jueves, 25 de julio de 2019

La Falda Tango, transición y despues

Ariel Ardit

La Falda cerró la edición número 36 de su festival nacional con un formato recortado a dos noches, forzado por el ajuste. Igualmente la jerarquía del evento no decayó gracias a un desfile de artistas consagrados y valores locales.

LA FALDA TANGO 2019
 
Por Néstor Pousa

La reciente edición del Festival Nacional del Tango de La Falda, en su edición número 36 que acaba de finalizar, fue vivida por el equipo de producción como un fin de ciclo, como quien termina el último año de la secundaria con amigos a los que tal vez no vuelvas a ver. Este sistema de producción y financiamiento municipal con el que se sostiene el ciclo, que a períodos regulares de cuatro/ocho años obliga a un lógico recambio de gestión, hace entendible esa sensación agridulce en un equipo de gente numeroso y compacto como el que tuvo a su cargo el festival durante el período 2011-2019. Sentimiento que se percibía a flor de piel en el back stage y que atravesaba la cuarta pared del escenario cada vez que alguno de los artistas manifestaba su agradecimiento a un staff que desarrolló músculo en los rubros de logística y organización, que construyó una empatía inusual con aquellos, y ya empezaban a extrañar ese trato personalizado y preferencial del que habían gozado todos estos años.
Este efecto cíclico tiene por contrapartida la incertidumbre de saber que va a pasar en el futuro con este evento que consiguió una saludable regularidad en las recientes dos décadas de vida, pero que también conoció los sinsabores de las permanentes interrupciones, una discontinuidad endémica de la que no escapó ninguno de los eventos artísticos locales, por más importantes y transcendentes que estos fueran. Y vaya que el encuentro tanguero lo es. El Festival Nacional del Tango de La Falda es mucho más que un espectáculo, con sus 54 años de historia desde su fundación, es una carta de presentación para la ciudad, tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo, por lo bajo y los pasillos, algunas voces ya empezaron a poner en duda su continuidad luego de la transición. No me voy a sumar a esa corriente mal intencionada, porque si nos retrotraemos a los inicios de esta gestión que está por concluir recordaremos que algo similar ocurrió. Hubo en aquel momento reuniones con delegados de las subsedes tangueras preocupados por saber cuál sería su futuro. Consultas de colegas que aseguraban tener el dato certero de que no continuaría. Pero siguió, y con un éxito renovado.
Este coro de voces desalentadoras encuentran su mejor caldo de cultivo en este contexto, lo que nos lleva reflexionar si no sería el momento de fundar una comisión permanente para la organización del ciclo, no dependiente del cambio de mandatario de turno, donde puedan volcar su experiencia todos los que durante estos últimos años tuvieron algo que ver con la producción artística y ejecutiva.
 
Osvaldo Piro
Mientras tanto la edición que acaba de finalizar, y que a priori parecía que iba a ser atravesada por la epicrisis de unas arcas municipales que no estarían pasando por su mejor momento, resultó estar a la altura de las anteriores y con todo el fulgor de un plantel de estrellas de calidad indiscutida.
En lo organizativo respetó la matriz de los últimos años: un elenco plagado de nombres consagrados que fueron habitués en la grilla, los valores locales que emergieron de este mismo festival y el matiz de alguna novedad inesperada, por lo general un artista no-tanguero. Este año fue el turno del notable armoniquista Franco Luciani.
En la lista de consagrados dieron el presente, por orden de aparición, Raúl Lavié, nombre repetido pero imprescindible y vigente. Presentó al misionero Franco Zacarías (22 años recién cumplidos) que compartió buena parte del set con su padrino artístico. Luego, en rueda de prensa, el Negro dejaría un concepto concluyente: “El futuro del tango necesita ser audaz como alguna vez lo fue Astor” (sic).

"El futuro del tango necesita ser audaz como alguna vez lo fue Astor" (Raúl Lavié)

Esteban Morgado, con asistencia perfecta, al frente de su cuarteto prometía la presencia de María Graña, en un dueto muy esperado que no obstante no llegó a concretarse por una indisposición de último momento de la excepcional cantante (faringitis fue la versión oficial). Entonces el guitarrista sacó un as de la manga, convocó a Karina Levine, intérprete marplatense que arribó a La Falda como público y se encontró con el privilegio de pisar por primera vez el máximo escenario tanguero.
Ariel Ardit cerró la primera noche con una performance a la altura de sus credenciales. Inspirado por cierto ánimo celebratorio, este año cumple 20 años de carrera con el tango, repasó buena parte de su obra en distintos formatos, y locuaz como siempre, resumió su paso por las distintas ediciones del festival. A él se le acredita uno de los mayores momentos de tensión, la vez que deliberadamente excedido en su tiempo de actuación, el manager de escenario le bajó el telón a la orquesta. Un áspero cruce mediático con los organizadores le costaron dos fechas de suspensión y con su posterior regreso se redondeó una de las anécdotas más célebres de este período.

