con la imposición de su nombre a una de las calles de la ciudad. No es extraño que esto suceda ya que el autor de Muchacha, ojos de papel tuvo un vínculo con esta plaza que excedió lo medianamente normal, con una cifra record de actuaciones para una ciudad del interior. 
La relación de Spinetta con La Falda fue muy pródiga y se basó fundamentalmente en su participación en el Festival Argentino de Música Contemporánea, nombre que luego mutaría al más compacto de La Falda Rock que hoy marcha hacia su tercera resurrección. Al margen de las denominaciones podríamos asegurar que el Flaco tuvo asistencia (casi) perfecta, concurriendo a ocho de las diez ediciones que el ciclo resistió a pie firme contra los embates de la incomprensión. Las dos ausencias (1980 y 1982) las compensó con dos magníficas presentaciones solistas en El Cantautor ‘89, un proyecto no demasiado conocido que se realizó en el hoy lamentablemente malogrado Cine Teatro Gran Rex de la misma ciudad.
El debut de Spinetta en La Falda no podía haber sido más auspicioso. Se produjo el domingo 15 de febrero de 1981 en la segunda edición del festival y con Almendra (versión reunión) en el cierre de una extensa gira nacional de dos meses y medio con la que presentaban El Valle Interior, que editado en 1980 fue el último álbum de estudio de aquella banda pionera. Esa noche bajo los efectos de una leve aunque pertinaz llovizna el cuarteto entregaría un menú de clásicos y novedades. Aseguraron que fue la primera y última vez que tocarían con un músico invitado en vivo: eso ocurrió cuando Rubén Rada sumó sus tambores y su pulso candombero en el tema Mestizo.
Luis regresaría sucesivamente en 1983 y 1984 al frente de Spinetta Jade, colectivo de geniales músicos audicionados y fichados personalmente por Luis y su exigente oído. El combo que históricamente presentaba un dibujo de quinteto, para finales de 1982 y principios de 1983 se había transformado en cuarteto al abandonar la formación el tecladista Diego Rapoport. Y en 1984 con el ingreso Lito Epumer en guitarra se normalizaría el formato de cinco integrantes.

Acusticazos. Los dos años subsiguientes podrían clasificarse como acusticazos en solitario. En 1985, tras la partida de Mario Luna factótum del festival, la municipalidad local montó una edición de emergencia de una sola noche, el sábado 2 de marzo. Spinetta, ya sin Jade, asistió solo, acompañándose con su guitarra en un formato intimista que no dejó demasiadas huellas documentales en sus discos (Kamikaze sería lo más aproximado). Fue un auténtico privilegio para la ciudad poder ver al creador a solas con su obra.
Esa circunstancia se repetiría al año siguiente en una edición muchísimo más ambiciosa de cuatro noches con las bandas más representativas de la década. En ese novedoso y fulgurante contexto a Luis le bastó su guitarrón Ovation para pre-estrenar las baladas de Privé, su opus de 1986.
La siguiente instancia se inscribe como un acto fallido. Durante la fatídica edición de 1987 Spinetta-Páez estaban prestos a mostrar su muy elogiado trabajo en conjunto, el disco doble titulado La la la, pero la pésima organización concluyó con la suspensión de la tercera y última noche (domingo 8 de febrero), en la cual también iban a presentar credenciales por primera vez en La Falda Luca Prodan y Sumo. Los graves incidentes ocurridos provocarían además la desactivación virtualmente definitiva del evento luego de ocho capítulos consecutivos.

Spinetta en El Cantautor (Ricardo Sisti)
El Cantautor y La Falda Rock. Decir Spinetta “en La Falda” no es lo mismo que decir “en el regazo”, pero si alguna vez estuvo esa sensación de contención y cobijo, ocurrió en el verano de 1989. El BB Muñoz, músico folk devenido en productor, había sido tentado para organizar un ciclo sucedáneo al suspendido festival, que no demandase demasiada logística y sin potenciales conflictos. Así surgió El Cantautor ‘89, con debut y despedida en la misma temporada. El Cantautor proponía el encuentro en directo del autor e intérprete con su público, con una programación envidiable y una seguidilla irrepetible de 46 noches de conciertos durante enero y febrero. Luis estuvo programado el domingo 22 y lunes 23 de enero (“Fueron no menos de quince reuniones con él para poder convencerlo”, revelaba por entonces el BB Muñoz), por lo que empezó a festejar su cumpleaños número 39 en La Falda.
Restan reseñar dos visitas más de LAS para esta crónica, las que ocurrieron a períodos regulares en los amaneceres de las décadas subsiguientes. La de 1992 fue durante el primer renacimiento del festival con la vuelta de Mario Luna en el rol de organizador y productor. Mario para intentar restañar heridas citó, entre otras figuras, al Flaco, que aprovechaba para apadrinar a unos todavía adolescentes Illya Kuryaki and The Valderramas.  
Diez años después se concretaría la última actuación de Spinetta en La Falda. José Palazzo y Perro Emaides, fundadores en 2001 del Cosquín Rock, tomaban el control del trascendental ciclo serrano que en su décimo capítulo estrenaba su actual denominación: La Falda Rock. Corría septiembre de 2002 y los productores imaginaron una noche dedicada a los nombres clásicos del género y Luis no quiso estar ausente. Todos esperaban de él un repaso antológico que sintonizara con el perfil celebratorio que se le intentó imprimir a la fecha. Demorando esa pretensión (hubo que esperar hasta Las Bandas Eternas para eso) se concentró en un repertorio más actualizado. “Que La Falda siga siendo un lugar de Paz, Amor y Música”, fue su saludo final de buen augurio antes de pisar por última vez suelo faldense.

