domingo, 4 de junio de 2017

Pablo Dacal: “Unos ganan, otros pierden, otros cantan”

El músico nacido en Buenos Aires que el próximo 9 de junio se presenta por primera vez en La Falda, explica por qué se considera un trovador y no un cantautor, y asegura que girar es un concepto en sí mismo. Aquí la entrevista previa al show.  

ENTREVISTA

Por Néstor Pousa

La carrera de Pablo Dacal (Buenos Aires, 1976) es tan amplia que sorprende. Como solista publicó cuatro discos entre 2011 y 2016: El Progreso, El corazón es el lugar, Baila sobre fuego y Una década cantada (grabado en vivo en el teatro Margarita Xirgu), además de una serie de discos cortos en forma doméstica e independiente.
Fue guitarrista de la emblemática banda rosarina Coki and The Killer Burritos, entre 1998 y 2001, participando en muchos de sus conciertos y grabando el disco Un millón de dólares
Junto al violoncellista Manuloop fundaron en 2003 la Orquesta de Salón con formación acústica y popular. Se presentaron en gran cantidad de bares y teatros del país durante cinco años y editaron 13 Grandes Éxitos (2005) y La Era del Sonido (2008-2009, España).
Su hoja de servicios es muy extensa y acumula proyectos junto a otros músicos y participaciones en festivales internacionales. Como si esto fuera poco, trabajó como actor y en conducción de programas de radio para Nacional Rock y FM La Tribu.
Antes de su primera presentación faldense, la que forma parte de la gira denominada Un otoño cordobés, nos responde un cuestionario para conocer un poco más de su obra y su historia.

  -¿Cuál es el concepto de esta gira con la cual tenés programado recorrer diez ciudades y localidades de la provincia?
“Es el tercer año en que la realizo y los puntos de encuentro se van expandiendo. Algunas ciudades las visito desde hace muchos años y a otras voy ahora por primera vez. Tengo una larga relación con estas tierras, desde la infancia, muchos amigos, conozco su música y su clima, he pasado aquí largas y preciosas temporadas, compuse y escribí junto a estas sierras en variadas ocasiones. Mi visita en cada región implica un encuentro con todo esto, y aquí mucho más que en otras provincias, por el tiempo y sus afectos. Girar es un concepto en sí mismo, salir a las rutas argentinas. Son momentos muy especiales del año para mí andar trovador. Voy por allí mirando y escucho mientras entro al país, esta Argentina siempre misteriosa. Luego cuento lo que veo, suelto la imaginación y algo se enciende, tarde o temprano.

  -¿La lista de canciones de cada show es calcada, o tenés previstos cambios de acuerdo al lugar y la circunstancia?
“Nunca toco la misma lista en los conciertos solitarios. Es más, no tengo una lista de temas definida. Preparo un repertorio amplio que luego voy recordando en cada encuentro, mientras voy contando las canciones y aventuras. Depende de los espacios, la noche, el espíritu colectivo”.

  -¿Qué nos podés adelantar específicamente sobre el show en La Falda?
“Será la primera vez que cante en La Falda, ciudad que conozco desde niño. Entonces calculo que me presentaré ante ustedes, les contaré de dónde vengo y algunas cosas que encontré en el camino. Ya veremos hacia dónde vamos luego. Llevo una guitarra eléctrica y una máquina del futuro”.

"Tráfico canciones, ideas, fantasías, de aquí para allá"


  -Tu curriculum es muy amplio en todo sentido, tenés una carrera solista que arrojó cuatro discos, formaste parte de distintos proyectos con otros músicos con los cuales también grabaste, seguiste el camino de la actuación y condujiste programas de radio. ¿Cuál es tu límite a la hora de encarar o aceptar un nuevo trabajo?
“No establezco límites claros ni un rumbo fijo: voy escribiendo la canción”.

  -Tu más reciente disco solista lleva por nombre Una década cantada, ¿al título hay que buscarle alguna connotación política o simplemente te gustó el juego de palabras?
“Todo texto es político, mucho más en los tiempos actuales. Esas son algunas de mis canciones desde el 2001 hasta la fecha, y estoy preparando una edición completa en libro. Unos ganan, otros pierden, otros cantan. ¿No es así?”

  -¿Te llevás bien con el término “cantautor” o te resulta más adecuado -como se enuncia en tu biografía- el de “cantor, músico y trovador”? 
“El cantautor remite a un historial que ha dado mayor importancia a los textos y su capacidad de comunión. La verdad es que esa no es mi historia, ya que he realizado mucha música sin palabra y he cantado mucho verso ajeno. Eso, entre otras cosas, es trovar: del acontecimiento hacer canción y de la información conocimiento. Yo trafico canciones de aquí para allá, ideas, observaciones y fantasías”.

  -¿Con qué otros músicos del medio te sentís más identificado estéticamente?
“Con muchísimos, los viejos y los muy jóvenes, y a veces con ninguno”.

  -¿Cómo seducirías al público faldense para que te vaya a ver el viernes 9?
“¿No vendría Ud. a ver a su primo cantar las canciones que lo han hecho feliz?”

El Show. Pablo Dacal se presenta en La Falda el viernes 9 de junio en “Tempo Bar” (Av. España 384 - RN38). Desde las 22 hs. 
La entrada es libre, gratuita y NO se cobra derecho de espectáculo. 
Invita: Biblioteca Popular Sarmiento - La Falda.

domingo, 21 de mayo de 2017

David Lebón, un encuentro tan supremo

imagen de archivo
Considerado por muchos como el mejor guitarrista de rock y blues de Argentina, el Ruso Lebón llegó a Córdoba a presentar su flamante disco con nominación al Premio Gardel 2017.  

RECITALES

Por Néstor Pousa

El hecho ocurrió una noche de principios de primavera del 2002. Situación: décima edición del Festival de Rock de La Falda. David Lebón se encontraba cenando con su manager en un restó del centro de la ciudad cuando sorpresivamente se le acercó Luis Alberto Spinetta, lo abrazó y se expidió: “Vos sos el mejor guitarrista de Argentina”. Suscribo totalmente lo dicho por el Flaco, pero supongamos por un momento que esto sea una apreciación personal y subjetiva, como todo aquello destinado a relevar lo mejor de cada disciplina. Lo cierto es que el Ruso indudablemente pertenece a esa célebre elite de los más notables intérpretes de la guitarra eléctrica del rock en castellano (complete el lector el podio como mejor prefiera).
Lebón es de esa clase de guitarristas que asegura escribir canciones como pretexto para meter un solo de viola. Y no parece ser una humorada, aunque como autor su repertorio contiene páginas que fueron mucho más que un simple contexto, meramente funcional a sus inspirados punteos.
Sobre finales del año pasado, con el respaldo de la multinacional Sony Music, lanzó el flamante Encuentro supremo (recientemente nominado a los Premios Gardel como Mejor álbum artista masculino de rock), un disco muy rockero, directo, sin artificios, en donde predominan las bases de la batería del Negro Daniel Colombres, uno de sus bateristas históricos; las contundentes líneas de bajo de Roberto Seitz, los teclados de Leandro Bulacio, quien además ofició de productor artístico adjunto en tándem con Lebón; y los aportes de Dhani Ferrón (voz y guitarra rítmica) y Gustavo Lozano (guitarra).
En este nuevo trabajo que recupera la línea de discos fundamentales como El tiempo es veloz (1982) y Siempre estaré (1983), se conjugan momentos de alto voltaje como Dr. Rock, casi una continuación, 40 años después, del clásico Suéltate Rock & Roll (Polifemo), en donde el autor se manifiesta frente a su propia desesperanza. Pero también está el Lebón sensible entregado a una balada de Almendra como Laura va, en una delicada versión orquestal arreglada por un especialista en el rubro como Oscar Cardozo Ocampo.