Contramano Trío & Lisette
La cartelera desbordaba de grandes voces y diferentes estilos, como la del faldense Daniel Simmons quien junto al nicoleño Leandro Ponte, el rosarino Martín Moine y el uruguayo Francisco Falco, cantores de distintas latitudes, fueron acompañados con solvencia por el Contramano Trío, conjunto estable del ciclo desde hace ocho años.
Jesús Hidalgo Trío, nuevo proyecto del ex integrante de Tango a tres bandas (Hidalgo-Genovese-Riera), el cantor nacido en Bragado justifica con su voz sus pretensiones solistas que cuentan con un disco de reciente edición, titulado Ese Abril.
Adriana Varela produce en sus directos una atmósfera propia. Aunque parezca vacilante toma el escenario con firmeza y autoridad, y con un estilo con obvias referencias al Polaco según todos (y a Rufino, según Soldán) le agrega ingredientes propios. Dos ejemplos de su solidez expresiva son las versiones de: Fuimos y Pompas de jabón, entre otras.
Omar Mollo se bajó de un avión que lo trajo desde Holanda el viernes, para tocar en La Falda el sábado. Sin tiempo de ensayo pero tocando de memoria con Diego Ramos (piano y dirección musical), Chino Molina (bandoneón) y Federico Maiocchi (contrabajo). “Son tres pero suenan como seis”, presume Omar, y tiene razón. Habla poco, agradece mucho y manda como trompada un clásico tras otro: Desencuentro, Afiches, Se tiran conmigo, Malena, Garúa, Tarde, Grisel, Pasional. Le recuerdo que se cumplen 15 años de su primera vez en La Falda Tango. “¡Viste! y todavía no se cansaron”, suelta.
La Orquesta Escuela Municipal de Tango de La Falda le ganó la pulseada a La Provincial, toda vez que la reducción a dos noches apuraba una decisión. Los dirigidos por Mauricio Martínez volvieron a entregar una performance de lujo con recambio de algunos integrantes que lejos de resentir el ensamble parecen haberlo potenciado. Danzarín, Octubre y una brillante versión de Adiós Nonino fue el repertorio elegido.
La otra gran orquesta es la que siempre pone en escena el Maestro Osvaldo Piro, un auténtico emblema de esta cita que pudiendo hacer la plancha con un repertorio chequeado, siempre elige estrenar e innovar, alumbrando el camino a las nuevas generaciones. Convocó las voces de Marcelo Santos y María Eugenia Acotto.
Un párrafo aparte merecen los artistas locales. Lourdes Galiano es una niña de apenas 10 años de edad que sigue sorprendiendo a un público que ya la conoce, fue acompañada por el trío de Carlos Nieto.

Carlos Habiague
El Contramano Trío en su fusión con la solista Lisette, fueron la gran novedad de este capítulo. Con apenas cuatro meses de ensayo, el trío que forman Mauricio Martínez, guitarra y arreglos; Rodrigo Della Vedova, piano y Jeremías Cassi, bajo eléctrico, unieron fuerzas con la cantante y bandoneonista en un hecho inédito para la ciudad y el ciclo. El futuro que tiene el nuevo cuarteto no tiene techo, la excepcional interpretación de La muerte del ángel, entre otras obras de grandes maestros, lo certifican.
A Carlos Habiague le cedieron el honor de cerrar el festival y eligió hacerlo con un espectáculo que, además de tango, recorrió ritmos españoles, italianos, afroamericanos, baile y un cuadro musical a dúo con su hermana Alejandra Habiague. El ortodoxo público faldense lo trata como un hijo dilecto al que le permite y celebra sus arriesgadas producciones muy cercanas al varieté.  

El tango del final. “Es el último festival de nuestra gestión”, sentenciaba el Intendente Cacho Arduh flanqueado por sus colaboradores directos: Diego Veliz (Turismo), Alicia Auferil (Cultura), Caro Amézaga (organización del festival) y Mabel Farías (Subsedes). Hubo intercambio de plaquetas de reconocimiento, voz quebrada en los discursos, lágrimas en los ojos y decenas de abrazos. Finalizaba una etapa y comenzaba otra.

sábado, 13 de julio de 2019

Contramano & Lisette: la fórmula para 2019

Foto: Daniel J. Jaworski
El trío de Mauricio Martínez, Rodrigo Della Vedova y Jeremías Cassi protagonizó una de las primeras fechas de “Tango Café”, evento que anticipa las galas del festival mayor. Presentaron un adelanto de lo que será su unión con Lisette.

FESTIVAL LA FALDA TANGO
 
Por Néstor Pousa

Cumpliendo con su rol de maestro de ceremonias de cada una de las veladas del ciclo Tango Café, Daniel Capdevila sin proponérselo spoileaba lo que era un secreto a voces. Esa noche, durante la actuación de lo que se anunciaba como un nuevo show de Contramano Trío en La Falda, seríamos testigos de un flamante ensamble tanguero de origen local, la unión de estos con la cantante y bandoneonista Lisette. Dos de los mejores proyectos surgidos del Festival del Tango durante la pasada década unían fuerzas en pos de una nueva propuesta llamada a ser la nueva consagración en la inminente edición del Festival Nacional del Tango de La Falda.
El ciclo Tango Café es una de las más celebradas actividades paralelas del padre de los festivales faldenses. Inaugurado en 2016, es uno de los preferidos de los tangueros que pueden realizar un recorrido por los bares de la ciudad incluidos en la programación y ver a algunos de sus artistas favoritos sin costo adicional por derecho de espectáculo.
En este ciclo los Contramano Trío siempre se florearon con participaciones de alto nivel interpretativo y abriendo el juego a invitados especiales. Es común que salón donde se presenten les queda chico y no son pocos los que, aun tomando la precaución de llegar con suficiente anticipación, se quedan sin mesa. Eso fue lo que ocurrió la noche del miércoles 10 de julio en Marco Polo, en una de las primeras fechas programadas.
Desde muy temprano el lugar se veía con su aforo desbordado. Muchos presenciaron la prueba de sonido y no había sorpresas, ni el presentador cometió una infidencia. En el espacio donde se emplaza el improvisado escenario tenía cuatro taburetes y cuatro instrumentos esperando por el trío de Mauricio Martínez (guitarra), Rodrigo Della Vedova (piano) y Jeremías Cassi (bajo eléctrico). El taburete extra lo ocuparía Lisette Grosso Schmid, pero para eso habría que esperar hasta el final del set.
Durante la primera parte el trío abordaría temas de su clásico repertorio, esos que ya tienen “en dedos” y que casi no les hace falta ensayar. La bellísima Nocturna (Julián Plaza) fue la elegida para romper el celofán. Enseguida llegaron Recuerdo, Tinta roja y Don Agustín Bardi, casi en el mismo orden que se encuentran en Bajo cuerda, disco publicado en 2016 y, a la fecha, el único que documenta el trabajo de trío.  Mauricio, ocurrente vocero del grupo, se entretenía entre tema y tema invitando al público a adivinar el título de cada obra interpretada, con resultado dispar por parte de la audiencia que a coro acertaba los obvios y hacía mutis con los menos conocidos.
Continuarían con otro de sus momentos clásicos. Es cuando no se deciden que vals tocar y entonces aparece un mashup entre Palomita blanca y Romance de barrio al que ellos le imponen el bizarro título de Romance de palomita.