miércoles, 5 de abril de 2017

La Falda Rock: historia de un regreso

Ciro, figura clave de LFR'17
A 30 años de la fatídica noche que selló su suerte y a 15 del segundo intento de resurrección, el legendario festival vuelve a dar señales de vida. Será los días 14 y 15 de abril en el lugar  de siempre. Ciro y NTVG figuran como nombres convocantes.

Por Néstor Pousa

En la antesala de la tercera resurrección del festival más importante de la música rock en Argentina vale repasar la cronología de los hechos. Estoy seguro que más de un lector en la primera línea de este texto habrá pensado en lo exagerado de mi afirmación: el festival más importante de la música rock en Argentina, pero es que si analizamos el contexto y los sucesos que ocurrieron durante el mismo, con objetividad, sin pasiones, llegaríamos todos a la misma conclusión. Un evento que en 37 años de vida totalizó la exigua suma de 10 ediciones, pero que sin embargo todo el mundillo de la música, y hasta algunos que no son del palo, conocen y hablan de él.
Este nuevo renacimiento comenzó a escribirse un año y medio atrás, cuando Cristina Nieto como nueva Presidenta del Club Atlético La Falda me llama para contarme que por una nota firmada por mí que habían leído en el semanario Ecos de Punilla se les había ocurrido reflotar el festival. Hubo entonces una reunión inicial a la que fue invitado Matías Cibin, nacido y criado en La Falda, que hoy desarrolla una intensa actividad en producciones de espectáculos, básicamente de rock, en la ciudad Córdoba. Cibin ya había ensayado en su ciudad natal aunque con suerte diversa, pero nunca se acobardó. Programó a Attaque 77 y perdió, mucho más adelante se recompuso con No Te Va Gustar y Divididos. Estas dos fechas operaron como un tester para ver cómo reaccionaban en la actualidad todos los componentes que rodean a un concierto de rock a gran escala en la ciudad que alguna vez renegó de uno de sus dos festivales que le garantizaron trascendencia nacional e internacional.    
Los globos de ensayo arrojaron resultados alentadores y así las reuniones continuaron sucediéndose, ahora con el intendente municipal Cacho Arduh y su equipo, algunas veces de incógnito como si se tratara de la jabonería de Vieytes en plena era posmoderna, pero no había demasiados indicios de que el humo blanco surgiera.

NTVG,  cerrarán la nueva edición
A fines del año pasado me aprestaba a presentar en la ciudad de Córdoba La Falda en tiempo de Rock, segunda edición del libro en el que documenté la historia del Festival de Rock creado por Mario Luna en el verano de 1980. Entonces Matías Cibin me cita en un bar y me propone anunciar durante la presentación la nueva edición para los días 14 y 15 de abril de 2017. La gráfica ya estaba lista e incluso parte del merchandising. Sin dudarlo le dije que sí, aunque debo admitir que no salía de mi asombro. A Cibin lo note absolutamente decidido, y con los pulgares arriba de parte de las autoridades municipales, estaba lanzado en bajada y sin frenos.
Un par de días antes de la presentación del libro, en donde el anuncio del regreso del ciclo venía envuelto en misterio, un mail que se viralizó por error estropeó la sorpresa pero provocó una ola imparable, una ola positiva de repercusión en los medios más importantes. Fue un suceso de enorme impacto publicitario que se multiplicó en manifestaciones de alegría de parte de mucha gente que a esta altura no se esperaba semejante noticia.
Pero como a toda acción le sigue una reacción, los comentarios desalentadores no tardaron en hacerse oír…  Se cuestionó la fecha por ser coincidente con Semana Santa, sin advertir que todos los grandes eventos se realizan en temporada alta o en fines de semana extendidos para favorecer a los potenciales asistentes. No quedan otras fechas disponibles que no sea la antedicha, que además fue la elegida para un show de Divididos en marzo del año pasado y que, paradójicamente, no generó ninguna polémica. ¿Entonces, por qué al festival ahora se lo objeta? Es un dato, al menos, curioso.
El otro absurdo es cuestionar la programación por no estar acorde con la historia del legendario ciclo. Pues bien, aun reconociendo que sería posible y necesario un toque vintage, lo cierto es que los pioneros que escribieron esta fascinante historia, por más que muchos continúan activos, no generan salvo contadas excepciones la convocatoria masiva de 35 años atrás. Personalmente apuesto a una prolongación del ciclo que en próximas ediciones se anime a contratar e intercalar entre los nombres que hoy llenan las gradas a nombres que prestigien el ciclo por su trayectoria. Una vez que este tercer intento se consolide, la presencia de aquellos nombres que hoy muchos añoran y reclaman no será una materia pendiente, ni mucho menos imposible. 

