martes, 28 de febrero de 2017

#CR17: Nos vamos poniendo retro

LFC / Foto: Facundo Pousa
Con cierres de Ciro y La Beriso, el debut absoluto de Los Fabulosos Cadillacs y un exitoso escenario conmemorativo de "50 años de Rock Nacional", transcurrió una nueva edición del titánico ciclo.

COBERTURA COSQUIN ROCK

Por Néstor Pousa

La edición que acaba de finalizar del Festival Cosquín Rock será recordada como una de las más ambiciosas en tiempos difíciles, pero se recordará también como la más retro de un ciclo que siempre se especializó en mostrar lo más novedoso de la escena nacional. Esta aseveración no solamente se sustenta en la programación del Escenario Temático (el segundo en magnitud montado en el aeródromo de Santa María de Punilla), dedicado este año a la celebración de los 50 años de Rock Nacional, con figuras históricas de todas las décadas, sino también se fundamenta en la inclusión de bandas que redondeaban aniversarios, como Los Pericos y los uruguayos de La Vela Puerca. Hubo referencias a bandas muy influyentes como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y Sumo, regresos de Los Violadores, Los Guarros y un homenaje a Juanse, ex líder de Ratones Paranoicos.
¿Podría asegurarse entonces que esta fue una puesta deliberadamente retro? Quien responde es el factótum del titánico festival, José Palazzo: “Un día charlando con (el periodista) Víctor Pintos me dijo ‘Sabías que son los 50 años de rock nacional’. Entonces empecé a llamar a los músicos, llamo a Javier Martínez al celular que me dice: ¿Palazzo?, sí, como andás, ¿me vas a invitar al Cosquín después de 17 años que nunca me llamaste?, y me dio mucha vergüenza que nunca había invitado a un Manal. Pero bueno, son esas cosas. Y los llamé personalmente a cada uno y después recién me contacté con sus managers y así se empezó a armar esta bola”, se expresa el productor, que admite ante la pregunta del cronista que esta edición tuvo una “pincelada retro”.   

Pil Trafa / Foto: Facundo Pousa
La edición número 17 del Cosquín Rock contó con siete escenarios/espacios para las manifestaciones musicales y sus variedades, desde el originario y de mayor magnitud Escenario Principal hasta la más modesta pero rendidora Casita del Blues. Entre todos sumaron la friolera de casi 180 bandas. ¿Habrá algún humano normal capaz de asimilar tanta información? Lo dudo, pero si así fuera no es el caso de este cronista que se tuvo que conformar (nótese la maradoniana tercera persona utilizada) con movilizare en busca de lo más interesante. Movilizarse es un término válido para el primer día, que al tercero y merced del cansancio y el barro formado tras la lluvia caída, ya se convirtió en arrastrar el cuerpo físico con lo que quedaba de energía, para cruzar una y otra vez ese imponente predio de 900 hectáreas. Siempre digo que el periodismo de rock es un sacerdocio (no demasiado bien remunerado) y en Cosquín Rock te otorgan el post grado.

La jornada sabatina tuvo una particularidad. Cerraban el principal de esa primera noche (25/02) el tándem rockero de Guasones y Ciro y Los Persas, un hecho que por fin pudo develar la incógnita de dos de las bandas que animarán el regreso de La Falda Rock 2017, el próximo 14 y 15 de abril. Fue también el día elegido por las huestes del heavy metal, ya que por el temático transitaron Malón, Exiter, Carajo, Horcas, Viticus, Lovorne y muchos más.
Skay 

El domingo 26 ese mismo espacio nos esperaba con reggae y un atractivo programa en el principal que puntualmente a las 17:40 era abordado por Jóvenes Pordioseros con Toti Iglesias, uno de los más carismáticos frontman del rock criollo. Los Caligaris daban la bienvenida a propios y extraños por considerarse anfitriones del evento. Entre el público de primera línea no quedó remera sin teñir cuando desparramaron pintura y globos, como tampoco durante su set quedó nadie sin bailar. Seguían Los Cafres efectivos como siempre, La Vela Puerca festejando 20 años de escenarios, repasando discografía, pero poniendo énfasis en A contraluz, su fundamental disco fechado en 2004. Skay desplegó todo su oficio al frente de una banda muy efectiva y un repertorio a veces enigmático y en otras explosivo. Es inevitable, cuando repasa, a su modo, canciones de Los Redondos (por caso El pibe de los astilleros y la infaltable Ji ji ji) el pogo explota. Aunque justo es reconocer que, de la etapa solista, Oda a la sin nombre también da la talla de hit. Impecable lo del guitarrista que se salteó la edición anterior, demora que hizo más esperado este “regreso”.

Los genios del dub. El cierre del domingo fue el debut de una de las bandas más esperadas en este ciclo: Los Fabulosos Cadillacs. “Tenían muchas reticencias de venir a tocar al festival. Nunca me voy a olvidar que Gustavo Cerati nunca quiso venir al festival porque tenía temor por el público ¡mirá que boludez, le hubiera ido bárbaro! Eran otras épocas, también. Y los Cadillacs tenían ese pequeño temor, sin embargo se despejaron todas las dudas”, nos revelaba Palazzo. Y fue así, el show de los comandados por Vicentico y Sr. Flavio ofrecieron un show demoledor con todos sus éxitos, mezclados con algunos momentos de su obra más reciente, el disco conceptual La salvación de Solo y Juan, facturado en 2016. Con el regreso del polémico Sergio Rotman (alguna vez manifestó que no volvería a LFC ni aunque fuera la última banda del mundo), más el fichaje de Florian Fernández Capello (sobrio), hijo del cantante, en guitarra y Astor Cianciarulo (a la Kurt Cobain) en batería y bajo; repasaron durante casi dos horas clásicos disfrutables hasta para un no iniciado en la historia de la banda. Demasiada presión, El genio del dub, Manuel Santillán, Calaveras y diablitos, Siguiendo la luna, Carmela, Mal bicho, Carnaval toda la vida, Matador, Vasos vacíos y Satánico Dr. Cadillac, hicieron mecer y bailar hasta las piedras. De los estrenos, El fantasma, La Tormenta y El Profesor Galindez, ya se perfilan como clásicos. La primera palabra que se me ocurre es respeto, por una banda que por trayectoria, repertorio y rendimiento se ganó merecidamente su estatus actual.  