“Siempre vengo a ver a mis sobrinos”, me confiaba Daniel Simmons desde la barra mientras apuraba un café. La relación entre Contramano y el cantor con partida de nacimiento faldense es de larga data y muy fructífera en términos artísticos, por eso, si está Simmons, seguro suba a cantar. También de memoria y sin ensayo previo salen: Como dos extraños y El último round, dos joyas del repertorio que a menudo revisan en conjunto. No se puede entender la omisión de este cantor de enormes dotes expresivas en la agenda de los Tango Café de este año, aunque sí está programado para el festival.
Mientras que, a dos pasos del escenario, a Lisette le costaba controlar su ansiedad por subir a tocar, el show seguía con su lista de temas previstos. Contramano se lucía con los instrumentales Taquito militar (Mariano Mores), Azul noche (Osvaldo Piro) y Libertango (Piazzolla). Notable como el trío aborda sin temblarle el pulso la obra de los grandes maestros y estilos tan eclécticos. En el caso de Libertango, Martínez marca tres y sacan una versión vibrante y con fibra rockera. Hay mucho trabajo en los arreglos y en sala de ensayo para que la química funcione.

Foto: Daniel J. Jaworski
Quedaba la milonga Corralera y el clásico Canaro en París para el final formal del show y que empiece a escribirse una nueva etapa del trío en formato de cuarteto junto a Lisette. Alguna vez lo soñé, la conjunción del grupo fogueado en las grandes ligas tangueras y que a puro talento y trabajo se ganó el privilegio de ser orquesta estable del festival de tango más célebre del país, con la niña-mujer que desde sus once años despertó la admiración de diversos públicos por su forma de cantar y tocar el “fueye”. Lo que mostraron en esa noche fue tan solo la premier, un pre-estreno o, como ellos dicen, un ensayo con público de lo que ocurrirá muy pronto en un ámbito mayor. Y la combustión fue espontánea con Quejas de bandoneón (qué mejor para presentarla), Desencuentro (Lisette sumó su voz), y un falso bis con La muerte del ángel. Otra vez Piazzolla y su inconmensurable obra, para que los cuatro músicos en semicírculo, como en un ensayo verdadero, mantengan el trance y nos conmuevan con una de sus mejores interpretaciones. Para comprobarlo, para colmarse, habrá que ver la función completa en la gala del próximo sábado 20 de julio en el Auditorio Municipal.

viernes, 14 de junio de 2019

Cincuenta años de rock, lado B

.Miguel Dente, Daniel Gaguine y Matías Recis lanzaron el segundo tomo de la enciclopedia que recopila “50 bandas argentinas fundamentales”. Esta segunda entrega comprende desde Los Redondos hasta Babasónicos.

LECTURAS DE ROCK
 
Por Néstor Pousa

A dos años de la presentación del primer volumen de la enciclopedia 50 bandas argentinas fundamentales, la terna autoral compuesta por Miguel Dente, Daniel Gaguine y Matías Recis lanzan 50 años rock lado B, la segunda y última entrega de la colección. La misma viene con prólogo de Walter Giardino (guitarrista, fundador y líder de Rata Blanca) y la responsabilidad editorial, como en toda la colección, corresponde a Ediciones Disconario.  
“Es un trabajo que demandó más de tres años de entrevistas realizadas por los periodistas Daniel Gaguine y Matías Recis –nos contaba Dente en oportunidad del lanzamiento del primer tomo– con testimonios exclusivos de más de doscientos protagonistas, entre músicos, técnicos, managers y productores. Yo me dediqué específicamente a la escucha y edición de los reportajes, al diseño y al trabajo de investigación adicional que completa cada uno de los capítulos. Aparece también analizado el álbum y la canción más representativos de cada grupo”, nos explicaba entonces.
El primer libro comprende desde Los Gatos hasta Sumo (período 1967-1985) pasando por una gran cantidad de agrupaciones notorias, como Manal, Almendra, La Pesada, Vox Dei, Pappo’s Blues, Pescado Rabioso, Sui Generis, Seru Giran, Riff, Los Abuelos de la Nada, Zas, V8, Memphis, Los Violadores, Virus y muchos otros. La idea general de la colección siempre fue mostrar lo más destacado del rock argentino, apuraba Miguel.
Este segundo volumen de reciente aparición, abarca el ciclo 1986-2001, con sus extremos demarcados por Los Redondos y Babasónicos, y en el medio capítulos destinados a Ratones Paranoicos, Rata Blanca, Attaque 77, Soda Stereo, Los Pericos, Fabulosos Cadillacs, Divididos, Las Pelotas, Hermética, Todos Tus Muertos, Los Visitantes, Los Rodríguez, La Mississippi, Auténticos Decadentes, Illya Kuryaki and The Valderramas, Los Piojos, La Renga, Caballeros de la Quema, Bersuit Vergarabat, Almafuerte, Viejas Locas, Fun People y Catupecu Machu. La obra se complementa con dos anexos, uno dedicado a “otras bandas y solistas” y otro con un completo registro sobre la “bibliografía del rock”.

