miércoles, 30 de octubre de 2013

Marcelo Moura: “Fue un gran desafío”

El cantante de Virus recuerda el momento en que tuvo que reemplazar a su hermano. Explica porque La Plata es cuna de artistas y pregunta por la calle Federico Moura.

ENTREVISTA

Por Néstor Pousa

Contratados para un show privado en un gran hotel, Virus, la influyente banda pop de los 80’s, se encuentra de incógnito en La Falda. Una llamada telefónica me pone en aviso y así consigo esta exclusiva con Marcelo Moura, cantante y vocero desde que el inolvidable Federico Moura falleciera en diciembre de 1988.
El encuentro con Marcelo es en las instalaciones remodeladas de la Posada del Edén Hotel (ex anexo) legendario lugar donde se alojaban los músicos en tiempos del Festival de Rock, y será el cantante quien rompa el hielo con un inesperado reclamo al cronista: “¿Está la calle Federico Moura en La Falda?”. Está el proyecto, le respondo. ¿Está frizado?, insiste. Ante su manifiesto interés prometo encargarme de reavivar la idea, a la vez que le digo que ahora, lamentablemente, también tenemos que homenajear a Spinetta. “Para el Flaco, una avenida”, observa Marcelo, quien más adelante confesará: “El Flaco es mi norte”.

Viaje al pasado. Luego de que Virus lanzara en 1981 su disco debut (Wadu-Wadu), estaban apuntados para venir a la tercera edición del Festival Argentino de Música Contemporánea de La Falda, a realizarse en el verano de 1982, pero en aquellos primeros años no les era fácil a los grupos new-wave presentarse en este escenario. Nada fácil, porque los Virus fueron precursores de este estilo en el país y el público reclamaba rock and roll clásico más que ninguna otra cosa, por lo que en aquel 1982 prefirieron declinar la invitación. “Sí, me acuerdo absolutamente, aparte fue una constante durante muchos años que los festivales eran una situación muy difícil para nosotros porque todavía no éramos un grupo masivo, teníamos una propuesta absolutamente distinta y éramos el blanco ideal para cualquier tipo de agresión, así que preferíamos preservarnos de una situación que no nos convenía, y tocar solamente para gente que le gustaba lo que hacíamos. Había una cosa de supervivencia, porque la verdad es que es muy feo ir a tocar y ver que el 80% del público está esperando otro grupo que no tiene nada que ver con vos, y generalmente la respuesta era agredirte, así que, para qué vivir esa situación, no es necesario”, reflexiona.
-Pero cuatro años después, en La Falda ’86, la cosa cambió totalmente.
“Ya en el ’86 éramos un grupo muy popular y era completamente distinta la situación, el panorama era absolutamente distinto, era mucho más pop y el recuerdo que tengo de ese festival es hermoso, nos divertimos muchísimo, pero bueno, era otro contexto”.
-Todos recuerdan los encuentros de ping pong en el hotel.
“Sí, sí,  yo jugaba en pareja con Nito, y Julio (Moura, su otro hermano y guitarrista) con el Flaco (Spinetta), y Charly era el umpire, un delirio absoluto (risas de ambos), fueron momentos que uno no olvidará nunca. Hace poco estuvimos en Buenos Aires haciendo un show y vino Charly a tocar y recordamos tantas cosas que vivimos juntos que son invalorables”.
-Precisamente en el cierre del show de Virus en La Falda ’86, Charly y Andrés Calamaro se subieron por sorpresa a tocar
“Andrés tenía una particularidad, adonde tocábamos se colaba, siempre se subía en (el tema) Carolina a tocar el piano. Recuerdo cuando falleció Federico que por primera vez yo estaba al frente, estaban de invitados Spinetta, Charly, Cerati; y no sé por qué dijimos: ‘Que Andrés no entre’, porque entraba como muy enloquecido, entonces hicimos todo un sistema de seguridad para que él no pudiera ingresar al escenario y cuando largó Carolina ahí estaba Andrés tocando el piano, ¡nunca supimos por donde pasó!”.

-¿Actualmente hay como una revalorización de la música de los 80’s?
“Sin dudas, son ciclos que siempre suceden en la historia, y sin ningún lugar a dudas los 80’s tuvieron a Soda, Sumo, Los Abuelos, Los Cadillacs, Los Pericos, Los Ratones. Aparte todavía no era un negocio el rock & roll, eran bandas de amigos que hacían arte, después se desvirtuó un poco con el negocio, las compañías vieron que había un negocio ahí y se crearon artículos más descartables. Y es por eso que hoy se ve con mucha claridad, que en los boliches bailables que vas pasan Los Abuelos, Virus y los pibes de 16 años están prendidos fuego con eso”.