Javier Martínez / Foto: Facundo Pousa
Esta historia no ha terminado. La expectativa que generaba la tercera y última jornada fue puesta en stand by por un chaparrón de verano de esos que a priori no sabés si te van a arruinar la fiesta o se replegarán a cambio de un sol abrazador y una humedad insoportable. Por suerte ocurrió el mal menor, dejando un par de secuelas, una incómoda alfombra de barro y que ya nos habíamos perdido el inicio de una grilla que respeta a rajatabla los horarios, aun cuando los primeros artistas, a causa del diluvio, toquen sólo para los técnicos. Así, mientras en el principal Palo Pandolfo y La Hermandad invocaban a febo, en el atractivo escenario “50 años de Rock Nacional”, ya habían culminado los debuts del Golo Cavoti con su banda, la que alista en guitarra a Gonzalo Viñas; y Alejandro Medina, bajista y el primer ex Manal de la tarde.
Fue entonces que apareció Javier Martínez, poeta urbano, autor de las más certeras letras de blues local y baterista del legendario trío Manal. Hombre de reconocido carácter (las diferencias con su ex compañero de banda siguen intactas) despotricó por el poco tiempo que le asignaron. “Espero volver para hacer un show de 2 horas”, se quejó, pero antes repasó a modo de jam sessions páginas gloriosas: No pibe, Una casa con diez pinos, Jugo de tomate, para el primer delirio de una larga jornada.
Lo sucedió Ricardo Soulé que alternó clásicos de Vox Dei con temas de reciente producción con La Bestia Emplumada, la banda que lo respalda. De singular atuendo para un concierto de rock, Soulé alcanzó picos de emoción con Jeremías, Ritmo y blues con armónica y el Génesis. A esa misma hora, 900 metros hacia el norte, pisaba el escenario principal Carl Palmer, baterista de Emerson, Lake & Palmer, emblemática banda de sinfo-rock progresivo, un verdadero lujo de esta edición.

Cada día más loca (a confesión de partes) irrumpió Celeste Carballo y volamos al principal a presenciar el regreso de Los Guarros modelo 2017. A esa altura de la tarde ya se notaba una mayor convocatoria en el segundo escenario, mientras que en las carpas, el hangar y en La Casita del Blues (esa noche tocaba Botafogo) el deambular de gente era incesante. Nadie quería desaprovechar nada de la variada y amplísima oferta.
Mientras el Principal recibía el punk de Los Violadores en el otro extremo Fabi Cantilo, encantadora como siempre, y Fito Páez, mucho menos áspero que en otras visitas, se mandaban el tándem de mayor convocatoria. Fue cuando el temático se devoró al principal, en convocatoria de gente, en euforia y, por qué no, en calidad artística. Fabi concedió clásicos de Rock Nacional a la manera de Inconsciente colectivo y En la vereda del sol (sus álbumes de versiones) y Fito un set tremendamente rockero con joyas como: Gente sin swing, Al lado del camino, Polaroid de locura ordinaria y su versión noise de Ciudad de pobres corazones. Todos coincidían: el rosarino fue lo mejor de toda la jornada.   
David Lebón 
Aznar calmó las aguas pero con alto vuelo. Promediando su show se despachó con un set de baladas al piano, pero cerró pisando fuerte con Quebrado, El rey lloró (de Nebbia) y Fotos de TokioParecía que no quedaba más nada por ver y apareció con su paso lento David Lebón con nuevas canciones por mostrar y un quinteto que además del infaltable Negro Colombres en batería, sumó a Daniel Ferrón (4° EspacioLos Amigo) en las cuatro cuerdas. ¿A alguien le queda alguna duda que el Ruso es el mejor guitarrista de rock y blues del país? Debieron estar ahí para comprobarlo, cada vez que despacha uno de sus solos en páginas gloriosas como Esperando nacer, Hola dulce viento (Pescado Rabioso) “Spinetta me permitió grabarla en su disco”, agradeció una vez más; y siguieron En la vereda del sol (García-Lebón), Parado en el medio de la vida, San Francisco y el lobo, Copado por el diablo, Mundo agradable, una emotiva versión de Seminare y el esperado cierre con Suéltate Rock & Roll (no hay frase más rockera que esa que afirma: “Ajusten cinturones, que vamos a volar muy pronto de estos rincones”). Del nuevo material se escucharon Juntos, Último viaje, Encuentro supremo y Latin rumba. Con un recital categórico y de muy buen humor, Lebón aventó opacos recuerdos de anteriores presentaciones en este festival malogradas por las altas temperaturas de los horarios vespertinos.

Con saldo a favor #CR17 se desvanecía en la madrugada del martes de carnaval con La Beriso copando el principal y en frente Los Twist de Pipo Cipolatti con su música dislocada cargada de mensajes cifrados hoy ya develados. Para entonces la mayoría del público, cual aves migratorias, habían cambiado de escenario. Era una lucha de David contra Goliat tan propia de estos mega-eventos.      

Fotos: Facundo Pousa

lunes, 6 de febrero de 2017

IKV y Turf armaron su fiesta personal

Dante & Emma (IKV)
La segunda fecha de la gira de conciertos de verano auspiciado por la compañía de telefonía móvil tuvo como protagonistas a IKV y Turf, además de las bandas soporte Los Mentidores y Superclásico.

PERSONAL FEST VERANO '17

Por Néstor Pousa

Con un show demoledor los Illya Kuryaki cerraron, el sábado 4 de febrero pasado, la escala cordobesa del Personal Fest Verano '17 con sede local en la Plaza de la Música, la amenaza de lluvia determinó el cambio de locación que estaba previsto al aire libre y en el Parque de las Naciones.
Finalmente no llovió y la plaza se vio repleta ante una oferta tentadora que antes de los Kuryakis, y para darle formato de festival a la reunión, programó tres bandas más. Como soporte estuvieron Superclásicos y Los Mentidores, esta última un combo de blues que cuenta en sus filas con el productor y bajista José Palazzo (pata local del Personal Fest en cuestiones de organización) acompañado por importantes músicos del blues local como Dani Guardia (voz y guitarra), Ivan Singh (guitarra), Fernando Ormeño (armónica), Franco Ronchetti (voz y guitarra) y Claudio Grimau (batería). 