Mil Nombres (La Falda)
Mientras tanto la edición número once de La Falda Rock (según su nueva denominación) producido por Matías Cibin (XL Abasto, Cba.) asociado con Cristian Merchot (Pirca Producciones, Bs. As.) y el auspicio de la Municipalidad de La Falda, nos permitirá ver a Ciro y Los Persas a escala teatro, algo imposible de conseguir en otra plaza por tratarse de un artista que llena estadios y que ademas viene a presentar su flamante tercer disco de estudio (Naranja persa, 2016). En la segunda de las dos jornadas el número convocante será No Te Va Gustar, los uruguayos se encuentran cerrando la gira de su más reciente álbum. La atractiva grilla se completará con el rock elegante de Guasones y las canciones de Los Pérez García. Rosario estará representada por Cielo Razzo. Y quien seguro la va a romper es Boom Boom Kid.  
El certamen nacional Pre La Falda arrojó dos nombres que se ganaron el privilegio de acceder al escenario del auditorio municipal faldense y son: Lo Funebrero de Santa Fe y Pergamino de Córdoba capital. Mientras que La Falda aportará a la cartelera los nombres de M.A.G.M.A. y Mil Nombres. Todo está listo para que funcione, resta saber si estaremos a la altura de la historia.

La Falda Rock 2017 - Grilla
Viernes 14 de abril: Ciro y Los Persas - Cielo Razzo - Los Pérez García - Lo Funebrero (Santa Fe) - M.A.G.M.A. (La Falda)
Sábado 15 de abril: No Te Va Gustar - Guasones - Boom Boom Kid - Pergamino (Córdoba) - Mil Nombres (La Falda)
Lugar: Auditorio Municipal Carlos Gardel (La Falda)
Horario: puertas abren 17:00 hs


martes, 28 de febrero de 2017

#CR17: Nos vamos poniendo retro

LFC / Foto: Facundo Pousa
Con cierres de Ciro y La Beriso, el debut absoluto de Los Fabulosos Cadillacs y un exitoso escenario conmemorativo de "50 años de Rock Nacional", transcurrió una nueva edición del titánico ciclo.

COBERTURA COSQUIN ROCK

Por Néstor Pousa

La edición que acaba de finalizar del Festival Cosquín Rock será recordada como una de las más ambiciosas en tiempos difíciles, pero se recordará también como la más retro de un ciclo que siempre se especializó en mostrar lo más novedoso de la escena nacional. Esta aseveración no solamente se sustenta en la programación del Escenario Temático (el segundo en magnitud montado en el aeródromo de Santa María de Punilla), dedicado este año a la celebración de los 50 años de Rock Nacional, con figuras históricas de todas las décadas, sino también se fundamenta en la inclusión de bandas que redondeaban aniversarios, como Los Pericos y los uruguayos de La Vela Puerca. Hubo referencias a bandas muy influyentes como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y Sumo, regresos de Los Violadores, Los Guarros y un homenaje a Juanse, ex líder de Ratones Paranoicos.
¿Podría asegurarse entonces que esta fue una puesta deliberadamente retro? Quien responde es el factótum del titánico festival, José Palazzo: “Un día charlando con (el periodista) Víctor Pintos me dijo ‘Sabías que son los 50 años de rock nacional’. Entonces empecé a llamar a los músicos, llamo a Javier Martínez al celular que me dice: ¿Palazzo?, sí, como andás, ¿me vas a invitar al Cosquín después de 17 años que nunca me llamaste?, y me dio mucha vergüenza que nunca había invitado a un Manal. Pero bueno, son esas cosas. Y los llamé personalmente a cada uno y después recién me contacté con sus managers y así se empezó a armar esta bola”, se expresa el productor, que admite ante la pregunta del cronista que esta edición tuvo una “pincelada retro”.   

Pil Trafa / Foto: Facundo Pousa
La edición número 17 del Cosquín Rock contó con siete escenarios/espacios para las manifestaciones musicales y sus variedades, desde el originario y de mayor magnitud Escenario Principal hasta la más modesta pero rendidora Casita del Blues. Entre todos sumaron la friolera de casi 180 bandas. ¿Habrá algún humano normal capaz de asimilar tanta información? Lo dudo, pero si así fuera no es el caso de este cronista que se tuvo que conformar (nótese la maradoniana tercera persona utilizada) con movilizare en busca de lo más interesante. Movilizarse es un término válido para el primer día, que al tercero y merced del cansancio y el barro formado tras la lluvia caída, ya se convirtió en arrastrar el cuerpo físico con lo que quedaba de energía, para cruzar una y otra vez ese imponente predio de 900 hectáreas. Siempre digo que el periodismo de rock es un sacerdocio (no demasiado bien remunerado) y en Cosquín Rock te otorgan el post grado.