“Era imposible soslayar la gran contribución realizada por estas bandas, además de los solistas abordados con anterioridad”, sintetiza Dente, quien es autor de las bibliografías enciclopédicas sobre las trayectorias solistas de: Luis A. Spinetta, Charly García, Pedro Aznar, Gustavo Cerati, Fito Páez, Litto Nebbia y Andrés Calamaro.
Consultado sobre cuál fue el criterio que utilizaron para la selección de las bandas que reseñaron en profundidad y cómo acordaron sobre el álbum más representativo de cada una de ellas, Miguel Dente es concluyente: “Los tres autores (Gaguine, Recis y Dente) somos de generaciones diferentes, treinta y pico, cuarenta y algo y cincuenta y tantos años cada uno. Las discusiones fueron arduas porque hay grupos importantes sin tanto material editado y otros con mucho recorrido que no llegaron a estar presentes en el libro. Por eso en cada capítulo abrimos la puerta a ‘sub-bandas’ con cierta afinidad estilística y que figuran en el anexo, así como también aquellos solistas destacados. En cuanto a los discos sucedió algo similar. Votábamos los tres, a veces coincidíamos y otras no tanto. Principalmente, nos guiaron como ejes principales, los criterios de calidad y popularidad”. Incansable en su tarea de documentar a las bandas y solistas más trascendentes de nuestro país, Miguel ya se encuentra trabajando en la biografía de un dúo de talentosos intérpretes de música popular argentina (rock, tango y folklore) cuyas reuniones son esporádicas pero notables. Libro que verá la luz, seguramente, antes de fin de año. Como diría Litto Nebbia, el historiador no se detiene.

Data útil. Tanto este, como todos los libros de la colección Disconario se pueden adquirir a través del teléfono (011) 6586-1581 (Miguel Dente)

Ficha técnica:
50 años rock - 50 bandas argentinas fundamentales lado B
de Miguel Dente, Daniel Gaguine y Matías Recis
© 2018 Ediciones Disconario
1ª edición, 300 p. - 21x21 cm.
Entrevistas exclusivas para la presente edición: Matías Recis y Daniel Gaguine
Investigación y edición de texto, diseño interior y de portada: Miguel Ángel Dente
Fotografía de portada: Andrés Violante
Colaboraciones: Diego Dente, Daniel Ferrero, Freddy Berro y Leandro Donozo
Producción: Flavio Pigazzi y Miguel Dente para Ediciones Disconario

lunes, 3 de junio de 2019

A naufragar... La historia de Los Gatos

.Mario Antonelli, luego de un larguísimo y exhaustivo trabajo de investigación, presenta este libro con la biografía definitiva de uno de los grupos más anticipatorios e influyentes del rock argentino. 

LECTURAS DE ROCK
 
Por Néstor Pousa

La noche del jueves 27 de abril de 1967, el conjunto Los Gatos se dirige a los estudios TNT de la avenida Santa Fe 1050 en Buenos Aires con el fin de realizar una prueba para el sello RCA. La Balsa no sólo es la primera de las cinco canciones registradas en esa histórica sesión –que verá la luz apenas tres meses después– sino que además será la piedra fundamental de aquello que hoy conocemos como rock argentino. La referencia figura en la contratapa de A naufragar… La historia de Los Gatos de Mario Antonelli, la biografía definitiva de una de las bandas pioneras de la música beat en Argentina, embrión de todo lo que vendría después en materia de música rock cantada en castellano.
El trabajo de Antonelli es atrapante por lo exhaustivo y minucioso. Se destaca por su relato cronológico, detallado y por la abundancia de datos. La narración empieza en Rosario con Los Wild Cats, antecedente de Los Gatos Salvajes, el proyecto previo que luego reencarnaría en Los Gatos.  
Son esenciales para la reconstrucción de esta historia los testimonios de los integrantes de estas agrupaciones, especialmente el de Litto Nebbia, protagonista fundamental junto con Ciro Fogliatta. Ambos fueron los dos únicos “sobrevivientes” luego del desbande de Los Gatos Salvajes, que resistieron con muchas dificultades durante su estancia en Buenos Aires, rehusando regresar a su Rosario natal. Con convicción se rearmaron como Los Gatos incorporando para la nueva travesía a Oscar Moro (baterista), Gaetano “Kay” Galifi (guitarrista) y al  único porteño del grupo, Alfredo Toth (bajista). De los testimonios de todos ellos se puede tener una idea acabada de cómo fueron aquellos agitados días de los años 60 cuando grupos de jóvenes intentaban imponer, contra viento y marea, una nueva estética musical y una alternativa a la forma de vida que les imponía la sociedad.
Una vez que logran el inusitado éxito comercial con La Balsa, tema de autoría compartida por Litto Nebbia y José Alberto Iglesias “Tanguito”, compuesto en el baño del legendario bar La Perla del Once, se produce un plot twist, un giro inesperado en el argumento de esta historia: Los Gatos se transforman en la banda más popular y requerida del momento.