El inquieto Levinton, voz y guitarra de Turf
A su turno el número de semifondo estuvo cubierto por Turf la banda que integran Joaquín Levinton, Leandro Lopatin, Nicolás Ottavianelli, Fernando Caloia y Carlos Tapia, reunidos desde el año pasado tras un largo parate. Una década es el tiempo que transcurrió desde la última presentación de Turf ante el público de Córdoba, un detalle que el cantante se encargó de remarcar en más de una oportunidad. Por eso era toda una incógnita ver el desempeño de esta banda, y la verdad es que lucieron en muy buena forma, con un show contundente, plagado de sus grandes éxitos, con sus reconocidas arengas anti-monogamia como: No se llama amor o Yo no me quiero casar y ud?; con letras de exaltación hedonista pero a la vez inteligentes como Casanova, Cuatro personalidades, Loco un poco, Pasos al costado y ese baladón que es Magia blanca. Y hasta los temas estreno, Kurt Cobain y La Canción del Supermercado, en la misma línea de las anteriores, fueron recibidas y ya funcionan como verdaderos hits, sin desentonar con el resto. Esas canciones formarán parte de un próximo disco de Turf con producción de Coti Sorokin. Por su parte el público cordobés sintonizó a la perfección con la propuesta de la banda y su inquieto cantante que se metió a los cordobeses en el bolsillo y los soltó cuando a él se le dio la gana. Diez años de no tocar en la segunda plaza más importante del país es mucho tiempo para una banda de rock & roll como Turf. Queremos verlos más seguido por aquí.

Cerca de las 22.30, puntuales y con una impecable puesta de sonido, luces e imagen, aparecieron en escena Dante Spinetta (look urbano: jeans cortados, remera cromática, tenis blancas, bandana que luego descartaría por gorra skater) y Emmanuel Horvilleur (cowboy glam: sombrero, gafas oscuras, chaleco, pantalón de cuero y botas tejanas rojas) y su banda, es decir los Illya Kuryaki and the Valderramas (IKV).
Sabido es que desde su reunión entregaron dos discos con temas estrenos de alta potencia, esos discos son Chances (2012) y L.H.O.N. (La Humanidad o Nosotros, 2016). Vale aclarar que el regreso de IKV no fue solamente para refritar éxitos anejos, sino con la intención de instalar un nuevo material que esté a la altura de lo ya conocido. Por eso la lista de temas para el compromiso en el Personal Fest 2017 rosó la perfección, un acabado balance entre los dos discos mencionados y el repertorio pre-disolución 15 años atrás. De “Chances” eligieron Ula ula, Funky futurista en medley con Yacaré, Helicópteros y Madafaka (con Matías Rada, guitarrista de la banda, cubriendo la parte de Molotov). De L.H.O.N. repasaron: Gallo negro, Hombre libre, Los ángeles (dos puntos altos de un show sin fisuras) y Ritmo mezcal (con anuncio de flamante video clip) pegado a África.
Entre los clásicos no faltaron los muy bailables Jennifer del estero y Coolo. De Chaco, uno de sus discos más célebres y revisitados, se escucharon además del tema epónimo, Abarajame (elegido este año como leit motiv del festival) y ese tremendo “fankazo” que es Jaguar House. Más una sorpresa llamada Da cosmos, “Esta canción es de Versus, disco que está cumpliendo 20 años”, destacó Emma en un arrebato revisionista.
Los IKV entregaron un set mortífero, rayano a la perfección. Ni siquiera el fallo en el equipo de guitarra que fastidió a Dante logró sacar de eje al concierto. Ese momento fue capitalizado por Emma que hizo subir a alguien del público a tocar percusión con ellos y así cubrir el bache. Fue una humorada a la cordobesa que quedó simpática.
Fluyendo con convicción cuando abordan el funk y el soul, y arrolladores cuando se ponen a rapear, los IKV repasaron historia y presente en un concierto memorable para un ciclo, el Personal Fest Verano '17, que ya es un clásico dentro de la ancha e inabarcable oferta festivalera del país. 

Agradecimientos:
Gustavo Arraigada (Relaciones Institucionales y Prensa - Grupo Telecom)
Sebastián Fissore - Tridente (fotos)


viernes, 3 de febrero de 2017

Kapanga: ¿La Falda quiere rock?

Kapanga con el Mono y Maikel en acción
LA FALDA BAJO LAS ESTRELLAS

Por Néstor Pousa

Kapanga de la mano de su frontman Martín Mono Fabio es un compendio de frases ocurrentes y guiños satíricos a otros músicos y otras músicas. Siempre basaron su propuesta y popularidad en ese rasgo único que desarrollaron como ninguna otra banda del rock nacional.  Musicalmente están tipificados como la banda de rock más cuartetera, o la banda de cuarteto más rockera, da igual, donde el bajo marca el tunga-tunga base del estilo cordobés por excelencia, mientras que Miguel de Luna Campos (Maikel) desde su guitarra tira unos riffs incendiarios propios de AC/DC.
Acumulan un repertorio respetable luego de 21 años de trayectoria que, según confiesan, ni ellos mismos pueden creer hasta donde llegaron. Por lo tanto es difícil predecir hacia donde van. Mientras tanto cada concierto desborda en una fiesta.
Los Kapanga, integrando la cartelera de La Falda bajo las estrellas, son de esos artistas que aportan un público propio al ciclo (otras que lo hicieron fueron Los Cafres y Los Pericos, en la temporada pasada), entonces la audiencia no está integrada únicamente por público ocasional que pasaba vio luz y se quedó. Kapanga tuvo la virtud de poner la noche del viernes en “modo festival” por la euforia de los cientos de kapangueros que se llegaron deliberadamente a presenciar el recital con el double-bonus de no tener que desembolsar ni un centavo por el ticket que era libre y gratuito y poder verlos muy de cerca, casi cara a cara. Bondades que ofrece este clásico evento veraniego.

Con todas las condiciones a favor, a excepción del sonido que no estuvo a la altura del espectáculo (increíble, si agregamos el dato de que la consola estuvo operada por el sonidista que viajó con la banda), el Mono y su gente desplegaron sin retacear todo su arsenal discursivo de bufones del rock, parodiando a Led Zeppelin en la intro de Rock, o gastando a Fito Páez con la letra de En el camino; así como simularon ser The Beatles en la portada del disco Un asado en Abbey Road de 1999. Los Kapanga no dejan títere con cabeza y no paran, tiran una tras otra en modo stand-up. Responsablemente advierten que el pogo al pie del escenario puede resultar riesgoso para niños y personas mayores que entonces optan por mirar desde más lejos. El Mono se irrita mal cuando alguien desde abajo acusa que le robaron la billetera. “A esos estúpidos habría que cortarle la mano como en China”, vocifera, y advirtiendo que se estaba pasando de rosca, se rescata: “Sonó re facho lo que dije, pero bueno, ¿no estuvo Hitler aquí”, convirtiendo la arenga anti-punga en una humorada más.