-También fue una década riesgosa, lo digo por todos los que quedaron en el camino: Luca Prodan, Miguel Abuelo, Federico Moura.
“Bueno, la década del 70 tuvo el flagelo político de la dictadura que arrasó con 30.000 personas, entre ellas Jorge, nuestro hermano. La década del 80 tuvo el flagelo del HIV, con el cual se fueron Federico, Miguel y muchísima gente más. Cada época es como que tiene su marca, y también, viste, hay que tener mucho cuidado, porque es muy fácil irse a la mierda en esta profesión y ejemplos me sobran: vos lo ves a Charly, lo ves a Andrés, a Cerati, a Pity (de Viejas Locas), cuando das un paso mal dado te vas a la mierda”. Marcelo pone especial énfasis en el caso de Cerati: “Hay un hilo que divide irte a la mierda o no, el caso puntual de Gustavo, un talento maravilloso, un guitarrista y cantante excepcional, un compositor genial, un tipo culto, nunca lo veías ni mal vestido, ni en pedo, ni diciendo boludeces, pero al mismo tiempo yo creo que descuidó un aspecto en medio del pedo que te provoca a veces el éxito, no tomás conciencia de que sos un tipo de 53 años y que no podés tener el ritmo de un pibe de 20, entonces de un día para el otro se terminó algo que era maravilloso. Parte de la inteligencia de un artista también radica en eso, en no perder el cable a tierra, y es muy común la cosa de creerse distinto porque todo lo tenés servido para eso, y si vos entrás en ese ‘todo’, y no sos consciente de tus limitaciones te vas a la mierda con una facilidad total, viste”.

-¿Qué caldo se cocinaba en La Plata que salían bandas tan disimiles y fundamentales? Cito a Los Redondos y Virus, como ejemplos.
“Hay dos cosas que son muy importantes, una te va a parecer más volada que la otra: la principal es que es una ciudad fundamentalmente universitaria, motivo por lo cual está lleno de jóvenes de todos lados, de distintas culturas, lo cual hace a la diversidad musical y hay mucho movimiento artístico, como Rosario que es cuna de grandes artistas. Lo que te agrego y que puede parecer una pelotudez pero para mí no lo es, es que La Plata es una de las pocas ciudades diseñadas antes de que hubiera nada, y se diseñó con un trazado que está basado en el feng shui, vos la ves desde arriba y es una locura, y tiene una energía muy especial, por eso no me parece que sea casual que sea una usina de bandas”.

-En plena grabación del disco “Tierra del Fuego” en 1988, Federico ya muy enfermo te pasa la posta y te dice que tenés que cantar vos, ¿Recordás que sentiste en aquel momento? 
“En realidad él iba a cantarlo y no lo pudo hacer, entonces le dije que yo tenía todas las de perder, y él me dijo por supuesto que tenés todas las de perder y ese es el desafío. Y me encantó su respuesta porque siempre me entusiasmaron los desafíos, nunca me gustaron las cosas fáciles, y yo sabía que Virus podía seguir. Sabía que no iba a ser fácil, hubo una primera etapa en la que fui muy criticado, Virus bajó muchísimo y siento que fue absolutamente justo porque estaba pagando el precio de tener que aprender. Bueno, las cosas se fueron revirtiendo y hoy creo que Virus es un gran grupo. Soy el primero que quisiera que Federico estuviera  cantando y no yo, pero creo que es un gran grupo y estoy orgulloso de haber afrontado el desafío”.-

domingo, 13 de octubre de 2013

La Renga: detonador de plazas

Foto: www.lavoz.com.ar
RECITALES

Por Néstor Pousa

La noche del sábado 12 de octubre una verdadera multitud de fanáticos rengueros (17.000, oficial) pusieron a prueba los límites físicos de la Próspero Molina. El emblemático coliseo folklórico, históricamente esquivo al rock, debió bajar la guardia ante semejante embestida de La Renga y su gente que por primera vez copaba el tradicional escenario Atahualpa Yupanqui. Puntualmente a las 22 apareció Chizzo en escena, de barba y enfundado en un poncho blanco con guardas (obsequio de la Comisión de Folklore!). “Ellos no se animaron a ponérselo”, mandó al frente el guitarrista y cantante a sus compañeros Teté y Tanque. Una organización muy ajustada e impecable puesta en escena (pantallas y escenografía) tuvo esta fecha que fue pensada como contrafestejo y en reivindicación de los pueblos originarios. La presencia en la previa de Rubén Patagonia le daba consistencia a un reclamo al que los seguidores del trío de Mataderos parecieron sumarse sólo tangencialmente. La lista de temas como es costumbre fue demoledora y arremetió con: La furia de la bestia rock, Tripa corazón, Canibalismo galáctico, Las cosas que hace, El twist del pibe y Paja brava.
Los invitados de lujo, habituales en cada show de La Renga, dieron el presente: primero Nacho Smilari (ex La Barra de Chocolate y Vox Dei) puso su viola en Poder y Dioses de Terciopelo; y luego con Edelmiro Molinari (ex Almendra y Color Humano) versionaron Hace más de 2000 años, un clásico de Edelmiro. 
La capital del folklore tiene un frondoso prontuario de encontronazos con el rock. El que primero lo padeció fue Mario Luna con su protofestival en aquel lejano febrero de 1976. Siguió José Palazzo y el Perro Emaides con el inaugural Cosquín Rock en 2001 del que fueron desterrados en 2004. Al año siguiente el recordado Jorge Guinzburg, tentado por las autoridades coscoínas, se probó como productor de rock y derrapó. Luego de esta prolija y exitosa (también con producción de Palazzo) primera experiencia con la banda más convocante del rock local actual, folkloristas y rockeros ¿se animarán a firmar la paz? 