Con este antecedente inmediato fue que el Ruso apareció por Córdoba para renovar su “encuentro supremo” con la ciudad. Nueve años nos separaban de su última visita a la capital provincial, aunque en el medio hubo un par de fugaces apariciones en Cosquín Rock y fue figura excluyente en el escenario temático 50 años de Rock Nacional en la edición 2017 del mismo ciclo. Pero propiamente en la ciudad su última presentación databa del 2008.
Esta vez fueron las modernas instalaciones del Quality Espacio el marco para una nueva visita del músico que integró buena parte de las bandas más emblemáticas del género. Muy pocos músicos de la escena, o ninguno como él, pueden presentar credenciales de miembro de grupos como Pappo’s Blues, La Pesada, Pescado Rabioso, Color Humano, Polifemo, Seleste, Seru Giran, evidentemente un currículum imposible de igualar.
Su show del pasado jueves 18 de mayo ante una sala en formato auditorio que se colmó, comenzó con algunas dificultades técnicas (zumbidos y acoples demasiado rebeldes) que desconcentraron y hasta casi sacan de eje a nuestro héroe de la guitarra. Pero una vez que el técnico de sonido acomodó las perillas la banda levantó vuelo a velocidad crucero con picos de intensidad en versiones claves. La lista incluyó buena parte de las nuevas canciones: Juntos (con Ferrón en segunda voz), Último viaje, Encuentro supremo, Te amo a pesar de todo, Perro negro y Latin rumba, cumplen con la máxima de su autor, ya que en cada una de ellas se despacha con uno de esos solos de viola inigualables. En tanto repasaba Hola dulce viento -su primera canción para Pescado-, a su material solista le agregaba números históricos como El tiempo es veloz, Casas de arañas (descollante Bulacio en improvisación de teclados y scat), En una hora y una versión demoledora de Copado por el diablo, en donde la banda no se guardó nada de su indudable nivel.
Pero el Ruso siempre reserva un lugar especial para las canciones de Seru, la súper banda que integró junto a Charly, Aznar y Moro. La primera de esas canciones con el sello de su voz y su personal dicción fue Esperando nacer, entregada casi como una ofrenda que hizo estremecer a la platea. Parado en el medio de la vida y San Francisco y el lobo (notesé, todos clásicos inobjetables) fueron parte de un intermedio en formato de trío junto a Leandro Bulacio y Dhani Ferrón, que aporta a la banda una imprescindible guitarra rítmica.
El Ruso a sus 64, el mismo los declara desde el escenario, parece estar de vuelta de todo y sin embargo a ciclos regulares viene a ocupar su lugar dentro del firmamento rockero argentino. Tal cual es su personalidad, lo hace sin histerias y rehuyendo a los convencionalismos. Como dato: no presentó a los músicos formalmente, asegura que son una banda de barrio y destaca lo agradecido que está de tocar junto a ellos. En su cruzada contra los formalismos propone evitar los histéricos bises, en donde los músicos simulan irse y el público asume la parodia y pide una más. Entonces tocará la lista de corrido antes de que “Todos nos vayamos a descansar”, propone.  Con Noche de perros, Mundo agradable, Sueltate Rock & Roll y Seminare, se despedirá hasta una próxima vez de la ciudad que siempre fue testigo de sus momentos más gloriosos.

Golo, el amigo de Lebón

Alejandro “el Golo” Cavoti al frente de Golosinas Peligrosas fue el encargado de abrir la noche en la que se presentaba su amigo David Lebón.
Golo, cordobés de nacimiento, antes de pasar buena parte de su vida en Los Ángeles, California, fue un activo integrante de bandas de la segunda etapa del nacimiento del rock en castellano en nuestro país. Junto a su hermano, su primo y un amigo formó Primera Resurrección. Luego pasó por Bubú (Miguel Zavaleta), Polifemo, Seleste, La Máquina de Hacer Pájaros, además de compartir zapadas con Pappo y participar en El Festival del Amor, organizado por Charly García.
Hace unos 10 años regresó para volver a afincarse en su tierra natal y así retomar su historia de música y rock. En la actualidad alterna presentaciones solistas con actuaciones junto a su trío Golosinas Peligrosas. Con ellos abrió el escenario temático 50 años de Rock Argentino en el reciente Cosquín Rock. Con la invitación de David para tocar en el Quality, el Golo pudo demostrar una vez más sus dotes intactas de muy buen violero en versiones propias de Boletos, pases y abonos (La Máquina…) y Dos edificios dorados (Lebón), y mostró algunos temas de su propio repertorio como el Golo´s Blues y otra canción con aires de funk.  El Golo se dio el gusto de tocar para su gran amigo y el Ruso lo agradeció antes de empezar su set.   

lunes, 8 de mayo de 2017

Amigos de lo eterno, Spinetta reprise

Ilustración: Pablo Lobato
En el libro “El concierto del aire”, de reciente edición y firmado por la dupla Lucas Fernández - Miguel Ángel Dente, se revelan detalles hasta ahora desconocidos del mega-show en el cual Spinetta repaso su prolífica carrera musical.