Al catálogo de grandes éxitos que repasaron: Ramón, Desearía, Universal y Fumar, este último con Miki Rodríguez (ex Los Piojos y actualmente viviendo en San Marcos Sierra) en el bajo y Tobías, hijo del Mono, en guitarra eléctrica; le sumaron títulos de Motormusica, su más reciente disco publicado en 2015. Se escucharon: Juntos, en el que toma la posta vocal Maikel; Mis amigos, que fuera grabado junto a Los Auténticos Decadentes, y Motormusica. El tema que titula la placa demuestra que también pueden componer en serio aunque no sean los que el público prefiera a la hora de poguear. Para eso están Me mata y El mono relojero, que aunque con el tiempo perdió su efecto contestatario (ya nadie se va a dormir a las 3 a.m. porque a algún gobernador de turno se le ocurra) sigue operando como un hit infalible.
“¿La Falda quiere rock?...”, espetó el Mono en el inicio del show. ¡Qué buena pregunta, Martín!... a solo dos meses y medio del regreso del célebre festival faldense.   

Fotos: Gabriel Hamie   

jueves, 2 de febrero de 2017

Contramano con Simmons, de lo mejor del ciclo

LA FALDA BAJO LAS ESTRELLAS

Por Néstor Pousa

Mauricio Martínez, guitarra y arreglos del Contramano Trío, pero además una especie de MC (Master of Ceremony) en cada presentación del grupo, se deshizo en elogios para presentar al invitado especial que tenían la noche de su presentación en el ciclo La Falda bajo las estrellas: se trataba del faldense hoy radicado en VCP, Daniel Simmons, a quien llegó a compararlo con Gardel. Más allá del brote de exageración del guitarrista, seguramente producto de su entusiasmo por la sinergia conseguida con el cantor, lo cierto es que Simmons posee un estilo muy personal y en sus dos entradas interpretó y el público aprobó de inmediato, versiones de tangos clásicos como lo son: Por la vuelta, Tinta roja, El último round (de Chico Novarro) y Como dos extraños. “Todos imitamos un poco al Polaco”, declaró alguna vez Cacho Castaña, y es cierto, pero a Simmons no se le nota.
A su turno, el trío en estado puro, el ya mencionado Martínez junto a Rodrigo Della Vedova (piano) y Jeremías Cassi (bajo eléctrico), demostraron que están en el punto justo de maduración del estilo de tango instrumental que intentan imponer. Mostraron versiones sin fisuras de un repertorio definitivamente consolidado, las que se pueden repasar desde su primer disco titulado Bajo Cuerda. Se destacaron con A fuego lento, una exigente partitura del Maestro Horacio Salgán (gran figura inspiradora de Contramano) con la que salieron muy airosos y hasta se permitieron jugar con un invento que bautizaron La Cumbionga, una yuxtaposición de ritmo de milonga con célebres melodías de la cumbia de producción nacional. Una prueba de habilidad para los bailarines (“Está prohibido bailarla como cumbia, porque es una milonga”, sentenció con firmeza Martínez) y también un desafío lúdico para que los escuchas traten de adivinar los títulos escondidos dentro del inesperado mash-up milonguero.

Dos certezas me quedaron de esa noche: que Contramano+Simmons deberían ya estar pensado en un disco en sociedad; y que La Cumbionga tiene que sacar credenciales oficiales en la próxima edición del Festival Nacional del Tango de La Falda. “El tango te espera a los 40, pero a nosotros nos llegó antes”, según Martínez. Y de eso se trata.

Fotos: Gabriel Hamie

miércoles, 25 de enero de 2017

Cosquín Folklore: una historia sin fin

Dino Saluzzi: pura inspiración
La magia de Dino Saluzzi, la chacarera de alto impacto de Horacio Banegas y la empatía de Raly Barrionuevo alumbraron el inicio de la edición 57. El bandoneonista salteño recordó en malos términos su paso por La Falda.

COBERTURA

Por Néstor Pousa

Asombroso e inabarcable este Festival Nacional de Folklore de Cosquín que transita sin sobresaltos su edición número 57, desde aquel 1960 de la inauguración. Un ciclo que escribe sus páginas en la Plaza Próspero Molina, por donde pasan las más variadas expresiones musicales del género. Pero que se magnifica y amplifica en cada uno de sus desprendimientos satélites, muchos de ellos no menos importantes, como el Pre Cosquín para los nuevos valores que se desarrolla en las semanas previas y acumula 46 temporadas; la 51° Feria Nacional de Artesanías y Arte Popular “Augusto Raúl Cortázar” en la plaza San Martín; el 16° Encuentro de Poetas con la Gente, las muestras y talleres culturales y los espectáculos callejeros en la Plaza San Martín y los balnearios; sin olvidar la cantidad de peñas que bullen en cada rincón de la ciudad. Este vasto programa, que se presenta como imposible de cubrir en su totalidad, transforma a este evento en único, en una maquinaria que se fue agigantando año tras año a lo largo de casi seis décadas, gracias al espíritu emprendedor, la convicción y la constancia. Siempre la constancia.

Tras los fuegos de la primera noche de enero, el sempiterno Himno a Cosquín y las evoluciones estéticas del Ballet Camín, el encargado de abrir la edición de este año fue el notable músico salteño Dino Saluzzi, una de esas figuras de nuestra música popular argentina y mundial que brillan por su estrella propia y tan distinta a las demás. No sé si el dato es tan exacto, pero dicen que 30 años nos separan de su última presencia en esa plaza que albergó a tantos músicos del folklore y en algunos casos, estilos afines y no tanto. Treinta años es demasiado tiempo para dejar pasar un artista de la envergadura de Saluzzi, y se me ocurrió pensar en otros que no tuvieron la posibilidad de hacerlo, por ejemplo Luis Alberto Spinetta (en estos días se cumplió un nuevo aniversario de su nacimiento). ¿Cómo puede ser que Spinetta y Cosquín Folklore, o viceversa, nunca hayan confluido en algún momento de sus vidas? Y así tantos otros, pero fueron muchos más los que sí estuvieron, como Dino Saluzzi que un día regreso para ofrecer un concierto apertura de una calidad insuperable acompañado por un quinteto de guitarra, saxo/clarinete, bajo, batería y bandoneón (el suyo), un combo en donde el denominador común es el apellido Saluzzi. Y un repertorio exclusivamente folklórico pero al estilo que sólo el salteño puede abordar, una mezcla de jazz contemporáneo y folklore (jazz&folk) de inimitable factura.
Muy pocas palabras durante la función pronunció el bandoneonista, solamente se manifestó agradecido por el honor de protagonizar la apertura y luego cuando rindió homenaje a Atahualpa Yupanqui y Mario Arnedo Gallo: “Dos monumentos de la historia musical argentina”, diría.