La jornada sabatina tuvo una particularidad. Cerraban el principal de esa primera noche (25/02) el tándem rockero de Guasones y Ciro y Los Persas, un hecho que por fin pudo develar la incógnita de dos de las bandas que animarán el regreso de La Falda Rock 2017, el próximo 14 y 15 de abril. Fue también el día elegido por las huestes del heavy metal, ya que por el temático transitaron Malón, Exiter, Carajo, Horcas, Viticus, Lovorne y muchos más.
Skay 

El domingo 26 ese mismo espacio nos esperaba con reggae y un atractivo programa en el principal que puntualmente a las 17:40 era abordado por Jóvenes Pordioseros con Toti Iglesias, uno de los más carismáticos frontman del rock criollo. Los Caligaris daban la bienvenida a propios y extraños por considerarse anfitriones del evento. Entre el público de primera línea no quedó remera sin teñir cuando desparramaron pintura y globos, como tampoco durante su set quedó nadie sin bailar. Seguían Los Cafres efectivos como siempre, La Vela Puerca festejando 20 años de escenarios, repasando discografía, pero poniendo énfasis en A contraluz, su fundamental disco fechado en 2004. Skay desplegó todo su oficio al frente de una banda muy efectiva y un repertorio a veces enigmático y en otras explosivo. Es inevitable, cuando repasa, a su modo, canciones de Los Redondos (por caso El pibe de los astilleros y la infaltable Ji ji ji) el pogo explota. Aunque justo es reconocer que, de la etapa solista, Oda a la sin nombre también da la talla de hit. Impecable lo del guitarrista que se salteó la edición anterior, demora que hizo más esperado este “regreso”.

Los genios del dub. El cierre del domingo fue el debut de una de las bandas más esperadas en este ciclo: Los Fabulosos Cadillacs. “Tenían muchas reticencias de venir a tocar al festival. Nunca me voy a olvidar que Gustavo Cerati nunca quiso venir al festival porque tenía temor por el público ¡mirá que boludez, le hubiera ido bárbaro! Eran otras épocas, también. Y los Cadillacs tenían ese pequeño temor, sin embargo se despejaron todas las dudas”, nos revelaba Palazzo. Y fue así, el show de los comandados por Vicentico y Sr. Flavio ofrecieron un show demoledor con todos sus éxitos, mezclados con algunos momentos de su obra más reciente, el disco conceptual La salvación de Solo y Juan, facturado en 2016. Con el regreso del polémico Sergio Rotman (alguna vez manifestó que no volvería a LFC ni aunque fuera la última banda del mundo), más el fichaje de Florian Fernández Capello (sobrio), hijo del cantante, en guitarra y Astor Cianciarulo (a la Kurt Cobain) en batería y bajo; repasaron durante casi dos horas clásicos disfrutables hasta para un no iniciado en la historia de la banda. Demasiada presión, El genio del dub, Manuel Santillán, Calaveras y diablitos, Siguiendo la luna, Carmela, Mal bicho, Carnaval toda la vida, Matador, Vasos vacíos y Satánico Dr. Cadillac, hicieron mecer y bailar hasta las piedras. De los estrenos, El fantasma, La Tormenta y El Profesor Galindez, ya se perfilan como clásicos. La primera palabra que se me ocurre es respeto, por una banda que por trayectoria, repertorio y rendimiento se ganó merecidamente su estatus actual.  

Javier Martínez / Foto: Facundo Pousa
Esta historia no ha terminado. La expectativa que generaba la tercera y última jornada fue puesta en stand by por un chaparrón de verano de esos que a priori no sabés si te van a arruinar la fiesta o se replegarán a cambio de un sol abrazador y una humedad insoportable. Por suerte ocurrió el mal menor, dejando un par de secuelas, una incómoda alfombra de barro y que ya nos habíamos perdido el inicio de una grilla que respeta a rajatabla los horarios, aun cuando los primeros artistas, a causa del diluvio, toquen sólo para los técnicos. Así, mientras en el principal Palo Pandolfo y La Hermandad invocaban a febo, en el atractivo escenario “50 años de Rock Nacional”, ya habían culminado los debuts del Golo Cavoti con su banda, la que alista en guitarra a Gonzalo Viñas; y Alejandro Medina, bajista y el primer ex Manal de la tarde.
Fue entonces que apareció Javier Martínez, poeta urbano, autor de las más certeras letras de blues local y baterista del legendario trío Manal. Hombre de reconocido carácter (las diferencias con su ex compañero de banda siguen intactas) despotricó por el poco tiempo que le asignaron. “Espero volver para hacer un show de 2 horas”, se quejó, pero antes repasó a modo de jam sessions páginas gloriosas: No pibe, Una casa con diez pinos, Jugo de tomate, para el primer delirio de una larga jornada.
Lo sucedió Ricardo Soulé que alternó clásicos de Vox Dei con temas de reciente producción con La Bestia Emplumada, la banda que lo respalda. De singular atuendo para un concierto de rock, Soulé alcanzó picos de emoción con Jeremías, Ritmo y blues con armónica y el Génesis. A esa misma hora, 900 metros hacia el norte, pisaba el escenario principal Carl Palmer, baterista de Emerson, Lake & Palmer, emblemática banda de sinfo-rock progresivo, un verdadero lujo de esta edición.