LIBROS

Por Néstor Pousa

El 4 de diciembre de 2009 Luis Alberto Spinetta decidió hacer una revisión exhaustiva de sus obras completas en un concierto en el estadio de Vélez Sarsfield ante una multitud estimada en 40.000 personas. El acontecimiento quedó registrado como un hito histórico por varias razones. Nadie hasta entonces esperaba que el Flaco, siempre reacio a revisar su extenso catálogo, concretara algo que sus fans le venían reclamando largamente. Nunca se sabrá a ciencia cierta si fue convencido, o solo, en su intimidad tomó la decisión, o ambas cosas obraron. Lo concreto es que lo que en principio iba a ser la reunión de sus tres primeras bandas fundamentales: Almendra, Pescado Rabioso e Invisible, terminó siendo una reunión antológica con muchos de los músicos y todas las formaciones que encabezó, incluida su etapa solista. Fue una especie de doble celebración por sus 40 años de carrera y los 60 de vida que cumpliría en enero del año siguiente. El show con un setlist alucinante de más de 50 canciones le demandó un esfuerzo sobrehumano de 5 horas 15 minutos de concierto en donde el flaco nunca abandonó el escenario mientras se sucedían las presentaciones de músicos de la talla de Charly García, Gustavo Cerati, David, Lebón, Fito Páez, Ricardo Mollo, Juanse, Diego Rapoport, Mono Fontana y una larguísima lista. El concierto en cuestión no podía tener un mejor nombre que Spinetta y Las Bandas Eternas, que exactamente un año después era editado en formato de box set conteniendo 3 cds, 3 dvds (concierto completo y backstage) y 2 libros con fotografías y textos.
Los ensayos demandaron jornadas agotadoras de hasta 10 horas en una enorme sala de ensayo con domicilio desconocido y hubo una especie de pacto de silencio previo en donde todos los involucrados en el proyecto jamás soltaron palabra. La fecha que se convirtió, por sus características, en uno de los conciertos más relevantes de la música popular de sudamericana y por qué no mundial, se cocinó en el más absoluto de los misterios. Con el diario del lunes supimos que Luis nos había dejado un último legado magistral a la altura de su obra y de su trayectoria profesional y personal.

Lucas Fernández (*)
En las semanas anteriores a ese memorable 4 de diciembre, Lucas Fernández, conductor, periodista y productor, junto a Germán Hidalgo y Lucio Carnicer, de Mama Rock (envío que cumplió 15 años en la onda de Radio Nacional Córdoba) intentaba convencerme por todos los medios que lo acompañara a un show que se presumía irrepetible, pero un par de compromisos familiares impostergables me impedían hacerlo. Lucas no faltó, y con su inseparable Zoom H2, un grabador digital portátil de alto alcance y fidelidad, registró la totalidad de la maratónica faena.
Los parlamentos del Flaco entre tema y tema para presentar a cada artista invitado, los cuales quedaron afuera de la edición oficial, y las entrevistas que Lucas realizara para su programa semanal fueron el punto de partida para la edición del El Concierto del aire (Tícher de luz reprise) primer libro firmado por Lucas Fernández en sociedad con Miguel Ángel Dente quien ya acredita en su haber el lanzamiento de guías biográficas sobre Spinetta (Tícher de luz), Charly García, Pedro Aznar, Gustavo Cerati, Fito Páez, Litto Nebbia y 50 años de Rock, todos a través del sello Ediciones Disconario.
Este nuevo material de reciente aparición nos permite reconstruir la génesis y los días previos al gran concierto, conocer los detalles de cómo y quienes lo idearon, escuchar en primera persona las opiniones de coprotagonistas del evento que hasta ahora no habían sido puesto en foco y que vieron la luz gracias a la inquietud periodística y amplia generosidad profesional de Lucas Fernández. Así, fueron entrevistados personajes como Juanjo Carmona (periodista y productor), Aníbal “La Vieja” Barrios (histórico asistente personal de Spinetta, casi su sombra), Dhani Ferrón (músico y productor, pero además, amigo e insospechado chofer de Luis durante todos esos días), Guillermo Vadalá (bajo y guitarra), una especie de muleto de Spinetta que se sabía todas las canciones de la lista del show. “Guille Vadalá fue la clave del concierto _reconocía el Flaco_ porque sacó todos los temas míos que tocamos, más otros que no tocamos. Para mí era muy importante saber que contaba con un guitarrista que si yo me rompía el codo subiendo una escalera podía hacer todo lo que tenía que hacer Spinetta en la canción”.
Otros que ofrecieron sus testimonios exclusivos fueron: Baltasar Comotto (guitarra solista), Sergio Verdinelli (batería), Claudio Cardone (teclados), Fito Páez, Juanse, Black Amaya, Gustavo Spinetta, Dylan Martí (fotógrafo), Bocón Frascino, los tecladistas de Spinetta Jade: Juan del Barrio, Mono Fontana y Leo Sujatovich. Y muchos más.
En todas las entrevistas desgrabadas y condensadas en el libro, queda claro que para la realización de este mega-recital todos los músicos convocados tuvieron que reducir sus egos artísticos a nivel cero subordinándose a las necesidades del momento, algo que solo podía lograr Luis Alberto por el respeto y admiración incondicional que provocaba en sus colegas. En devolución, en cada una de las presentaciones Luis se prodigaba en adjetivos elogiosos y con su habitual amorosidad hacia todos ellos, llegando en algunos casos al límite de la exageración.
Este novedoso trabajo de la dupla Fernández-Dente viene a cerrar un circulo virtuoso que arrancó con el concierto y siguió con la edición de ese material en audio y video. Si había quedado pendiente algún detalle, en las páginas de El Concierto del aire están a buen resguardo.

(*) Lucas Fernández en la Presentación Oficial en Córdoba de "El Concierto del aire" en Cocina de Culturas, 04 de mayo de 2017.



jueves, 27 de abril de 2017

Bryan Adams: Todos para uno

A 9 años de su primera visita a Córdoba el músico canadiense conmovió a un Orfeo repleto que se rindió ante sus universales baladas de amor y un intenso show de rock & roll. Aquí un repaso. 

RECITALES

Por Néstor Pousa

“I don’t speak spanish, i’m sorry”, de esta forma se lamentaba Bryan Adams (57), que se presentó en el Orfeo Superdomo de Córdoba el domingo 24 de abril por la noche, por no poder comunicarse con su público cordobés en idioma castellano. El condicionamiento no fue una barrera para expresarse permanentemente, primero para explicar que iba a ser un show largo (casi dos horas de duración) en el cual con su banda repasarían viejas, muy viejas y nuevas canciones, estas últimas las que pertenecen a su más reciente disco: Get up, que contó con la producción de Jeff Lynne, capo de la Electric Light Orchestra. De hecho la apertura  del show fue rockeando con una de sus nuevas canciones Do what you gotta do (algo así como Haz lo que tengas que hacer). Y eso fue lo que hizo el canadiense, hacer lo que tenía que hacer, respaldado por una banda en formato de quinteto con músicos muy eficaces, especialmente su primera guitarra Keith Scott a quien Bryan otorga buena parte de protagonismo durante toda la función, y aquel responde con solos de alto voltaje eléctrico para luego pasar con la misma destreza al sonido de las cuerdas de nylon de una guitarra española en la canción Have you ever really loved a woman, motivo de la película Don Juan de Marco. Ambos momentos, el de los rockanroles épicos y el de las universales baladas de amor, son recibidos con idéntico entusiasmo por una platea absolutamente colmada y en éxtasis. Pero la primera gran ovación se experimentó con Heaven en una notable versión que hizo enmudecer a una multitud por demás bulliciosa esa noche. Era una de las canciones más esperadas, aunque no la única.  En clave eléctrica descollaron momentos como Run to you, Kids wanna rock y Summer of ‘69, todas pertenecientes a Reckless (1984), álbum fundamental en su carrera y el más revisitado en esta nueva gira que lleva por nombre Get Up Tour 2017.