En el libro cada disco y cada canción que conforman su repertorio son analizados minuciosamente por el autor, en algunos casos con los aportes de periodistas especializados, músicos y personajes del medio, completando un catálogo imprescindible para coleccionistas y fans de la banda. Tanto los iniciados, como los no iniciados, encontrarán en estas páginas una historia tan fascinante como sorprendente. Para todos por igual, este es un trabajo de relectura constante al que conviene abordar con los discos a mano.
La trayectoria de Los Gatos se dividió en dos etapas perfectamente diferenciadas. En la primera con su guitarrista histórico y miembro fundador Kay Galifi y su contribución a la música beat argentina y el mersey beat tan en boga por aquellos años. Luego de una separación de algunos meses en los que sus integrantes (a excepción de Litto) viajaron hacia la aventura neoyorkina, a su regreso se produce el segundo ciclo gatuno. Para esta reunión, y por estar Kay radicado definitivamente en Río de Janeiro (contrajo matrimonio con una carioca), convocaron para ocupar su lugar a un joven y promisorio guitarrista solicitado por todos, Norberto “Pappo” Napolitano, estimulando la fecunda inspiración autoral de Nebbia a abordar otras variantes compositivas con un estilo más inclinado al rock.  En el texto el autor explora en los orígenes del rock en castellano y examina la anticipación y enorme influencia que Los Gatos tuvieron, incluso por sobre otros referentes previos, como Johnny Tedesco, Eddie Pequenino o Sandro. Por todo, la historia del grupo musical Las Gatos y las innumerables vicisitudes que tuvieron que atravesar para conseguir su objetivo, volcadas en este libro luego de un larguísimo trabajo de investigación, deberían ser de lectura necesaria para todo aspirante a músico de rock.

Ficha técnica:
A Naufragar… La historia de Los Gatos de Mario Antonelli
© 2018 Ediciones Disconario – Melopea Discos – Pentimento Records
1ª edición - 400 p. - 23x16 cm.
Diseño de Portada: Matías Arias
Diseño de interior: Miguel Ángel Dente
Corrección de texto: Diego Dente
Fotografías: Archivos de Cito Fogliatta, Kay Galifi y Litto Nebbia
Foto de tapa: Oscar Bony

lunes, 20 de mayo de 2019

El mundo agradable de David Lebón

El notable guitarrista y músico argentino lanzó un nuevo disco que combina duetos y nuevas versiones de viejos éxitos. Julieta Venegas, Coti, Aristimuño, Andrés Calamaro, Eruca Sativa, Fito Páez, acompañan al ex Seru Giran.
 
NOVEDADES DISCOGRÁFICAS

Por Néstor Pousa

El músico argentino David Lebón es uno de los grandes clásicos dentro de la historia del rock nacional, pero aun así no reniega de las nuevas tendencias del mercado. Por eso, alineado con lo que es moda a nivel planetario, pone a consideración Lebón &Co. un trabajo que combina duetos junto a invitados especiales y nuevas versiones de viejos éxitos. El notable guitarrista aparece presentando (en la jerga: featuring) una larga lista de artistas nacionales e internacionales de primer nivel, que son referentes cada uno en estilo. El flamante disco se estrenó en todas la plataformas digitales a las cero horas del pasado viernes 10 de mayo, además de ser comercializado en formato de CD y vinilo.
A tan solo tres años de su antecesor, el excelente Encuentro Supremo, plagado de canciones nuevas, con menos tiempo de espera que en anteriores ocasiones, el Ruso se dispone a seguir en la ruta más activo que nunca con este nuevo material con el que revisita distintas etapas de su trayectoria y su extenso repertorio. Son doce canciones con producción artística de Gabriel Pedernera, baterista del power trío cordobés Eruca Sativa, y producción ejecutiva de Patricia Oviedo.
El resultado es un sonido típicamente leboniano, pero con versiones actualizadas e impregnadas por cada uno de los invitados. Tal el caso de Julieta Venegas, la invitada que todos quieren tener, su performance no falla en Puedo sentirlo, un tema de 1986. De la misma forma Coti Sorokin entiende a la perfección lo que hay que hacer en Dejá de jugar, de un disco casi olvidado (Contactos, 1989) lanzado en el medio de una terrible crisis hiperinflacionaria.  Hola dulce viento, aquella primera canción que escribió para Pescado Rabioso en 1973, sigue maravillando por su simpleza, aquí en dueto con Emmanuel Horvilleur. A Casas de arañas, perteneciente al debut solista de David (1973), le queda muy bien la base de batería digital y el estilo personal de Lisandro Aristimuño.

Encuentro en el estudio: David, Fito y Gaby Pedernera
Con Pedro Aznar reeditan aquella dupla que produjo gira y disco doble en 2007. Conocidos desde los tiempos de Seru Giran, parece que entre ambos no hay secretos, ni divismos. Aznar se hizo cargo de la producción, puso su voz e instrumentos varios (+Cristian Judurcha en batería) en Hombre de mala sangre, uno de los grandes clásicos de todos los tiempos.  En Tu llegada, otro símbolo del reconocido estilo baladístico de Lebón, aparece otro invitado internacional, el músico y productor madrileño Leiva.
Mundo agradable nos trae un duelo de guitarras entre David y Ricardo Mollo, estirando sus cuerdas en un hit de Seru ‘92, aquel (controvertido) regreso de la emblemática banda.  Choque de planetas en Parado en el medio de la vida (otro título de Seru, pero en su mejor versión, 1981) con Andrés Calamaro compartiendo los créditos en una de las mejores performances del álbum.  Los ya mencionados Eruca Sativa le ponen su impronta a una versión millennial de Dos edificios dorados, para que las guitarras (de Lula Bertoldi y David) se vuelvan a florear en sus respectivos solos.  Carlos Vives es la presencia más inesperada en la lista de invitados. El colombiano, autor junto a Shakira del mega-hit La bicicleta, participa en Llorar de amor, otra de las baladas rescatadas. La otra sorpresa es Polifemo, banda de mediados de los 70 que protagonizaban Lebón con Rinaldo Raffanelli en bajo y Juan Rodríguez en batería. Participantes de la última etapa de Sui Generis, formaron este trío de corto recorrido como banda. A ellos pertenece la versión original de Suéltate Rock and Roll, desde entonces infaltable en cada cierre de concierto del Ruso quien, a más de cuarenta años de su separación, se da el gusto de volver a reunirlos en un estudio de grabación para repasar aquel número inmortal.
El cierre es para Fito Páez y una versión a dos pianos de El tiempo es veloz, con el rosarino y David en un contrapunto entre la bella melodía y la letra de una de sus canciones más reconocidas. Se escucha en el final un intercambio que es un claro mensaje de admiración entre ambos músicos.
Salvo en los momentos ya indicados, acompañaron a David en esta nueva entrega, su actual banda formada por: Daniel Colombres (batería), Leandro Bulacio (piano), Dhani Ferrón (guitarra acústica, eléctrica y coros en Puedo sentirlo y El tiempo es veloz) y Gustavo Lozano (guitarra).