Cada día más loca (a confesión de partes) irrumpió Celeste Carballo y volamos al principal a presenciar el regreso de Los Guarros modelo 2017. A esa altura de la tarde ya se notaba una mayor convocatoria en el segundo escenario, mientras que en las carpas, el hangar y en La Casita del Blues (esa noche tocaba Botafogo) el deambular de gente era incesante. Nadie quería desaprovechar nada de la variada y amplísima oferta.
Mientras el Principal recibía el punk de Los Violadores en el otro extremo Fabi Cantilo, encantadora como siempre, y Fito Páez, mucho menos áspero que en otras visitas, se mandaban el tándem de mayor convocatoria. Fue cuando el temático se devoró al principal, en convocatoria de gente, en euforia y, por qué no, en calidad artística. Fabi concedió clásicos de Rock Nacional a la manera de Inconsciente colectivo y En la vereda del sol (sus álbumes de versiones) y Fito un set tremendamente rockero con joyas como: Gente sin swing, Al lado del camino, Polaroid de locura ordinaria y su versión noise de Ciudad de pobres corazones. Todos coincidían: el rosarino fue lo mejor de toda la jornada.   
David Lebón 
Aznar calmó las aguas pero con alto vuelo. Promediando su show se despachó con un set de baladas al piano, pero cerró pisando fuerte con Quebrado, El rey lloró (de Nebbia) y Fotos de Tokio. Parecía que no quedaba más nada por ver y apareció con su paso lento David Lebón con nuevas canciones por mostrar y un quinteto que además del infaltable Negro Colombres en batería, sumó a Daniel Ferrón (4° Espacio y Los Amigo) en las cuatro cuerdas. ¿A alguien le queda alguna duda que el Ruso es el mejor guitarrista de rock y blues del país? Debieron estar ahí para comprobarlo, cada vez que despacha uno de sus solos en páginas gloriosas como Esperando nacer, Hola dulce viento (Pescado Rabioso) “Spinetta me permitió grabarla en su disco”, agradeció una vez más; y siguieron En la vereda del sol (García-Lebón), Parado en el medio de la vida, San Francisco y el lobo, Copado por el diablo, Mundo agradable, una emotiva versión de Seminare y el esperado cierre con Suéltate Rock & Roll (no hay frase más rockera que esa que afirma: “Ajusten cinturones, que vamos a volar muy pronto de estos rincones”). Del nuevo material se escucharon Juntos, Último viaje, Encuentro supremo y Latin rumba. Con un recital categórico y de muy buen humor, Lebón aventó opacos recuerdos de anteriores presentaciones en este festival malogradas por las altas temperaturas de los horarios vespertinos.

Con saldo a favor #CR17 se desvanecía en la madrugada del martes de carnaval con La Beriso copando el principal y en frente Los Twist de Pipo Cipolatti con su música dislocada cargada de mensajes cifrados hoy ya develados. Para entonces la mayoría del público, cual aves migratorias, habían cambiado de escenario. Era una lucha de David contra Goliat tan propia de estos mega-eventos.      

Fotos: Facundo Pousa

lunes, 6 de febrero de 2017

IKV y Turf armaron su fiesta personal

Dante & Emma (IKV)
La segunda fecha de la gira de conciertos de verano auspiciado por la compañía de telefonía móvil tuvo como protagonistas a IKV y Turf, además de las bandas soporte Los Mentidores y Superclásico.

PERSONAL FEST VERANO '17

Por Néstor Pousa

Con un show demoledor los Illya Kuryaki cerraron, el sábado 4 de febrero pasado, la escala cordobesa del Personal Fest Verano '17 con sede local en la Plaza de la Música, la amenaza de lluvia determinó el cambio de locación que estaba previsto al aire libre y en el Parque de las Naciones.
Finalmente no llovió y la plaza se vio repleta ante una oferta tentadora que antes de los Kuryakis, y para darle formato de festival a la reunión, programó tres bandas más. Como soporte estuvieron Superclásicos y Los Mentidores, esta última un combo de blues que cuenta en sus filas con el productor y bajista José Palazzo (pata local del Personal Fest en cuestiones de organización) acompañado por importantes músicos del blues local como Dani Guardia (voz y guitarra), Ivan Singh (guitarra), Fernando Ormeño (armónica), Franco Ronchetti (voz y guitarra) y Claudio Grimau (batería). 

El inquieto Levinton, voz y guitarra de Turf
A su turno el número de semifondo estuvo cubierto por Turf la banda que integran Joaquín Levinton, Leandro Lopatin, Nicolás Ottavianelli, Fernando Caloia y Carlos Tapia, reunidos desde el año pasado tras un largo parate. Una década es el tiempo que transcurrió desde la última presentación de Turf ante el público de Córdoba, un detalle que el cantante se encargó de remarcar en más de una oportunidad. Por eso era toda una incógnita ver el desempeño de esta banda, y la verdad es que lucieron en muy buena forma, con un show contundente, plagado de sus grandes éxitos, con sus reconocidas arengas anti-monogamia como: No se llama amor o Yo no me quiero casar y ud?; con letras de exaltación hedonista pero a la vez inteligentes como Casanova, Cuatro personalidades, Loco un poco, Pasos al costado y ese baladón que es Magia blanca. Y hasta los temas estreno, Kurt Cobain y La Canción del Supermercado, en la misma línea de las anteriores, fueron recibidas y ya funcionan como verdaderos hits, sin desentonar con el resto. Esas canciones formarán parte de un próximo disco de Turf con producción de Coti Sorokin. Por su parte el público cordobés sintonizó a la perfección con la propuesta de la banda y su inquieto cantante que se metió a los cordobeses en el bolsillo y los soltó cuando a él se le dio la gana. Diez años de no tocar en la segunda plaza más importante del país es mucho tiempo para una banda de rock & roll como Turf. Queremos verlos más seguido por aquí.