Pero los momentos brillantes abundaron en un show que no conoció altibajos. En especial cuando aparecieron números como It’s only love y Somebody (otras dos de Reckless), Here i am y (Every thing i do) I do it fot you.
Esta presentación, que fue la segunda en nueve años en la capital cordobesa y tiene un deslumbrante desarrollo visual desde la pantalla de alta definición que contrasta con la sobriedad del vestuario de los músicos (todos de impecable blazer negro, camisa blanca y jeans), prevé instancias claves, como cuando Adams invita a una de las tantas chicas que colmaron en mayoría el domo a bailar la siguiente canción. Con ojo clínico detectó en la zona media de la platea baja a una morocha de remera negra y la seleccionó para para bailar el sugerente blues  If you wanna be bad.  Los movimientos de Lorena Sotomayor (36), cordobesa sobre quien recayó la elección, fueron tan sensuales y perfectos que provocaron el asombro del cantante que con una mirada cómplice a sus músicos solo atinó a decir: “Oh my Godness… I love Córdoba!” (“Oh Dios mío… Amo Córdoba!”). Lorena, que en efecto es cantante y bailarina profesional, meciéndose al pie de su butaca se llevó la admiración de todos y la remera oficial de la gira entregada por un asistente. Cumplió un gran sueño, pero a pesar que insistió no hubo caso, no pudo alcanzar su mayor anhelo de subir a cantar un tema con su ídolo de toda la vida.  
Con la promesa de que no volverían a pasar otros nueve años para una nueva visita, Adams dejaba en claro que esta segunda pasada por Córdoba fue mucho más trascendente para los fanáticos y para el artista que aquella del 2008, en el mismo mes y estadio. Fue entonces que se entregó a una serie de bises con banda completa primero presentando Brand new day, de la nueva cosecha, y un final solista entonando con su guitarrón acústico el clásico All for love bajo un impactante cielo interior, estrellado por miles de pantallas de teléfono celular. Todos para uno y todo por el amor.

martes, 18 de abril de 2017

La Falda Rock 2017: Que placer verte otra vez

Ciro y Los Persas (Gabriel Hamie)
Luego de 15 años de inactividad La Falda Rock volvió a ocupar su lugar. Una impecable organización, las sobresalientes performances de Ciro, No Te Va Gustar y la consagratoria presentación de Guasones, entre lo más destacado.   

Por Néstor Pousa (informe especial)

Expectativa es la palabra que mejor definía el estado que teníamos en las horas previas de empezar la nueva edición 2017 de La Falda Rock, la primera en quince años de inactividad desde la última realizada en setiembre de 2002. Tal vez por eso el viernes 14 de abril, durante la primera de las dos jornadas se advertía una tensa calma, sabiendo que todos los aspectos organizativos se habían cuidado al detalle para que nada fallara, no obstante lo cual en grandes eventos siempre existe una cuota de incertidumbre. Con una puntualidad inédita, que no se practicó en anteriores ediciones de este mismo ciclo, el regreso de La Falda Rock comenzó tal como estaba programado a las 18:30 con M.A.G.M.A. representantes faldenses con un amplio curriculum que les significó integrar la grilla como una de las dos bandas invitadas por La Falda. Cultores del rock pesado eligieron para romper el hielo un tema con un título significativo: Atenete a las consecuencias. Con simbolismos grandilocuentes propios del heavy metal, inauguraban con orgullo la edición advirtiendo que el “monstruo” estaba despertando una vez más. Estrenaron un tema con letra modificada alusiva al festival y su regreso, y cerraron con un clásico irremplazable: Itinerante. Lo Funebrero de Santa Fe, la banda que los sucedió, si bien surgieron del certamen Pre La Falda ya tienen el carácter necesario para jugar en primera. A su estilo que mezcla lo musical con lo actoral, la murga, la tarantela, el ska, entre mucho otros ingredientes, solo le estaría faltando un par de buenos hits. Los Pérez García fueron toda una novedad para Córdoba aunque lleven varios años de carrera. Con su nuevo manager, el experimentado Cristian Merchot, en breve van a explotar nos soplaron, mientras tanto se escucharon canciones como Más fuerte, más alto, más lejos, de su más reciente disco y otras como Bienvenida de soltero. Los rosarinos Cielo Razzo lograron convocar un considerable número de fans que sintonizan con su propuesta de características difíciles de definir. Funcionaron a la perfección con hits nuevos (Ventana, una gran canción) y no tan nuevos (Luna). Todo lo ante escrito funcionó como previa a lo que sería el gran show de la noche protagonizado por Ciro y Los Persas, el artista convocante de la jornada. El ex Piojo no se guardó nada, su show desplegó todos los recursos que muestra en cada presentación. No faltó ni Nalbandian en la platea, el extenista es un confesó e incansable seguidor del jefe de Los Persas.
Dos cosas no dejan de sorprender en Ciro: su entrega infatigable durante las casi dos horas y media de show y que su repertorio solista, que ya anotó 3 discos de estudio y uno en vivo, convive a la perfección con los clásicos de Los Piojos a los que recurre. Ambos materiales son recibidos y festejados con la misma efusividad. Su participación fue lo que se esperaba y estuvo a la altura de la mejor historia de este festival. Un privilegio para sus seguidores poder verlo a escala teatro, tan distinto a las habituales enormes superficies que transita. El que se lo perdió se embromó.

NTVG (Gabriel Hamie)
Sábado de gloria. Si la primera jornada cumplió las expectativas, durante la segunda quizás y al haberse despejado las dudas, todo funciono mejor, desde el sonido y demás rubros técnicos (irreprochables), hasta la grilla diseñada en espejo con la jornada precedente. Es por eso que a las 19:00 en punto (se movió media hora toda la programación) el turno de apertura fue para Mil Nombres, trío faldense que bucea en las raíces del rock progresivo y sigue la línea de bandas como Divididos. Con sus 20 minutos bien aprovechados, abrieron con Huir y cerraron con Rock en el tocador, dos de los números que integrarán su disco debut. Pergamino, banda de Córdoba ganadora de la segunda plaza del certamen previo, ganó ese privilegio gracias a su gran poder de convocatoria. Si bien mostraron material propio, el mayor agite lo lograron con pasajes por Pescado Rabioso (Me gusta ese tajo) y Los Redondos (Todo un palo). Hasta ahí lo artístico había transitado por carriles de normalidad, pero tuvo que llegar Boom Boom Kid para patear el tablero de la cordura. El ex Fun People fue una terrible inyección de punk rock adrenalínico que dejó boquiabiertos a más de uno. Como es su costumbre, y aunque sin mar a la vista, peló su infaltable tabla de surf para barrenar por sobre las cabezas del público y se despidió con un adelanto de las sesenta ¡60 canciones! que promete grabar y editar este año. En diálogo con la prensa acreditada (fue el único que concedió entrevistas durante la segunda fecha) dejó un concepto interesante: “Me gusta el Festival de La Falda porque aquí no hay ghettos, el público escucha toda la variedad de propuestas musicales que se le ofrecen”, afirmaba con lucidez el cantante en sala de prensa mientras desde el escenario llegaban los primeros acordes de uno de los mejores shows que tuvo este capítulo.