Fecha: sábado 12/10/13
Lugar: Plaza Próspero Molina (Cosquín)
Formato: anfiteatro sin butacas
Asistencia: 17.000 personas

viernes, 11 de octubre de 2013

Javier Malosetti: volando alto

Foto: En Vivo Producciones
El notable bajista presentó en sociedad su nuevo proyecto musical llamado JM4, con el que revisa su repertorio y algunos clásicos en clave de jazz.

RECITALES

Por Néstor Pousa

Javier Malosetti se encuentra en plena tarea de reformatear su propuesta musical, una vez desactivado Electrohope, su anterior formación, y su nueva banda ya tiene nombre: JM4. También hay una fecha aproximada (febrero 2014) para el lanzamiento del primer registro del cuarteto, pero esto empezará a materializarse una vez que los compromisos de la gira nacional en curso lo permitan. Gira que el pasado 9 de octubre hizo escala en Córdoba.
Vista previa. Javier sale a tocar como invitado con Swing dedos, un habilidoso dúo de guitarras cordobesas dedicado al jazz clásico instrumental que hizo las veces de banda soporte. Y acepta con ganas el convite, porque con su actual banda abandona (pero no tanto) el volumen del rock y revisa algunos clásicos y su propia obra en clave de jazz rock. Con los integrantes de JM4 ya sobre el escenario, el líder hace las presentaciones: Mariano Agustoni en teclados, Javier Martínez Vallejos (“Que no es aquel”, aclara, en alusión al de Manal) en batería y Damián Carballal en bajo y percusión, para luego empezar a mostrar el nuevo repertorio. “Primero tocamos un tema, después el segundo y el tercero… no importan los nombres”, bromea, aunque concluye diciendo que fueron versiones de Bjork (New world), Deep Purple (Lazy) y de Ibera 5009, este último un tema propio al que le cambió algunas partes y hoy suena más cercano a la actual propuesta. “Cada vez me gusta más robarme mis propios temas”, seguirá bromeando. Su natural sentido del humor es una constante durante todo el concierto y un recurso con el cual maneja a placer los tiempos y climas en la enorme usina en desuso, hoy devenida en plaza de música. Pero en cuanto la banda empieza a sonar se ponen en órbita. El trío acompaña con solvencia a Malosetti, dejándole el absoluto protagonismo a los notables fraseos y solos que arranca de su bajo y eventualmente a sus participaciones con guitarra, provocando una música de altísimo vuelo ante una platea absolutamente extática y estática.       
Con generosidad cede el escenario a Mar Tarrés, artista de stand-up de Córdoba a la que -confiesa- conoció por internet. La humorista tiene actitud pero el estilo de monólogo zarpado con chistes disparados a repetición no parece ser la debilidad de un público al que el inesperado entremés lo toma por sorpresa, tal vez por eso la devolución que recibió fue tibia. Mucho más demostrativo lo fue con la segunda invitada, Gaby Beltramino Borré, en este caso cantante cordobesa que a dúo con Javier harán una preciosa versión de Bye bye blackbird, un standard de jazz de Ray Henderson.
El concierto retoma su curso y Javier anuncia dos temas en uno, de un artista que fue muy influyente en nuestras vidas. Sin especular y tomando todos los recaudos para no sonar oportunista, se escuchó una versión a media letra de Para ir (Almendra ’70) con intro de Cristálida (Pescado ’73) sin mencionar a su autor. “El que lo sabe se calla”, había pedido previamente en forma cómplice.
No hacía falta aclarar nada, como tampoco fue necesaria ninguna mención a papá Walter Malosetti, maestro de guitarristas de jazz, fallecido hace poco más de dos meses. Si el show debe continuar, si la música suena así, seguro que ambos estuvieron por ahí.-

Fecha: miércoles 09/10/13
Sala: Plaza de la Música
Formato: auditorio
Asistencia: 800 personas