Cerca de las 22.30, puntuales y con una impecable puesta de sonido, luces e imagen, aparecieron en escena Dante Spinetta (look urbano: jeans cortados, remera cromática, tenis blancas, bandana que luego descartaría por gorra skater) y Emmanuel Horvilleur (cowboy glam: sombrero, gafas oscuras, chaleco, pantalón de cuero y botas tejanas rojas) y su banda, es decir los Illya Kuryaki and the Valderramas (IKV).
Sabido es que desde su reunión entregaron dos discos con temas estrenos de alta potencia, esos discos son Chances (2012) y L.H.O.N. (La Humanidad o Nosotros, 2016). Vale aclarar que el regreso de IKV no fue solamente para refritar éxitos anejos, sino con la intención de instalar un nuevo material que esté a la altura de lo ya conocido. Por eso la lista de temas para el compromiso en el Personal Fest 2017 rosó la perfección, un acabado balance entre los dos discos mencionados y el repertorio pre-disolución 15 años atrás. De “Chances” eligieron Ula ula, Funky futurista en medley con Yacaré, Helicópteros y Madafaka (con Matías Rada, guitarrista de la banda, cubriendo la parte de Molotov). De L.H.O.N. repasaron: Gallo negro, Hombre libre, Los ángeles (dos puntos altos de un show sin fisuras) y Ritmo mezcal (con anuncio de flamante video clip) pegado a África.
Entre los clásicos no faltaron los muy bailables Jennifer del estero y Coolo. De Chaco, uno de sus discos más célebres y revisitados, se escucharon además del tema epónimo, Abarajame (elegido este año como leit motiv del festival) y ese tremendo “fankazo” que es Jaguar House. Más una sorpresa llamada Da cosmos, “Esta canción es de Versus, disco que está cumpliendo 20 años”, destacó Emma en un arrebato revisionista.
Los IKV entregaron un set mortífero, rayano a la perfección. Ni siquiera el fallo en el equipo de guitarra que fastidió a Dante logró sacar de eje al concierto. Ese momento fue capitalizado por Emma que hizo subir a alguien del público a tocar percusión con ellos y así cubrir el bache. Fue una humorada a la cordobesa que quedó simpática.
Fluyendo con convicción cuando abordan el funk y el soul, y arrolladores cuando se ponen a rapear, los IKV repasaron historia y presente en un concierto memorable para un ciclo, el Personal Fest Verano '17, que ya es un clásico dentro de la ancha e inabarcable oferta festivalera del país. 

Agradecimientos:
Gustavo Arraigada (Relaciones Institucionales y Prensa - Grupo Telecom)
Sebastián Fissore - Tridente (fotos)


viernes, 3 de febrero de 2017

Kapanga: ¿La Falda quiere rock?

Kapanga con el Mono y Maikel en acción
LA FALDA BAJO LAS ESTRELLAS

Por Néstor Pousa

Kapanga de la mano de su frontman Martín Mono Fabio es un compendio de frases ocurrentes y guiños satíricos a otros músicos y otras músicas. Siempre basaron su propuesta y popularidad en ese rasgo único que desarrollaron como ninguna otra banda del rock nacional.  Musicalmente están tipificados como la banda de rock más cuartetera, o la banda de cuarteto más rockera, da igual, donde el bajo marca el tunga-tunga base del estilo cordobés por excelencia, mientras que Miguel de Luna Campos (Maikel) desde su guitarra tira unos riffs incendiarios propios de AC/DC.
Acumulan un repertorio respetable luego de 21 años de trayectoria que, según confiesan, ni ellos mismos pueden creer hasta donde llegaron. Por lo tanto es difícil predecir hacia donde van. Mientras tanto cada concierto desborda en una fiesta.
Los Kapanga, integrando la cartelera de La Falda bajo las estrellas, son de esos artistas que aportan un público propio al ciclo (otras que lo hicieron fueron Los Cafres y Los Pericos, en la temporada pasada), entonces la audiencia no está integrada únicamente por público ocasional que pasaba vio luz y se quedó. Kapanga tuvo la virtud de poner la noche del viernes en “modo festival” por la euforia de los cientos de kapangueros que se llegaron deliberadamente a presenciar el recital con el double-bonus de no tener que desembolsar ni un centavo por el ticket que era libre y gratuito y poder verlos muy de cerca, casi cara a cara. Bondades que ofrece este clásico evento veraniego.