Guasones (Gabriel Hamie)
Los Reyes de la noche. Con Como un lobo Guasones inauguraba su primera participación en La Falda (la mayoría de los artistas eran debutantes en esta plaza). Los comandados por Facundo Soto (voz y guitarra) entregaron un show contundente que no dio respiro, aunque tampoco nadie lo pidió. Si Ciro y NTVG fueron los artistas convocantes, Guasones fue la gran consagración que tuvo el regreso del festival rockero con más historia del país. Con su estilo a la Heartbreaker (el combo que respalda a Tom Petty) de guitarras slide, punteos refinados, variedad de recursos, estribillos punzantes y un líder que la rockea sin demasiadas vueltas, Guasones desparramó una seguidilla de hits: Farmacia, Tan distintos, Pasan las horas, Me estás tratando mal, Heaven or hell, Canción para un amigo (un estreno), Infierno blanco, Reyes de la noche, Gracias y Dame. “Recién ahora nos están entendiendo en Córdoba”, afirmaba su manager detrás de escena. Puede que esté en lo cierto, pero sin dudas están pasando por su mejor momento.
Así, la segunda y última noche de la recuperación del Festival de Rock que hizo historia en la música popular argentina en los últimos 40 años, estaba llegando a su fin. No lo digo yo, sino el público que asistió, los periodistas que realizaron una cobertura responsable y hasta los detractores que este ciclo siempre tuvo, tiene y tendrá; todos y cada uno coincidieron en que fue un evento perfectamente organizado en todas sus áreas, con una grilla de artistas que sería ridículo cuestionar. Quedará en la columna del debe un par de ítems: desentrañar los motivos de por qué la convocatoria estuvo un poco por debajo de lo esperado y revisar la posibilidad de invitar algún músico “histórico” que linkee con la leyenda que el encuentro serrano posee.

¡Boom Boom Kid! (Gabriel Hamie)
Por lo demás el final de la noche se aproximaba sin histerias, en un backstage en donde todo fluía con tranquilidad y No Te Va Gustar, los uruguayos encargados de poner el broche, estaban prontos para hacerse cargo de la responsabilidad asignada. A Emiliano Brancciari y su big band charrúa no le tiembla el pulso en estos menesteres, canciones no le faltan. Al mejor estilo de Ciro y los suyos, nunca miraron el reloj y se mandaron con una performance muy extensa que se aproximó a las dos horas y media. Repasos los hubo de todos los discos, y con esa posibilidad que solo tienen las bandas en estado de gracia, adelantaron los dos cortes del nuevo álbum que el mes que viene estará en las disquerías. Lo notable es que esas canciones, el rock lento Para cuando me muera y la balada Prendido fuego, que por ahora solo están editados en plataformas digitales, ya se codean con los hits firmes de los “Note”, una lista interminable que incluyó: Cero a la izquierda, Fuera de control, Llueve tranquilo, Al vacío, A las 9, Sin pena ni gloria, Memorias del olvido, Ese maldito momento (“Si lo ven a Ulises Bueno agradézcanle por cantar esta canción”, encargó Brancciari), Clara, Rata, Chau, Tan lejos (con Facundo Soto de Guasones, banda amiga con la que supieron compartir giras), Verte reír, No hay dolor, y una larga nómina que se extendió a 32 canciones para un  apoteósico final de fiesta. 
Esa noche me volví caminando a mi casa, masticando en soledad una pregunta que me inquietaba. Es la pregunta del millón de pesos, pero la voy a dejar en suspenso para una próxima nota. 

Fotos: Gabriel Hamie

miércoles, 12 de abril de 2017

La Falda homenajea al Flaco

Spinetta en La Falda '83 (Lucía Seguí)
Con la imposición de su nombre a una de sus calles, la ciudad rinde tributo a uno de los músicos más influyentes de Argentina. Aquí un repaso de sus visitas a La Falda.

CALLE LUIS A. SPINETTA

Por Néstor Pousa

A cinco años de la muerte de Luis Alberto Spinetta La Falda se suma a un sinnúmero de homenajes en su memoria con la imposición de su nombre a una de las calles de la ciudad. No es extraño que esto suceda ya que el autor de Muchacha, ojos de papel tuvo un vínculo con esta plaza que excedió lo medianamente normal, con una cifra record de actuaciones para una ciudad del interior. 
La relación de Spinetta con La Falda fue muy pródiga y se basó fundamentalmente en su participación en el Festival Argentino de Música Contemporánea, nombre que luego mutaría al más compacto de La Falda Rock que hoy marcha hacia su tercera resurrección. Al margen de las denominaciones podríamos asegurar que el Flaco tuvo asistencia (casi) perfecta, concurriendo a ocho de las diez ediciones que el ciclo resistió a pie firme contra los embates de la incomprensión. Las dos ausencias (1980 y 1982) las compensó con dos magníficas presentaciones solistas en El Cantautor ‘89, un proyecto no demasiado conocido que se realizó en el hoy lamentablemente malogrado Cine Teatro Gran Rex de la misma ciudad.
El debut de Spinetta en La Falda no podía haber sido más auspicioso. Se produjo el domingo 15 de febrero de 1981 en la segunda edición del festival y con Almendra (versión reunión) en el cierre de una extensa gira nacional de dos meses y medio con la que presentaban El Valle Interior, que editado en 1980 fue el último álbum de estudio de aquella banda pionera. Esa noche bajo los efectos de una leve aunque pertinaz llovizna el cuarteto entregaría un menú de clásicos y novedades. Aseguraron que fue la primera y última vez que tocarían con un músico invitado en vivo: eso ocurrió cuando Rubén Rada sumó sus tambores y su pulso candombero en el tema Mestizo.
Luis regresaría sucesivamente en 1983 y 1984 al frente de Spinetta Jade, colectivo de geniales músicos audicionados y fichados personalmente por Luis y su exigente oído. El combo que históricamente presentaba un dibujo de quinteto, para finales de 1982 y principios de 1983 se había transformado en cuarteto al abandonar la formación el tecladista Diego Rapoport. Y en 1984 con el ingreso Lito Epumer en guitarra se normalizaría el formato de cinco integrantes.