Escuchá a David Lebón & Lisandro Aristimuño:

lunes, 13 de mayo de 2019

Los Bichos: en busca del rock perdido

Reeditan en CD el primer y único disco de la banda cordobesa que formó parte del nacimiento del rock nacional. El trabajo se completa con bonus tracks y una abundante ficha técnica.

REEDICIONES DISCOGRÁFICAS
 
Por Néstor Pousa

Quiero contarles una buena historia, la de una banda que vivió la euforia de ser parte del rock. Parafrasear a Charly bien puede servir para empezar a desandar esta historia. Los Bichos fue un grupo surgido en la ciudad de Córdoba en la segunda mitad de los años 60. Cuentan que un día los “descubrió” Billy Bond, músico, cantante y productor de rock de la primera hora, y les propuso llevarlos a Buenos Aires. Así, Billy, que en aquella gira cordobesa andaba acompañado por los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso (uruguayos ex integrantes del célebre conjunto Los Shakers), se convirtió en el padrino del desembarco de los cordobeses en la gran metrópoli.
Era el año 1968/69 y Los Bichos formaban con: Jorge “Lalo” Ordás en guitarra y voz, Enrique Baró en órgano, Carlos René Avalos en bajo y voz y Oscar “Jimmy” Arce en batería y voz. Con esta formación y graban el primer y único disco long play (larga duración) con Billy Bond en la consola de sonido. Fue gracias a estas canciones que llegaron a codearse con la plana mayor del rock nacional de aquellos años.

Pues bien, resulta que 50 años después es reeditado por primera vez en formato CD aquel disco, en un álbum que se completa con bonus tracks y una abundante ficha técnica. Esta compilación pudo concretarse, en principio por la gestión que realizó el Instituto Nacional de la Música (INAMU), presidido por Diego Boris, para recuperar el catálogo discográfico que perteneció a Sicamericana, sociedad anónima que operaba comercialmente a través de los sellos Music Hall, Sazam y TK.
Los Bichos habían fichado para Music Hall, compañía que también tenía contratados a Los Walkers, Trocha Angosta, La Barra de Chocolate (de Pajarito Zaguri) y Banana, entre otros.
El disco que en este 2019 se publica bajo el título de Los Bichos Re-Edición Antología Music Hall contiene las 12 canciones originales, remasterizadas por Gustavo Gauvry, la mayoría firmadas por los integrantes de la banda y catalogadas como shake, una especie de baile, muy de moda en aquellos años, que consistía en sacudir las extremidades y la cabeza sin ningún tipo de coreografía predeterminada.
El equipo de trabajo de esta compilación se completa con: Nacho García Vieyra (Agencia Córdoba Cultura) como curador y los periodistas Martín Carrizo y Lucio Carnicer en los textos internos.

Los Bichos hoy, sin Ordás (fallecido)
Este disco, un viaje en clave beat a las profundidades de la década del 60, abre con El baile terminó (Jorge Ordás-Billy Bond), una de esas canciones que uno elegiría para fin de fiesta pero que sin embargo es el elegido como track inicial. Ordás en la primera voz y un pegadizo riff de órgano Hammond de Hugo Fattoruso, como músico invitado, lo convierten en un auténtico número uno.
Tus pies descalzos en la arena (Carlos Avalos) es otro de los hits de la placa, con Carlitos en voz líder y bajo Hofner, respaldado por el resto de la banda, para un número que nos remite a Los Gatos. Avalos no oculta las innumerables escuchas al primer disco de la popular banda de Litto Nebbia al momento de escribir esta canción.
No obstante, de acuerdo al texto publicado originalmente en la contratapa del LP lanzado en 1969, los productores apostaban como seguros hits a Y la amaré, con reminiscencias beatles ya desde su título, una traducción casi literal del clásico And I love her de los de Liverpool. Y Cuando te sientas vieja, que abandona la canción romántica para abrirse hacia una temática que ironiza sobre el paso del tiempo y sus consecuencias.