Con todas las condiciones a favor, a excepción del sonido que no estuvo a la altura del espectáculo (increíble, si agregamos el dato de que la consola estuvo operada por el sonidista que viajó con la banda), el Mono y su gente desplegaron sin retacear todo su arsenal discursivo de bufones del rock, parodiando a Led Zeppelin en la intro de Rock, o gastando a Fito Páez con la letra de En el camino; así como simularon ser The Beatles en la portada del disco Un asado en Abbey Road de 1999. Los Kapanga no dejan títere con cabeza y no paran, tiran una tras otra en modo stand-up. Responsablemente advierten que el pogo al pie del escenario puede resultar riesgoso para niños y personas mayores que entonces optan por mirar desde más lejos. El Mono se irrita mal cuando alguien desde abajo acusa que le robaron la billetera. “A esos estúpidos habría que cortarle la mano como en China”, vocifera, y advirtiendo que se estaba pasando de rosca, se rescata: “Sonó re facho lo que dije, pero bueno, ¿no estuvo Hitler aquí”, convirtiendo la arenga anti-punga en una humorada más.

Al catálogo de grandes éxitos que repasaron: Ramón, Desearía, Universal y Fumar, este último con Miki Rodríguez (ex Los Piojos y actualmente viviendo en San Marcos Sierra) en el bajo y Tobías, hijo del Mono, en guitarra eléctrica; le sumaron títulos de Motormusica, su más reciente disco publicado en 2015. Se escucharon: Juntos, en el que toma la posta vocal Maikel; Mis amigos, que fuera grabado junto a Los Auténticos Decadentes, y Motormusica. El tema que titula la placa demuestra que también pueden componer en serio aunque no sean los que el público prefiera a la hora de poguear. Para eso están Me mata y El mono relojero, que aunque con el tiempo perdió su efecto contestatario (ya nadie se va a dormir a las 3 a.m. porque a algún gobernador de turno se le ocurra) sigue operando como un hit infalible.
“¿La Falda quiere rock?...”, espetó el Mono en el inicio del show. ¡Qué buena pregunta, Martín!... a solo dos meses y medio del regreso del célebre festival faldense.   

Fotos: Gabriel Hamie   

jueves, 2 de febrero de 2017

Contramano con Simmons, de lo mejor del ciclo

LA FALDA BAJO LAS ESTRELLAS

Por Néstor Pousa

Mauricio Martínez, guitarra y arreglos del Contramano Trío, pero además una especie de MC (Master of Ceremony) en cada presentación del grupo, se deshizo en elogios para presentar al invitado especial que tenían la noche de su presentación en el ciclo La Falda bajo las estrellas: se trataba del faldense hoy radicado en VCP, Daniel Simmons, a quien llegó a compararlo con Gardel. Más allá del brote de exageración del guitarrista, seguramente producto de su entusiasmo por la sinergia conseguida con el cantor, lo cierto es que Simmons posee un estilo muy personal y en sus dos entradas interpretó y el público aprobó de inmediato, versiones de tangos clásicos como lo son: Por la vuelta, Tinta roja, El último round (de Chico Novarro) y Como dos extraños. “Todos imitamos un poco al Polaco”, declaró alguna vez Cacho Castaña, y es cierto, pero a Simmons no se le nota.
A su turno, el trío en estado puro, el ya mencionado Martínez junto a Rodrigo Della Vedova (piano) y Jeremías Cassi (bajo eléctrico), demostraron que están en el punto justo de maduración del estilo de tango instrumental que intentan imponer. Mostraron versiones sin fisuras de un repertorio definitivamente consolidado, las que se pueden repasar desde su primer disco titulado Bajo Cuerda. Se destacaron con A fuego lento, una exigente partitura del Maestro Horacio Salgán (gran figura inspiradora de Contramano) con la que salieron muy airosos y hasta se permitieron jugar con un invento que bautizaron La Cumbionga, una yuxtaposición de ritmo de milonga con célebres melodías de la cumbia de producción nacional. Una prueba de habilidad para los bailarines (“Está prohibido bailarla como cumbia, porque es una milonga”, sentenció con firmeza Martínez) y también un desafío lúdico para que los escuchas traten de adivinar los títulos escondidos dentro del inesperado mash-up milonguero.

Dos certezas me quedaron de esa noche: que Contramano+Simmons deberían ya estar pensado en un disco en sociedad; y que La Cumbionga tiene que sacar credenciales oficiales en la próxima edición del Festival Nacional del Tango de La Falda. “El tango te espera a los 40, pero a nosotros nos llegó antes”, según Martínez. Y de eso se trata.

Fotos: Gabriel Hamie

miércoles, 25 de enero de 2017

Cosquín Folklore: una historia sin fin

Dino Saluzzi: pura inspiración
La magia de Dino Saluzzi, la chacarera de alto impacto de Horacio Banegas y la empatía de Raly Barrionuevo alumbraron el inicio de la edición 57. El bandoneonista salteño recordó en malos términos su paso por La Falda.

COBERTURA

Por Néstor Pousa

Asombroso e inabarcable este Festival Nacional de Folklore de Cosquín que transita sin sobresaltos su edición número 57, desde aquel 1960 de la inauguración. Un ciclo que escribe sus páginas en la Plaza Próspero Molina, por donde pasan las más variadas expresiones musicales del género. Pero que se magnifica y amplifica en cada uno de sus desprendimientos satélites, muchos de ellos no menos importantes, como el Pre Cosquín para los nuevos valores que se desarrolla en las semanas previas y acumula 46 temporadas; la 51° Feria Nacional de Artesanías y Arte Popular “Augusto Raúl Cortázar” en la plaza San Martín; el 16° Encuentro de Poetas con la Gente, las muestras y talleres culturales y los espectáculos callejeros en la Plaza San Martín y los balnearios; sin olvidar la cantidad de peñas que bullen en cada rincón de la ciudad. Este vasto programa, que se presenta como imposible de cubrir en su totalidad, transforma a este evento en único, en una maquinaria que se fue agigantando año tras año a lo largo de casi seis décadas, gracias al espíritu emprendedor, la convicción y la constancia. Siempre la constancia.