Acusticazos. Los dos años subsiguientes podrían clasificarse como acusticazos en solitario. En 1985, tras la partida de Mario Luna factótum del festival, la municipalidad local montó una edición de emergencia de una sola noche, el sábado 2 de marzo. Spinetta, ya sin Jade, asistió solo, acompañándose con su guitarra en un formato intimista que no dejó demasiadas huellas documentales en sus discos (Kamikaze sería lo más aproximado). Fue un auténtico privilegio para la ciudad poder ver al creador a solas con su obra.
Esa circunstancia se repetiría al año siguiente en una edición muchísimo más ambiciosa de cuatro noches con las bandas más representativas de la década. En ese novedoso y fulgurante contexto a Luis le bastó su guitarrón Ovation para pre-estrenar las baladas de Privé, su opus de 1986.
La siguiente instancia se inscribe como un acto fallido. Durante la fatídica edición de 1987 Spinetta-Páez estaban prestos a mostrar su muy elogiado trabajo en conjunto, el disco doble titulado La la la, pero la pésima organización concluyó con la suspensión de la tercera y última noche (domingo 8 de febrero), en la cual también iban a presentar credenciales por primera vez en La Falda Luca Prodan y Sumo. Los graves incidentes ocurridos provocarían además la desactivación virtualmente definitiva del evento luego de ocho capítulos consecutivos.

Spinetta en El Cantautor (Ricardo Sisti)
El Cantautor y La Falda Rock. Decir Spinetta “en La Falda” no es lo mismo que decir “en el regazo”, pero si alguna vez estuvo esa sensación de contención y cobijo, ocurrió en el verano de 1989. El BB Muñoz, músico folk devenido en productor, había sido tentado para organizar un ciclo sucedáneo al suspendido festival, que no demandase demasiada logística y sin potenciales conflictos. Así surgió El Cantautor ‘89, con debut y despedida en la misma temporada. El Cantautor proponía el encuentro en directo del autor e intérprete con su público, con una programación envidiable y una seguidilla irrepetible de 46 noches de conciertos durante enero y febrero. Luis estuvo programado el domingo 22 y lunes 23 de enero (“Fueron no menos de quince reuniones con él para poder convencerlo”, revelaba por entonces el BB Muñoz), por lo que empezó a festejar su cumpleaños número 39 en La Falda.
Restan reseñar dos visitas más de LAS para esta crónica, las que ocurrieron a períodos regulares en los amaneceres de las décadas subsiguientes. La de 1992 fue durante el primer renacimiento del festival con la vuelta de Mario Luna en el rol de organizador y productor. Mario para intentar restañar heridas citó, entre otras figuras, al Flaco, que aprovechaba para apadrinar a unos todavía adolescentes Illya Kuryaki and The Valderramas.  
Diez años después se concretaría la última actuación de Spinetta en La Falda. José Palazzo y Perro Emaides, fundadores en 2001 del Cosquín Rock, tomaban el control del trascendental ciclo serrano que en su décimo capítulo estrenaba su actual denominación: La Falda Rock. Corría septiembre de 2002 y los productores imaginaron una noche dedicada a los nombres clásicos del género y Luis no quiso estar ausente. Todos esperaban de él un repaso antológico que sintonizara con el perfil celebratorio que se le intentó imprimir a la fecha. Demorando esa pretensión (hubo que esperar hasta Las Bandas Eternas para eso) se concentró en un repertorio más actualizado. “Que La Falda siga siendo un lugar de Paz, Amor y Música”, fue su saludo final de buen augurio antes de pisar por última vez suelo faldense.

miércoles, 5 de abril de 2017

La Falda Rock: historia de un regreso

Ciro, figura clave de LFR'17
A 30 años de la fatídica noche que selló su suerte y a 15 del segundo intento de resurrección, el legendario festival vuelve a dar señales de vida. Será los días 14 y 15 de abril en el lugar  de siempre. Ciro y NTVG figuran como nombres convocantes.

Por Néstor Pousa

En la antesala de la tercera resurrección del festival más importante de la música rock en Argentina vale repasar la cronología de los hechos. Estoy seguro que más de un lector en la primera línea de este texto habrá pensado en lo exagerado de mi afirmación: el festival más importante de la música rock en Argentina, pero es que si analizamos el contexto y los sucesos que ocurrieron durante el mismo, con objetividad, sin pasiones, llegaríamos todos a la misma conclusión. Un evento que en 37 años de vida totalizó la exigua suma de 10 ediciones, pero que sin embargo todo el mundillo de la música, y hasta algunos que no son del palo, conocen y hablan de él.
Este nuevo renacimiento comenzó a escribirse un año y medio atrás, cuando Cristina Nieto como nueva Presidenta del Club Atlético La Falda me llama para contarme que por una nota firmada por mí que habían leído en el semanario Ecos de Punilla se les había ocurrido reflotar el festival. Hubo entonces una reunión inicial a la que fue invitado Matías Cibin, nacido y criado en La Falda, que hoy desarrolla una intensa actividad en producciones de espectáculos, básicamente de rock, en la ciudad Córdoba. Cibin ya había ensayado en su ciudad natal aunque con suerte diversa, pero nunca se acobardó. Programó a Attaque 77 y perdió, mucho más adelante se recompuso con No Te Va Gustar y Divididos. Estas dos fechas operaron como un tester para ver cómo reaccionaban en la actualidad todos los componentes que rodean a un concierto de rock a gran escala en la ciudad que alguna vez renegó de uno de sus dos festivales que le garantizaron trascendencia nacional e internacional.    
Los globos de ensayo arrojaron resultados alentadores y así las reuniones continuaron sucediéndose, ahora con el intendente municipal Cacho Arduh y su equipo, algunas veces de incógnito como si se tratara de la jabonería de Vieytes en plena era posmoderna, pero no había demasiados indicios de que el humo blanco surgiera.

NTVG,  cerrarán la nueva edición
A fines del año pasado me aprestaba a presentar en la ciudad de Córdoba La Falda en tiempo de Rock, segunda edición del libro en el que documenté la historia del Festival de Rock creado por Mario Luna en el verano de 1980. Entonces Matías Cibin me cita en un bar y me propone anunciar durante la presentación la nueva edición para los días 14 y 15 de abril de 2017. La gráfica ya estaba lista e incluso parte del merchandising. Sin dudarlo le dije que sí, aunque debo admitir que no salía de mi asombro. A Cibin lo note absolutamente decidido, y con los pulgares arriba de parte de las autoridades municipales, estaba lanzado en bajada y sin frenos.
Un par de días antes de la presentación del libro, en donde el anuncio del regreso del ciclo venía envuelto en misterio, un mail que se viralizó por error estropeó la sorpresa pero provocó una ola imparable, una ola positiva de repercusión en los medios más importantes. Fue un suceso de enorme impacto publicitario que se multiplicó en manifestaciones de alegría de parte de mucha gente que a esta altura no se esperaba semejante noticia.
Pero como a toda acción le sigue una reacción, los comentarios desalentadores no tardaron en hacerse oír…  Se cuestionó la fecha por ser coincidente con Semana Santa, sin advertir que todos los grandes eventos se realizan en temporada alta o en fines de semana extendidos para favorecer a los potenciales asistentes. No quedan otras fechas disponibles que no sea la antedicha, que además fue la elegida para un show de Divididos en marzo del año pasado y que, paradójicamente, no generó ninguna polémica. ¿Entonces, por qué al festival ahora se lo objeta? Es un dato, al menos, curioso.
El otro absurdo es cuestionar la programación por no estar acorde con la historia del legendario ciclo. Pues bien, aun reconociendo que sería posible y necesario un toque vintage, lo cierto es que los pioneros que escribieron esta fascinante historia, por más que muchos continúan activos, no generan salvo contadas excepciones la convocatoria masiva de 35 años atrás. Personalmente apuesto a una prolongación del ciclo que en próximas ediciones se anime a contratar e intercalar entre los nombres que hoy llenan las gradas a nombres que prestigien el ciclo por su trayectoria. Una vez que este tercer intento se consolide, la presencia de aquellos nombres que hoy muchos añoran y reclaman no será una materia pendiente, ni mucho menos imposible. 