Luna de Primera. En la noche inaugural se esperaba por Orellana-Lucca, que estrenaban su chapa de consagración en la edición anterior, Los Amigos del Chango (tras el legado  de Farías Gómez), José Luis Aguirre (¿Consagración 2017?), Horacio Banegas, ovacionado por sus chacareras de alto impacto auditivo, Luciana Jury, el Ballet Folklórico Nacional, Postales de Provincia (San Juan) y el cierre de Raly Barrionuevo. El nacido en Frías que subió al escenario a las dos de la mañana para cerrar la primera noche, ejerce una atracción diferente a la de otros ídolos. Podría definirse como un fanatismo calmo, sin histerias, ni estridencias, más cercano a la empatía, sin dudas producto de su propia personalidad ensimismada. Igual el tipo sabe cómo entrarle al público de Cosquín, que no es cualquier público, y eligió para empezar su show con Zamba y acuarela y con ese gesto el universo coscoíno ya estaba rendido a sus pies. Siguieron, con la banda, Alma de Rezabaile, Un pájaro canta, El olvidao, El gato del festival, Chacarera del sufrido, La de los angelitos, Luna cautiva y Famatina (acompañado por los Toch), con esa alternancia para bailar y hacer pensar que solo el Raly puede conseguir.
Así como despacharse con una versión extendida de reggae psicodélico en Niña Luna y mandarse con la hiper-rockera y eléctrica Hasta siempre Comandante en la propia cara de los que reniegan de un género que tanto público joven le acercó al folklore.
“Cosquín es una historia que parece no tener fin”, dijo sobre el final, con una parsimonia en la que se intuía algún gesto de cansancio producto, quizás, del vertiginoso ritmo de trabajo estival, pero que de ninguna manera le impidió ofrecer un espectáculo intenso y a la vez emotivo. “Este es el Cosquín que siempre soñamos desde que éramos niños”, concluyó antes de despedirse con Cuarto menguante.

Preso por tocar una zamba. Dino Saluzzi había decidido esquivar la conferencia de prensa con los medios acreditados luego de su elevadísimo show en la primera noche de Cosquín. Entonces el cronista fue en busca de la nota, cruzó al salteño ni bien dejaba el escenario rodeado por un séquito de asistentes, músicos y demás personas. El cronista lo encaró, le estrechó la mano y le recordó una historia de más de tres décadas, la que cuenta de su paso por el Festival Argentino de Música Contemporánea de La Falda de 1981, cuando por una audaz idea de Mario Luna (organizador) fue convocado para integrar la grilla en la misma noche que tocaban Almendra, León Gieco y Rubén Rada, entre otros. "Esos de Almendra son unos hijos de puta, canté una zamba y me metieron en cana, son traidores a la patria", fue la respuesta textual y seca de Saluzzi a este cronista. Una percepción bastante alejada de lo que en realidad sucedió, pero no hubo margen para el debate. No esta vez. Y tal vez nunca lo haya para este músico de 81 años que le cierra creer que fue preso por tocar una zamba.

martes, 17 de enero de 2017

Raly Barrionuevo: paisano vivo

El santiagueño afincado en Unquillo, The Greets, Planeador V y los locales Huaucke, Rizoma, Notakustica, Malentendidos y Basic Talk, animaron la primera quincena del ciclo faldense.

VERANO / LA FALDA BAJO LAS ESTRELLAS 2017

Por Néstor Pousa

Raly toma su guitarra con cuerdas de nylon y se manda con una versión de Ey Paisano, ese collage sonoro donde rapea aspectos de su niñez, principios y luchas. La canción es un revulsivo de actualidad para tocar con banda completa, pero esta vez se la banca solito rasgueando su guitarra.
A continuación se incorporan Sebastián Sayes en bajo y (el enorme) César Elmo en batería y percusión, y en formación de trío largan con el primer chacarerazo de la noche con La Telesita (Alma de rezabaile). Recién entonces se unirá el resto de la banda: Cci Kiu (teclados, violín y voz), Edgardo Castillo (guitarra, vientos y coros) y Mauricio Páez (guitarra y coros), para tocar Un pájaro canta, en honor a Jacinto Piedra.
Así fue el comienzo del concierto de Raly Barrionuevo la noche del domingo 8 de enero para poner en modo inicio una nueva entrega del ciclo La Falda bajo las Estrellas.
Como era de esperar, el santiagueño radicado desde hace muchos años en Unquillo, Córdoba, no ofreció un concierto folklórico, al menos no, en el sentido estricto de la palabra.
Raly se da esos gustos cuando no está condicionado por el entorno de una peña o no es un festival de folklore el contexto. Entonces echa mano a su vasto y variado repertorio y se da todos los gustos.  Puede volverse zamba todo el tiempo que quiera y entregar clásicos como Zamba de usted, Luna cautiva y De mi madre, evocando al Chango Rodríguez, pero en ese estilo zamba-balada que caracteriza al nacido en Frías. Notable momento de introspección para un público que en buena cantidad aspira a llenar de mudanzas el aire y que no se priva de ello en las zonas francas que espontáneamente se abren para el baile.
El olvidao y Circo criollo encienden aún más las almas y los cuerpos, pero Raly no pierde nunca la calma y esa forma tranquila de hablar. Y de hablar lo justo y necesario aunque convenga hacer los contrario.
“Esta canción hace tanto que la canto que muchos piensan que es mía”, dice con gesto cómplice hacia el público, antes de largar con Hasta siempre, Comandante (letra y música del cubano Carlos Puebla), la que va dedicada al Che Guevara y uno de los momentos definitivamente más rockero de la noche con Raly pulsando su Telecaster multicolor.
Pero todavía habrá más en un show de factura larga y sin concesiones. Entrega la sutil Cuarto menguante y la Chacarera del exilio. Sobre el final agitará la pista de baile con un par de chacareras más: La de los angelitos y Chacarera del sufrido. Zamba y acuarela marca el esperado final romántico. Y con Somos nosotros escribirá con tinta indeleble su posición sobre la tala indiscriminada de los montes, anticipándose a un extenso comunicado de prensa que publicó en su cuenta oficial de facebook algunos días después, en donde entre otras cosas expresa: “El monte nos enseña, todos los días alguna lección nos da, nos purifica el alma y el camino. Es por eso, señores, que para arrasar con el monte que nos queda, digo, tendrán que mirar a sus hijos a la cara y luego pasar sobre nosotros”. Es el Raly autentico que todos esperaban encontrar.    