Tras los fuegos de la primera noche de enero, el sempiterno Himno a Cosquín y las evoluciones estéticas del Ballet Camín, el encargado de abrir la edición de este año fue el notable músico salteño Dino Saluzzi, una de esas figuras de nuestra música popular argentina y mundial que brillan por su estrella propia y tan distinta a las demás. No sé si el dato es tan exacto, pero dicen que 30 años nos separan de su última presencia en esa plaza que albergó a tantos músicos del folklore y en algunos casos, estilos afines y no tanto. Treinta años es demasiado tiempo para dejar pasar un artista de la envergadura de Saluzzi, y se me ocurrió pensar en otros que no tuvieron la posibilidad de hacerlo, por ejemplo Luis Alberto Spinetta (en estos días se cumplió un nuevo aniversario de su nacimiento). ¿Cómo puede ser que Spinetta y Cosquín Folklore, o viceversa, nunca hayan confluido en algún momento de sus vidas? Y así tantos otros, pero fueron muchos más los que sí estuvieron, como Dino Saluzzi que un día regreso para ofrecer un concierto apertura de una calidad insuperable acompañado por un quinteto de guitarra, saxo/clarinete, bajo, batería y bandoneón (el suyo), un combo en donde el denominador común es el apellido Saluzzi. Y un repertorio exclusivamente folklórico pero al estilo que sólo el salteño puede abordar, una mezcla de jazz contemporáneo y folklore (jazz&folk) de inimitable factura.
Muy pocas palabras durante la función pronunció el bandoneonista, solamente se manifestó agradecido por el honor de protagonizar la apertura y luego cuando rindió homenaje a Atahualpa Yupanqui y Mario Arnedo Gallo: “Dos monumentos de la historia musical argentina”, diría.

Luna de Primera. En la noche inaugural se esperaba por Orellana-Lucca, que estrenaban su chapa de consagración en la edición anterior, Los Amigos del Chango (tras el legado  de Farías Gómez), José Luis Aguirre (¿Consagración 2017?), Horacio Banegas, ovacionado por sus chacareras de alto impacto auditivo, Luciana Jury, el Ballet Folklórico Nacional, Postales de Provincia (San Juan) y el cierre de Raly Barrionuevo. El nacido en Frías que subió al escenario a las dos de la mañana para cerrar la primera noche, ejerce una atracción diferente a la de otros ídolos. Podría definirse como un fanatismo calmo, sin histerias, ni estridencias, más cercano a la empatía, sin dudas producto de su propia personalidad ensimismada. Igual el tipo sabe cómo entrarle al público de Cosquín, que no es cualquier público, y eligió para empezar su show con Zamba y acuarela y con ese gesto el universo coscoíno ya estaba rendido a sus pies. Siguieron, con la banda, Alma de Rezabaile, Un pájaro canta, El olvidao, El gato del festival, Chacarera del sufrido, La de los angelitos, Luna cautiva y Famatina (acompañado por los Toch), con esa alternancia para bailar y hacer pensar que solo el Raly puede conseguir.
Así como despacharse con una versión extendida de reggae psicodélico en Niña Luna y mandarse con la hiper-rockera y eléctrica Hasta siempre Comandante en la propia cara de los que reniegan de un género que tanto público joven le acercó al folklore.
“Cosquín es una historia que parece no tener fin”, dijo sobre el final, con una parsimonia en la que se intuía algún gesto de cansancio producto, quizás, del vertiginoso ritmo de trabajo estival, pero que de ninguna manera le impidió ofrecer un espectáculo intenso y a la vez emotivo. “Este es el Cosquín que siempre soñamos desde que éramos niños”, concluyó antes de despedirse con Cuarto menguante.

Preso por tocar una zamba. Dino Saluzzi había decidido esquivar la conferencia de prensa con los medios acreditados luego de su elevadísimo show en la primera noche de Cosquín. Entonces el cronista fue en busca de la nota, cruzó al salteño ni bien dejaba el escenario rodeado por un séquito de asistentes, músicos y demás personas. El cronista lo encaró, le estrechó la mano y le recordó una historia de más de tres décadas, la que cuenta de su paso por el Festival Argentino de Música Contemporánea de La Falda de 1981, cuando por una audaz idea de Mario Luna (organizador) fue convocado para integrar la grilla en la misma noche que tocaban Almendra, León Gieco y Rubén Rada, entre otros. "Esos de Almendra son unos hijos de puta, canté una zamba y me metieron en cana, son traidores a la patria", fue la respuesta textual y seca de Saluzzi a este cronista. Una percepción bastante alejada de lo que en realidad sucedió, pero no hubo margen para el debate. No esta vez. Y tal vez nunca lo haya para este músico de 81 años que le cierra creer que fue preso por tocar una zamba.