Mil Nombres (La Falda)
Mientras tanto la edición número once de La Falda Rock (según su nueva denominación) producido por Matías Cibin (XL Abasto, Cba.) asociado con Cristian Merchot (Pirca Producciones, Bs. As.) y el auspicio de la Municipalidad de La Falda, nos permitirá ver a Ciro y Los Persas a escala teatro, algo imposible de conseguir en otra plaza por tratarse de un artista que llena estadios y que ademas viene a presentar su flamante tercer disco de estudio (Naranja persa, 2016). En la segunda de las dos jornadas el número convocante será No Te Va Gustar, los uruguayos se encuentran cerrando la gira de su más reciente álbum. La atractiva grilla se completará con el rock elegante de Guasones y las canciones de Los Pérez García. Rosario estará representada por Cielo Razzo. Y quien seguro la va a romper es Boom Boom Kid.  
El certamen nacional Pre La Falda arrojó dos nombres que se ganaron el privilegio de acceder al escenario del auditorio municipal faldense y son: Lo Funebrero de Santa Fe y Pergamino de Córdoba capital. Mientras que La Falda aportará a la cartelera los nombres de M.A.G.M.A. y Mil Nombres. Todo está listo para que funcione, resta saber si estaremos a la altura de la historia.

La Falda Rock 2017 - Grilla
Viernes 14 de abril: Ciro y Los Persas - Cielo Razzo - Los Pérez García - Lo Funebrero (Santa Fe) - M.A.G.M.A. (La Falda)
Sábado 15 de abril: No Te Va Gustar - Guasones - Boom Boom Kid - Pergamino (Córdoba) - Mil Nombres (La Falda)
Lugar: Auditorio Municipal Carlos Gardel (La Falda)
Horario: puertas abren 17:00 hs


martes, 28 de febrero de 2017

#CR17: Nos vamos poniendo retro

LFC / Foto: Facundo Pousa
Con cierres de Ciro y La Beriso, el debut absoluto de Los Fabulosos Cadillacs y un exitoso escenario conmemorativo de "50 años de Rock Nacional", transcurrió una nueva edición del titánico ciclo.

COBERTURA COSQUIN ROCK

Por Néstor Pousa

La edición que acaba de finalizar del Festival Cosquín Rock será recordada como una de las más ambiciosas en tiempos difíciles, pero se recordará también como la más retro de un ciclo que siempre se especializó en mostrar lo más novedoso de la escena nacional. Esta aseveración no solamente se sustenta en la programación del Escenario Temático (el segundo en magnitud montado en el aeródromo de Santa María de Punilla), dedicado este año a la celebración de los 50 años de Rock Nacional, con figuras históricas de todas las décadas, sino también se fundamenta en la inclusión de bandas que redondeaban aniversarios, como Los Pericos y los uruguayos de La Vela Puerca. Hubo referencias a bandas muy influyentes como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y Sumo, regresos de Los Violadores, Los Guarros y un homenaje a Juanse, ex líder de Ratones Paranoicos.
¿Podría asegurarse entonces que esta fue una puesta deliberadamente retro? Quien responde es el factótum del titánico festival, José Palazzo: “Un día charlando con (el periodista) Víctor Pintos me dijo ‘Sabías que son los 50 años de rock nacional’. Entonces empecé a llamar a los músicos, llamo a Javier Martínez al celular que me dice: ¿Palazzo?, sí, como andás, ¿me vas a invitar al Cosquín después de 17 años que nunca me llamaste?, y me dio mucha vergüenza que nunca había invitado a un Manal. Pero bueno, son esas cosas. Y los llamé personalmente a cada uno y después recién me contacté con sus managers y así se empezó a armar esta bola”, se expresa el productor, que admite ante la pregunta del cronista que esta edición tuvo una “pincelada retro”.   

Pil Trafa / Foto: Facundo Pousa
La edición número 17 del Cosquín Rock contó con siete escenarios/espacios para las manifestaciones musicales y sus variedades, desde el originario y de mayor magnitud Escenario Principal hasta la más modesta pero rendidora Casita del Blues. Entre todos sumaron la friolera de casi 180 bandas. ¿Habrá algún humano normal capaz de asimilar tanta información? Lo dudo, pero si así fuera no es el caso de este cronista que se tuvo que conformar (nótese la maradoniana tercera persona utilizada) con movilizare en busca de lo más interesante. Movilizarse es un término válido para el primer día, que al tercero y merced del cansancio y el barro formado tras la lluvia caída, ya se convirtió en arrastrar el cuerpo físico con lo que quedaba de energía, para cruzar una y otra vez ese imponente predio de 900 hectáreas. Siempre digo que el periodismo de rock es un sacerdocio (no demasiado bien remunerado) y en Cosquín Rock te otorgan el post grado.

La jornada sabatina tuvo una particularidad. Cerraban el principal de esa primera noche (25/02) el tándem rockero de Guasones y Ciro y Los Persas, un hecho que por fin pudo develar la incógnita de dos de las bandas que animarán el regreso de La Falda Rock 2017, el próximo 14 y 15 de abril. Fue también el día elegido por las huestes del heavy metal, ya que por el temático transitaron Malón, Exiter, Carajo, Horcas, Viticus, Lovorne y muchos más.
Skay 

El domingo 26 ese mismo espacio nos esperaba con reggae y un atractivo programa en el principal que puntualmente a las 17:40 era abordado por Jóvenes Pordioseros con Toti Iglesias, uno de los más carismáticos frontman del rock criollo. Los Caligaris daban la bienvenida a propios y extraños por considerarse anfitriones del evento. Entre el público de primera línea no quedó remera sin teñir cuando desparramaron pintura y globos, como tampoco durante su set quedó nadie sin bailar. Seguían Los Cafres efectivos como siempre, La Vela Puerca festejando 20 años de escenarios, repasando discografía, pero poniendo énfasis en A contraluz, su fundamental disco fechado en 2004. Skay desplegó todo su oficio al frente de una banda muy efectiva y un repertorio a veces enigmático y en otras explosivo. Es inevitable, cuando repasa, a su modo, canciones de Los Redondos (por caso El pibe de los astilleros y la infaltable Ji ji ji) el pogo explota. Aunque justo es reconocer que, de la etapa solista, Oda a la sin nombre también da la talla de hit. Impecable lo del guitarrista que se salteó la edición anterior, demora que hizo más esperado este “regreso”.