Promesas de zamba. En la noche de Raly Barrionuevo fueron los Huaucke los que le pusieron los sonidos previos a la velada continuando con la presentación de su primer opus Te prometí una zamba. En la línea de los grandes dúos folclóricos (Dúo Salteño y Coplanacu), los locales Pehuen y Juan Godoy, integrantes de Huaucke, tienen por delante una fecha clave, ya que ocuparán el horario central de la octava luna coscoína el sábado 28 de enero en la Plaza Próspero Molina en el festival mayor que el año pasado los distinguió como revelación.

El legado de Cerati a buen recaudo. Fue sorprendente el recibimiento que tuvieron los Planeador V en su primera visita a La Falda (sábado 14 de enero). La banda con origen en la ciudad de Córdoba rinde tributo al catálogo Cerati en sus versiones solista y Soda Stereo. Es necesario acotar que llevan 10 años de actividad con lo cual puede descartarse de plano cualquier supuesta intención de aprovechamiento de la ausencia del notable músico. Ellos empezaron con su homenaje mucho antes de aquel fatídico 15 de mayo de 2010, el día en que empezamos a perder físicamente a Gustavo.
Las versiones son muy respetuosas cuidando detalladamente cada sonido del original. La banda, un sexteto, suena con convicción y la voz del cantante se asemeja un toque al timbre de Cerati pero sin caer en la imitación burda. Tampoco, y afortunadamente, hay un look ex profeso. Es que el repertorio es tan categórico que permite al público soñar con los ojos abiertos mientras escucha a Planeador V. Algo de eso pasó en La Falda y por momentos fue mágico.

Es tiempo de covers. Desde nuestros “viejos” conocidos, los geniales de The Greets con sus inspiradas reinterpretaciones de temas de Los Beatles, Stones, más algunos temas propios; pasando por los debutantes Basic Talk, los capillenses Rizoma (clásicos internacionales, ganadores de La Estrella sos vos 2016) y los faldenses Malentendidos (clásicos de Rock Nacional), la primera quincena del ciclo La Falda bajo las Estrellas se llenó de música y canciones por todos conocidas.
Solamente los faldenses NOTAKUSTICA desafiaron la tendencia presentando exclusivamente sus propias canciones sin caer en la tentación de arengar a sus seguidores con “una que sepamos todos”. La banda que reúne a Lautaro Santos, Julián Fauda, Ema Romo, Gusty Abregú, José Hormaeche y Leo Aguirre, continúa difundiendo las canciones de su primer álbum llamado “Imaginar Triangular” que a fuerza de tanto tocarlos, algunos ya son recibidos como verdaderos hits.

Fotos: Gabriel Hamie - Cubo Media

viernes, 6 de enero de 2017

Andrés Calamaro: de rock y juventud

Sobre fin de año el Salmón presentó “Volumen 11”, el disco más rockero de su carrera solista, pero también muchos discos en uno solo. ¿Destino de obra maestra? Aquí nuestro comentario.   

NOVEDADES

Por Néstor Pousa

Cuando 2016 ya se despedía Andrés Calamaro lanzó el que amenazaba ser el disco más rockero y valvular de su prolífica carrera solista. Pero a decir verdad es mucho más que eso, es varios discos en uno, aunque su portada nos insinúe un equipo de guitarra vintage y el título elegido, Volumen 11”, nos remita sin demasiadas vueltas a This is Spinal Tap, el falso documental de Rob Reiner de 1984 que explora la carrera de una banda de heavy metal.
El disco realmente empieza rockero con Apocalipsis en Malasaña, un inesperado trash metal inspirado en el bar El Palentino de Madrid. Calamaro saca provecho de los notables instrumentistas -una larga ficha técnica lo respalda- para concebir un disco ecléctico y versátil que del rock duro puede pasar a un delta blues titulado El huevo y la gallina en el cual Andrés se atribuye todo: autoría, voz, coros, guitarras y armónica.
Podría decirse que este es un disco blusero si además anotamos Tan triste no es el blues y Hasta el cielo, este con un guiño a Pappo; además de las versiones de Como el viento voy a ver (Spinetta/Pescado Rabioso) y Blues de Santa Fe (Pappo’s Blues). Pero no son esas las únicas versiones de clásicos que eligió el Salmón para este álbum cumbre, y tan luego sorprende con Mareo, aquel bolerazo de Babasónicos. Entonces también se dirá que es un disco de versiones que incluye, a modo de muestra de lo que fue su gira acústica Licencia para Cantar, la tonada tradicional mexicana Que te vaya bonito.

Pero un Andrés autentico nunca reniega de un hit, y ese lugar lo ocupa La noche, primer corte de difusión y vídeo clip de Volumen 11. Uno de esos hitazos de combustión instantánea gestado junto a Cachorro López en el rol de productor artístico, amigo y estrecho colaborador del autor. Una sociedad que es una usina de temas con destino de alta rotación, como el nombrado.
Pero hay un hit que se las trae. Que camina lento pero seguro al olimpo de los grandes clásicos del Rock en Castellano de todos los tiempos. Se llama Rock y juventud, una letra melancólica sobre un loop de percusión hipnótico que te envuelve lentamente. Casi un tango moderno y una de las joyas del álbum.        

Volumen 11 es un disco inesperadamente extenso para su época, que desnuda las obsesiones de su autor: la noche, la soledad en estado adulto, la cultura rock, la juventud que languidece, los amigos que se fueron primero. Un disco que por momentos aparece luminoso y en otros oscuro y opresivo, como si se tratara de una secuela de El Salmón.
“Mi propio panorama se presenta complicado, retirado en mi head-quarter suburbial”, escupe en El huevo y la gallina, para luego en el estribillo apuntar: “Si no hay que peinar, no peinamos”. O cuando acepta: “Y dormitar, con la cuchara que se cae y te despierta, para seguir” (Frío y barro, 2ª parte). Un lenguaje plagado de jerga para el que lo sepa entender. Y los colores de un arte de tapa que, por casualidad o deliberadamente, repiten los de una caja de clonazepam (?)

“No escribí Cazador de ateos para provocar al colectivo de defensores extremos de los animales”, posteo Andrés en su cuenta oficial de twitter a modo de aclaración, cuando el texto de ese rap lento y provocador dice, entre otras cosas, “Me río a carcajadas de la compasión con animales. Tienen razón la vida humana no vale ni un centavo”, avivando una vieja polémica por su militancia torera. Más el homenaje a su patria sustituta como España (Pánico en Benidorm).

En definitiva, AC clavó al ángulo y en tiempo de descuento de un año con la batería en rojo un álbum con destino de obra maestra, que marcha con certeza a convertirse en el mejor del año.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Antihéroe: canciones medicinales

“Antihéroe” es el título del debut solista de Juanjo Ceccón, músico cordobés nacido en Arroyito. Una lista de canciones con vocación de hit y claras referencias al rock argentino.   

ESCUCHANDO DISCOS

Por Néstor Pousa

Hello hippie! es la frase con la que Juanjo Ceccón rompe el silencio en Antihéroe, su álbum debut de carácter solista lanzado durante 2016.
Juanjo nació en Arroyito, pero actualmente vive junto a su mujer Noé y sus hijos Francisco y Malena en Rafaela, Santa Fe, y desde allí defiende y impulsa Antihéroe, un puñado de canciones con claras referencias al rock & pop rosarino de los 90’s, a Fito Páez y a los cordobeses de Proceso a Ricutti, entre otras influencias.
Ceccón siente debilidad por la emblemática banda cordobesa que lideraban el Hueso Horsmann y Tincho Siboldi, y como testimonio escribió la canción Mamá está en la cocina que, además de su provocador título con doble sentido, se despacha con frases para nada complacientes, como: “Nos duele la derrota en clave de rocanrol, lo que pasa es que ya estamos hartos que nos pongan cuarteto”, con un estilo que remite directamente a Danza Mogo de los Ricutti, un disco fundamental del rock de Córdoba. Y Ceccón no oculta esa influencia, sino que por el contario la expone cuando revela que: “Danza Mogo es uno de mis discos de cabecera”.

Varios estilos atraviesan la placa. Ritmos latinos en Los lunes, una canción que bien podría haber compuesto Santana. La versión piano-man, a la manera de Elton John, Charly García, Lerner o el Miguel Mateos de “Rockas Vivas”, se destacan en Kamino y Cuando el invierno llegue.
Ciegos en la terraza es una canción que se banca dos versiones en las antípodas, una de aires folklóricos con el tucumano Sergio Facundo Quiroga en segunda voz; y la otra definitivamente rockera.
Entre los más destacados está La camilla, un rock and roll que devela la fobia que experimenta su autor por los hospitales (“Tengo pánico a los hospitales, por eso traté de tomármelo con humor”, confiesa). Y eso se refleja en varias de las letras, aunque en ninguna como en la enunciada. Y aparecen más temas con vocación de hits como Telegrama y La marcha nupcial. En todos queda claro el énfasis que este músico de 32 años le pone a los textos, aquí documentado en un puñado de canciones escritas durante los últimos catorce años y que recién ahora, luego de girar como miembro de diferentes bandas, se animó a recopilar y mostrar en rol solista.

Antihéroe, la que con aires Beatles titula el disco, es una canción dedicada. “Empecé a tocar la batería a los doce años gracias a mi tío Pato Ceccón, un entrañable ser humano que bien podría haber formado parte de algún guion de Woody Allen”, refiere. “En su dormitorio lleno de libros, música y películas, armamos su bata y a fuerza de voluntad y discos de lo más variopintos -cita- Piano Bar, Peperina, Canción Animal, Sinchronicity, The Wall, comencé a dar mis primeros pasos”.
Es por eso que Juanjo le dedicó todo el disco, pero principalmente esta canción a su tío Ricardo que murió hace ocho años. ''Nadie se pierde del todo, nadie se va porque sí'', escribió como forma de despedida y duelo.
Al rock actual le están haciendo falta letras inteligentes e irónicas como las que aporta Juanjo Ceccón, aunque sin descuidar, ni renegar de la melodía, ni temerle a la canción pop con destino radial o televisivo.
Con Antihéroe pueden pasar dos cosas: que sea reconocido en tiempo real como uno de los mejores discos del año, o que en un futuro mediato sea reivindicado por algún ensayo revisionista. De las dos opciones la que le haría más justicia, sin dudas, es la primera.-  


domingo, 11 de diciembre de 2016

Polen: siguiendo los pasos del maestro

Una auténtica veta spinetteana florece en “Polen”, el tercer disco de 4° espacio, banda que lideran Daniel Ferrón y Matías Camisani. Aquí una aproximación a ese trabajo  

ESCUCHANDO DISCOS

Por Néstor Pousa

Daniel Ferrón fue, hasta los últimos días de Luis Alberto, un compañero inseparable, un amigo con quien cenar, escuchar música, mirar películas y charlar sobre literatura. Espontáneamente cubrió el rol de chofer personal en los ajetreados días de ensayo y realización de ese monumental y maratónico concierto de Las Bandas Eternas, en el que Spinetta recorrió y celebró toda su trayectoria musical y discografía.
No resultó extraño que cuando hubo que reemplazar al ex Almendra Emilio del Guercio (bajo) en un grupo alternativo que tenía Luis con su otro amigo y ex Almendra Rodolfo García (batería), pensará en Dani para cubrir el lugar del bajista.
Esa banda que se llamó Los Amigo -nombre surgido de una ocurrencia de la Vieja Aníbal Barrios, asistente y otro de los hombres inseparables del autor Muchacha- tenía los miércoles como día de ensayo, y de esas sesiones surgió la obra póstuma Spinetta - Los Amigo, que se llevó el último Premio Gardel y nominación para la reciente entrega de los Grammy Latinos.

“Cuando me buscaron para tocar con ellos pensé que se habían terminado todos los bajistas del mundo”, manifestaba con humor Daniel para graficar la sensación de incredulidad que le produjo el hecho de ser convocado a tocar al lado de su principal referente musical de toda la vida. Esto me confiaba en octubre pasado, durante su última visita a La Falda como miembro estable de la banda de Jairo, músico al que acompaña desde hace nada menos que 23 años. Pero Daniel, quien recientemente se sumó como guitarrista rítmico a la banda de David Lebón, también encabeza su propio proyecto musical con 4° espacio, banda en la cual comparte liderazgo con Matías Camisani.
Con 4° espacio acaban de editar su tercer disco titulado Polen, grabado íntegramente en el estudio de Camisani, los dos anteriores fueron concebidos en La Diosa Salvaje, la casa-estudio de Spinetta. Con todo el historial citado no sorprende que Polen remita directamente a un sonido de corte marcadamente spinetteano, condición que indudablemente corre por la sangre de la dupla Ferrón-Camisani.
Las letras, los timbres vocales, los sonidos y los guiños a Pescado Rabioso, Spinetta Jade o alguna de las tantas encarnaciones solistas de Luis conforman una paleta de influencias que llegan a intervenir, sin invadir, un sonido que es propio y personal de la banda.