Los Bonus tracks. La reedición se complementa con cuatro bonus tracks, Volverán las oscuras golondrinas y Quiero volverme ayer, ambas firmadas por Carlos Avalos y originalmente incluidos en un disco simple de la banda. Sobre el primero, su autor apunta: “Yo quería hacer un tema como Muchacha (de Spinetta) y no me salió!... pero me acuerdo que pegaba mucho en Baires”.
Los otros dos pertenecen al Grupo Sol, un alter ego de Los Bichos, con los mismos integrantes salvo por el guitarrista Lalo Ordás. Su lugar fue ocupado por Nacho Smilari en estos dos temas que por el cambio de década (1970) apostaban a un rock progresivo con aires latinos, estilo que tenía como máximo referente a Carlos Santana. Los títulos: Lo que llaman suerte y No esperes que llore. 
El Grupo Sol tuvo su momento de gloria al participar del primer Festival BARock realizado en el Velódromo de Buenos Aires, en una jornada en la que compartieron cartel con Los Gatos, Sanata y Clarificación y La Barra de Chocolate. En su corta trayectoria experimentaron algunos cambios de integrantes, pasando por sus filas el baterista uruguayo Willy Cáceres y el reputado guitarrista Poli Martínez. Son estos algunos datos que nos aporta Carlos Avalos, nuestro rocker de Yofre Norte. 

jueves, 2 de mayo de 2019

Luisito, la biblia y sus devotos

De reciente edición, “Luisito” es un eslabón más en la celebración permanente que, desde Córdoba, Jorge Kasparián hace sobre la vida y obra de Luis Alberto Spinetta. El libro contiene 30 entrevistas a personajes del círculo íntimo del Flaco.
 
LECTURAS

Por Néstor Pousa

De la innumerable cantidad de homenajes y tributos que generó la figura de Luis Alberto Spinetta tras su partida un 8 de febrero de 2012, sin dudas que el más original en cuanto a su concepción surgió desde Córdoba. El hombre detrás de esta historia se llama Jorge Kasparian, un  serigrafista de profesión que tiene su taller-bunker de estampados en la capital cordobesa. Dentro de la gama de trabajos que con su empresa Rayosan desarrolla, está la impresión de remeras de rock, mundillo al que se vinculó de diferentes maneras. Jorge es un personaje inefable, muy amigo de sus amigos y reconocido por su trabajo. Pero vale decir que ese reconocimiento se multiplicó el día que decidió publicar La Biblia Spinetteana, un libro de 240 páginas impresas en tela y serigrafía, divididas en 4 tomos, que compilan la obra poética de Spinetta. Fabricó 200 ejemplares de este libro-objeto y los regaló a músicos, amigos y familiares. Muchos lo quisieron comprar y no pudieron, en principio porque no se vendía, y pronto se convirtió en una pieza de culto que muchos, aún hoy, anhelan atesorar. La Biblia… fue su forma de manifestar su reconocimiento al artista que, asegura, le cambió la vida, y vaya que fue así.
Entonces parecía que la historia quedaba ahí, pero no. Este original trabajo se convirtió en una marca, un sello que desde Córdoba se convertiría en una celebración permanente a la vida y la obra del Flaco. Y uno de los tributos más originales que se concibieron.
Cuestión que en 2015 La Biblia Spinetteana se transformó en un programa de radio que se emitió todos los sábados por la frecuencia modulada de Radio Universidad Nacional de Córdoba, con Jorge como conductor y productor, junto al periodista y locutor José Ávila (del programa Furia Nacional) y el músico y periodista Tincho Siboldi (un ex Proceso a Ricutti). En el envío que se prolongó hasta abril de 2018 se dieron el gusto despuntar el vicio por la música de Spinetta. Difundirla y analizarla, aportar datos minuciosos, como profundos conocedores en la materia. De la misma forma que se realizaron entrevistas telefónicas a personajes que habitaron el universo spinetteano, que formaron parte de los afectos más cercanos, del día a día del fundador de Almendra, Pescado Rabioso e Invisible, entre otros grupos.
Una vez que La Biblia… se quedó sin “aire” comenzó otro capítulo. Aparece en escena Roque di Pietro que le propone a Kasparian publicar esas entrevistas en un libro, esta vez con hojas de papel, y así surgió Luisito. 30 entrevistas al universo spinetteano (Vademecum, 2019). “El título fue lo más fácil, porque todos los entrevistados cuando se referían al Flaco lo llamaban así: Luisito”, explica su autor. Lo cierto es que de las más de 70 entrevistas realizadas para el programa radial, debieron seleccionar las treinta que finalmente se imprimieron, siendo este, afirma Kasparian, la decisión más odiosa que tuvieron que tomar.

"Luisito", presentación en Córdoba (*)
Lo que destaca a esta singular biografía (con una muy llamativa foto de portada acreditada a Eduardo Tano Forte) es que en la lista de nombres aparecen personajes no del todo conocidos, incluso para los fans más tenaces. En orden alfabético aparecen: Juanjo Carmona (jefe de prensa, road manager y productor), Graciela Cosceri (coach vocal), Mario “Pototo” D’Alessandro (amigo personal, odontólogo e inspirador del Tema de Pototo), Juan Carlos Diez (periodista, escritor, autor del libro Martropía), Javier Galarza (asistente), Cristian Iannamico (luthier), Pablo Mangone (productor del concierto de Las Bandas Eternas), Roberto Mouro (amigo personal y coautor de algunas canciones), Gerardo Pricky Prícolo (amigo personal, arquitecto y músico), Daniel Doc Rawsi (amigo personal, médico y músico) y Ana Spinetta y Gustavo Spinetta (sus hermanos).
También hablan músicos que compartieron banda, estudio y escenarios. Algunos como Daniel Colombres, Paul Dourge, Martín García Reynoso, Matías Méndez y Dhani Ferrón (bajista del disco póstumo Los Amigo), con un paso fugaz acompañando a Luis, pero que aun así conservan un recuerdo imborrable. 
Con esta selecta convocatoria de su entorno más íntimo, con quienes el influyente músico compartió, comidas, mates, reuniones, charlas, salidas, anécdotas, visitas mutuas, viajes y vivencias cotidianas, Kasparian pretende humanizar la figura del ídolo, objetivo que en las páginas de Luisito alcanza plenamente recreando aquellos momentos. Basta con chequear los testimonios de Aníbal “La Vieja” Barrios, su inseparable asistente durante 34 años y con quien mantenía una relación de amistad idílica; las anécdotas de back stage de Juanjo Carmona; el relato de Gerardo Prícolo o el recuerdo de su hermana Ana. En todos los casos historias breves que no vamos a spoilear en estas líneas, pero que cualquier devoto del Flaco no debería dejar de leer.