Los genios del dub. El cierre del domingo fue el debut de una de las bandas más esperadas en este ciclo: Los Fabulosos Cadillacs. “Tenían muchas reticencias de venir a tocar al festival. Nunca me voy a olvidar que Gustavo Cerati nunca quiso venir al festival porque tenía temor por el público ¡mirá que boludez, le hubiera ido bárbaro! Eran otras épocas, también. Y los Cadillacs tenían ese pequeño temor, sin embargo se despejaron todas las dudas”, nos revelaba Palazzo. Y fue así, el show de los comandados por Vicentico y Sr. Flavio ofrecieron un show demoledor con todos sus éxitos, mezclados con algunos momentos de su obra más reciente, el disco conceptual La salvación de Solo y Juan, facturado en 2016. Con el regreso del polémico Sergio Rotman (alguna vez manifestó que no volvería a LFC ni aunque fuera la última banda del mundo), más el fichaje de Florian Fernández Capello (sobrio), hijo del cantante, en guitarra y Astor Cianciarulo (a la Kurt Cobain) en batería y bajo; repasaron durante casi dos horas clásicos disfrutables hasta para un no iniciado en la historia de la banda. Demasiada presión, El genio del dub, Manuel Santillán, Calaveras y diablitos, Siguiendo la luna, Carmela, Mal bicho, Carnaval toda la vida, Matador, Vasos vacíos y Satánico Dr. Cadillac, hicieron mecer y bailar hasta las piedras. De los estrenos, El fantasma, La Tormenta y El Profesor Galindez, ya se perfilan como clásicos. La primera palabra que se me ocurre es respeto, por una banda que por trayectoria, repertorio y rendimiento se ganó merecidamente su estatus actual.  

Javier Martínez / Foto: Facundo Pousa
Esta historia no ha terminado. La expectativa que generaba la tercera y última jornada fue puesta en stand by por un chaparrón de verano de esos que a priori no sabés si te van a arruinar la fiesta o se replegarán a cambio de un sol abrazador y una humedad insoportable. Por suerte ocurrió el mal menor, dejando un par de secuelas, una incómoda alfombra de barro y que ya nos habíamos perdido el inicio de una grilla que respeta a rajatabla los horarios, aun cuando los primeros artistas, a causa del diluvio, toquen sólo para los técnicos. Así, mientras en el principal Palo Pandolfo y La Hermandad invocaban a febo, en el atractivo escenario “50 años de Rock Nacional”, ya habían culminado los debuts del Golo Cavoti con su banda, la que alista en guitarra a Gonzalo Viñas; y Alejandro Medina, bajista y el primer ex Manal de la tarde.
Fue entonces que apareció Javier Martínez, poeta urbano, autor de las más certeras letras de blues local y baterista del legendario trío Manal. Hombre de reconocido carácter (las diferencias con su ex compañero de banda siguen intactas) despotricó por el poco tiempo que le asignaron. “Espero volver para hacer un show de 2 horas”, se quejó, pero antes repasó a modo de jam sessions páginas gloriosas: No pibe, Una casa con diez pinos, Jugo de tomate, para el primer delirio de una larga jornada.
Lo sucedió Ricardo Soulé que alternó clásicos de Vox Dei con temas de reciente producción con La Bestia Emplumada, la banda que lo respalda. De singular atuendo para un concierto de rock, Soulé alcanzó picos de emoción con Jeremías, Ritmo y blues con armónica y el Génesis. A esa misma hora, 900 metros hacia el norte, pisaba el escenario principal Carl Palmer, baterista de Emerson, Lake & Palmer, emblemática banda de sinfo-rock progresivo, un verdadero lujo de esta edición.

Cada día más loca (a confesión de partes) irrumpió Celeste Carballo y volamos al principal a presenciar el regreso de Los Guarros modelo 2017. A esa altura de la tarde ya se notaba una mayor convocatoria en el segundo escenario, mientras que en las carpas, el hangar y en La Casita del Blues (esa noche tocaba Botafogo) el deambular de gente era incesante. Nadie quería desaprovechar nada de la variada y amplísima oferta.
Mientras el Principal recibía el punk de Los Violadores en el otro extremo Fabi Cantilo, encantadora como siempre, y Fito Páez, mucho menos áspero que en otras visitas, se mandaban el tándem de mayor convocatoria. Fue cuando el temático se devoró al principal, en convocatoria de gente, en euforia y, por qué no, en calidad artística. Fabi concedió clásicos de Rock Nacional a la manera de Inconsciente colectivo y En la vereda del sol (sus álbumes de versiones) y Fito un set tremendamente rockero con joyas como: Gente sin swing, Al lado del camino, Polaroid de locura ordinaria y su versión noise de Ciudad de pobres corazones. Todos coincidían: el rosarino fue lo mejor de toda la jornada.   
David Lebón 
Aznar calmó las aguas pero con alto vuelo. Promediando su show se despachó con un set de baladas al piano, pero cerró pisando fuerte con Quebrado, El rey lloró (de Nebbia) y Fotos de TokioParecía que no quedaba más nada por ver y apareció con su paso lento David Lebón con nuevas canciones por mostrar y un quinteto que además del infaltable Negro Colombres en batería, sumó a Daniel Ferrón (4° EspacioLos Amigo) en las cuatro cuerdas. ¿A alguien le queda alguna duda que el Ruso es el mejor guitarrista de rock y blues del país? Debieron estar ahí para comprobarlo, cada vez que despacha uno de sus solos en páginas gloriosas como Esperando nacer, Hola dulce viento (Pescado Rabioso) “Spinetta me permitió grabarla en su disco”, agradeció una vez más; y siguieron En la vereda del sol (García-Lebón), Parado en el medio de la vida, San Francisco y el lobo, Copado por el diablo, Mundo agradable, una emotiva versión de Seminare y el esperado cierre con Suéltate Rock & Roll (no hay frase más rockera que esa que afirma: “Ajusten cinturones, que vamos a volar muy pronto de estos rincones”). Del nuevo material se escucharon Juntos, Último viaje, Encuentro supremo y Latin rumba. Con un recital categórico y de muy buen humor, Lebón aventó opacos recuerdos de anteriores presentaciones en este festival malogradas por las altas temperaturas de los horarios vespertinos.

Con saldo a favor #CR17 se desvanecía en la madrugada del martes de carnaval con La Beriso copando el principal y en frente Los Twist de Pipo Cipolatti con su música dislocada cargada de mensajes cifrados hoy ya develados. Para entonces la mayoría del público, cual aves migratorias, habían cambiado de escenario. Era una lucha de David contra Goliat tan propia de estos mega-eventos.      

Fotos: Facundo Pousa