4° espacio lookeados by Rayosan
Tampoco entonces sorprenderá el buen gusto y la exquisitez que se manifiesta en cada pista de Polen. “Es rock argentino”, según definía escuetamente Ferrón en su reciente visita, para explicar por dónde iban las canciones, entre las que se destacan -y algunas hasta piden pista en la carrera de hits-  Fue, una bella balada de guitarra acústica y slide. Una guitarra distorsionada domina la acción en Fuego de ayer; mientras que en Pronóstico aparece como invitado un ex Jade como Juan del Barrio en teclados y sintetizadores. Otoño es otro de los momentos a mencionar, y casi cerrando el trabajo Rojo eléctrico y Solo la canción aportan buenos arreglos y pulsión rockera, respectivamente, y no está mal para un disco que no admite puntos flojos.
Acompañan a Daniel Ferrón (voz, bajo, guitarra acústica y eléctrica) y Matías Camisani (guitarra eléctrica, acústica, slide y tambura), Gustavo Horche en batería y, aunque no grabó en el disco, Gabriel Améndola en guitarra completa la banda. Pero además hay una larga lista de músicos invitados.

Alguna vez lo escuché a Spinetta refunfuñar sobre la tan mentada influencia que ejerció en las nuevas generaciones de músicos de rock argentino. “Yo escucho algunas bandas que, la verdad, no veo que las haya influenciado demasiado”, aseveraba frunciendo el ceño. No obstante si hubiera escuchado Polen el Flaco se sentiría satisfecho y reconfortado. 

lunes, 28 de noviembre de 2016

Black Sabbath: el principio del fin

Fotos: Juan José Coronell
La banda de Birmingham ofreció un concierto histórico en Córdoba con el que están cerrando una larga carrera de casi 50 años. Fueron pioneros del rock pesado junto a Led Zeppelin y Deep Purple.  

RECITALES DE COLECCIÓN

Por Néstor Pousa

El concierto que ofreció la banda inglesa Black Sabbath en el Orfeo de Córdoba el miércoles 23 de noviembre pasado admite la etiqueta de histórico por varios motivos. Fue la primera actuación en tierras cordobesas de la banda que lidera el legendario vocalista Ozzy Osbourne. Se completó con su llegada, al menos parcialmente, la asistencia de las tres bandas que dieron origen mundial al rock pesado, antecedente directo del heavy metal. Ya habían pasado por esta plaza Deep Purple, la que acredita mayor cantidad de presencias aquí, y, a falta de Led Zeppelin, su cantante Robert Plant ofreció un concierto inolvidable en la misma arena que ahora lo hizo Sabbath, completándose así la trilogía soñada.
En los tres oportunidades pudo verse en acción, en algunos casos con cierta disminución de las notables condiciones vocales que supieron exhibir en otras épocas, a sus tres cantantes fundamentales: Ozzy (Sabbath), Ian Gilan (Purple) y Plant (Zeppelin).
A favor de la fecha reciente, solamente Black Sabbath aún conserva en sus filas a su guitarrista fundador, el mítico y notable Tony Iomi (Ozzy nos desburró al pronunciarlo “Aiomi”, como corresponde a la fonética inglesa).
Como si todo esto fuera poco, la gira que los depositó aquí por primera vez será también la última, no es por una cuestión apocalíptica que se llama The End Tour, cerrando una larga carrera de casi 50 años en donde sentaron las bases del mundialmente reconocido rock pesado que tuvo su correlato en Argentina a partir de los años 80’s con bandas como Riff y V8.

Sabbath encara esta gira con la mayoría de sus miembros fundadores. A los ya nombrados Ozzy y Iomi hay que sumar a Geezer Butler, un tremendo bajista con sus condiciones intactas tal como se pudo apreciar. De los cuatro miembros originales, solamente Bill Ward decidió bajarse de esta parte de la historia de la banda, debiendo ser reemplazado por el estadounidense Tommy Clufetos, una bestia a bordo de su batería de doble bombo, la exacta combinación de potencia, control y sutilezas a la altura de la leyenda que acompaña. Adam Wakeman, uno de los hijos del célebre Rick Wakeman (Yes), es el quinto integrante a cargo de los teclados y guitarra rítmica.
Se puede entender entonces la excitación que en las horas previas manifestaba la fanaticada cordobesa, una franja etaria atravesada por varias generaciones a los que hay que sumar adeptos a la música rock que sin ser avezados conocedores del género pesado entendieron de que iba la cosa y dijeron presente en un concierto único e irrepetible. Es decir: estábamos todos. O casi.

Lo de la puntualidad inglesa no es un mito y luego de que los cordobeses de Hammer y los californianos Rival Sons cumplieran a la perfección en su rol de bandas invitadas a la fiesta, casi con la exactitud anunciada, en la enorme pantalla de video dio comienzo la función con la proyección de imágenes de alto impacto en una simbiosis pocas veces vista con los sistemas de luces de escenario. Un mundo en deflagración y el alumbramiento amenazante de una criatura alienígena fue el preámbulo que contrastó con la entrada al paso y con calma de los protagonistas principales que acometieron con los acordes sombríos del tema epónimo e inaugural titulado Black Sabbath, con Ozzy entonando y balanceándose como un poseso de ojos híper delineados.

Sabíamos a esa altura que la lista de temas estaba enfocada en la época iniciática de la banda, un poco más de un lustro inaugural (1970-1976) que dejaría un legado admirado por varias generaciones. Luego de esos primeros compases vendría una descarga fulminante: Into the void, Snow blind, War pigs, Behind the wall of sleep, Iron man, Dirty women, entre otras, con la banda sonando visceral y desde las entrañas como si recién empezarán una historia que en realidad está bajando el telón. Párrafo aparte para Clufetos, percusionista como pocos, protagonista de un alevoso solo de batería de más de 10 minutos como hace mucho no se escuchaba en vivo. Podrá endilgársele que es extemporáneo o innecesario, pero al género le viene bien por momentos volver a las fuentes.
No tenían pensado ofrecer ninguna canción de 13, de ese excepcional último disco de estudio que lanzaron en 2013 sólo se escuchó Zeitgeist, reproducido en playback por los altavoces acompañando la salida del público cuando una hora y media después todo había terminado.

Aún con precios de tickets prohibitivos para el bolsillo-medio-argentino (había que desembolsar casi $3000 por un lugar en el campo) los fans cordobeses dijeron presente en buena medida al concierto final de una banda fundamental que de antemano sabíamos no volveríamos a ver en vivo. Los últimos acordes de Paranoid, único bis en la lista, nos hicieron caer en esa indiscutible realidad.

Fotos: Juan José Coronell
Fecha: Miércoles 23/11/2016
Lugar: Orfeo Superdomo Córdoba
Asistencia: 6000 personas