(*) Tincho Siboldi, Jorge Kasparian y Pototo D'Alessandro presentando oficialmente "Luisito", en el Paseo del Buen Pastor de Córdoba. Foto: Rodrigo Ordás

miércoles, 3 de abril de 2019

Liliana Herrero: canción sobre canción

(foto de archivo)
La singular intérprete puso sus canciones a disposición del Museo Ambato de La Falda en un concierto a beneficio realizado en el Teatro Edén. La visita fue oportuna para presentar su reciente disco con temas de Fito Páez.

EN CONCIERTO
 
Por Néstor Pousa

La relación de Liliana Herrero con los Amigos del Museo Ambato de La Falda se retrotrae al año 2003. En aquella oportunidad la intérprete nacida en Villaguay, Entre Ríos, tomó conocimiento de la causa Ambato por su amistad con uno de los integrantes del grupo mentor de la recuperación de ese museo fundado en 1987 por Aroldo Rosso y que, tras la desaparición física de su creador, quedó huérfano. Informada sobre la compleja situación legal y de mantenimiento que experimentaba la valiosa colección y la antigua casona que la contiene, inmediatamente Liliana dijo que quería colaborar y se puso a disposición. Hubo un primer concierto, en ese año 2003, que se realizó en el Auditorio de Radio Nacional Córdoba. La convocatoria al recital fue brutal, en una sala con capacidad para 600 personas asistieron 1200, según recuerdan sus organizadores.
Desde entonces quedó la promesa de Liliana Herrero de conocer La Falda, su museo y repetir la experiencia de un recital que emulara a aquel, pero tuvieron que pasar 16 años para que esto se materializara. La promesa mutua de Liliana y Amigos se pudo concretar el pasado viernes 29  de marzo en el Teatro Edén, ubicado en los jardines del Eden Hotel de La Falda. Con sala completa también esta oportunidad, Liliana pudo comprobar en el propio lugar el compromiso de este grupo de personas para con el patrimonio de su comunidad. Recibió el amor y el respeto como la excepcional artista que es, pero también el agradecimiento y la empatía de estos vecinos cuya acción resulta fundamental en el sostenimiento de ese patrimonio.
Como preámbulo al concierto fue sorprendida con la designación como madrina del Museo Ambato. “No sé qué implica ser madrina, no sé qué tengo que hacer”, manifestó con asombro y visiblemente conmovida. Ese fue el primer instante de emoción. Luego llegarían las canciones. Sobre el escenario se había dispuesto su atril, una pequeña mesa, un velador, una copa de vino y una botella de agua. La esperaban sus músicos, los que habitualmente aportan el marco musical a su particular estilo de expresión. Ellos son: Pedro Rossi en guitarra y segunda voz; y Ariel Naón en contrabajo. Empezaron con Imposible, vidala que titula su disco de 2016, para continuar con ABC, una milonga del uruguayo Edu “Pitufo” Lombardo.

Foto: Nora Gómez
Coincidió con esta, su primera visita a La Falda, el lanzamiento y promoción de su más reciente álbum titulado Canción sobre canción con el cual pone su mirada sobre el repertorio de Fito Páez. El rosarino no es un músico más en la vida de Liliana Herrero. Él fue quien la animó y convenció de que se tenía que dedicar a la música profesionalmente, cuando ella cantaba en los pubs y café concerts de Rosario solamente para despuntar el vicio y se ganaba la vida como profesora de Literatura. Fito la invitó para que pusiera su voz en alguno de sus discos más trascendentes como Tercer mundo y Circo beat; y produjo los primeros trabajos de la entrerriana, que a sus 18 años se había mudado a la cuna de la bandera para estudiar filosofía. La relación entre ambos la puede sintetizar en una sola frase: “Con Fito somos familia”. No era de extrañar entonces que la talentosa intérprete decidiera algún día producir un álbum completo con sus canciones. Son 11 en total las que contiene este trabajo lanzado en 2018, y para la noche del Edén seleccionó tres de ellas: Giros, Abre y Dejarlas partir.
Es notable como la Herrero desarma y vuelve a armar a placer cada tema que aborda, se mete en la parte medular de los textos, acentuándolos, interviniendo las melodías, modificando armonías, creando una nueva canción que sin embargo nunca dejará de ser la misma. Por todo esto, más su acertada instrumentación, Canción sobre canción (que recientemente obtuvo 2 nominaciones para la próxima entrega de Premios Gardel 2019: Mejor Álbum de Folklore Alternativo y Mejor Álbum Conceptual) bien podría ser considerado como un disco de jazz que puede ser reinventado en cada concierto y con cada nueva interpretación.

En la otra parte del recital se dedicó a repasar piezas claves del cancionero popular, de autores fundamentales como Gustavo “Cuchi” Leguizamón, Atahualpa Yupanqui, Juan Falú, Ramón Ayala, Violeta Parra y Jorge Fandermole.  Con su magistral recreación de Confesión del viento anunciaría el final de una noche a la que le quedaba un bis, Oración del remanso, que fue coreado afinadamente por toda la platea, una comunidad que canta y responde incondicionalmente ante cada hecho solidario.-

Escuchá el disco completo: