viernes, 14 de marzo de 2008

Bob Dylan en Córdoba: a diez metros de la leyenda


RECITALES DE COLECCIÓN

Por Néstor Pousa © 2008

Igual que Rodolfo Orozco (el personaje que protagoniza León Gieco en su tema Ojo con los Orozco) que contó con honor que "tocó con Bob", de la misma forma las casi cuatro mil personas que asistieron al show de Bob Dylan en el Orfeo podrán contar que fueron partícipes de un hecho histórico: la primera vez que el fundamental artista pisaba suelo cordobés para ofrecer un show en vivo y directo. Un recuerdo que guardaremos para siempre en nuestras retinas y nuestros corazones. Por mi parte lo dejaré grabado en la carpeta que lleva por nombre Grandes Recitales de mi Historia, ya que fue uno de esos momentos donde el tiempo se detiene, y cuando eso pasa ya no sos el mismo.
Con Dylan ocurrió así, no fue un concierto más, primero porque se trata del tipo que empezó a escribir de puño y letra la historia del rock, entendido este como un movimiento artístico y cultural a nivel mundial. La escala cordobesa de su Gira Interminable (Never Ending Tour) estuvo a la altura de sus antecedentes, y nos devolvió la imagen de un músico que, pronto a cumplir 67, se mantiene plenamente vigente. Prueba de ello es que la mayoría de las canciones que interpretó forman parte de Modern times, su disco editado en 2006, lo más nuevo de su catálogo. Si alguien quiere tener una aproximación certera a lo que es Dylan en vivo hoy, deberá visitar ese material, cosa que, por otra parte, recomendamos.
La presentación en el cómodo espacio del Orfeo Superdomo tuvo una puesta de luces deliberadamente austera y un sonido perfecto. Sobre el escenario solamente lo necesario: los músicos, sus instrumentos y equipos. Los horarios respetados con cronómetro, como en todo espectáculo internacional, aunque el público local no se termina de habituar a esta modalidad y llega cuando le viene bien. La banda que lo acompañó, la misma que grabó Modern times, suena súper profesional, todos ataviados con impecables trajes negros y sombreros. Las botas tejanas de Dylan parecían recién estrenadas, todo un detalle de fineza en ese look de tahúres en noche de gala. Pero lo que cuenta es como tocan, sobrios en las baladas y momentos folkies, intensos en el country y el rockabilly, poderosos en un par de potentes rocks. Siempre dúctiles y precisos.
El líder, por su parte, hizo gala de su reconocida actitud distante, carente de cualquier gesto de demagogia hacia el público. No pronunció palabra en todo el show, tan sólo dirigió a la platea una inquietante mirada inexpugnable, cuando en el final posó con su banda en pleno para una foto imaginaria.
Todo bien, pero, los fans de la vieja guardia que habían ido a escuchar los clásicos, ¿se habrán ido conformes? porque los temas emblemáticos como Like a rolling stone o Blowin’ in the wind, estuvieron en la lista, pero en versiones tan deformes en relación al original, que más de uno se fue refunfuñando. Algo quedó claro: Bob no estaba allí para rendir tributo a la nostalgia. Súmenle a esto que su voz suena como si su garganta hubiera pagado toda la cuenta de sus casi cinco décadas de vida rocker. Ronca, desgarrada, por momentos tan lacerante que potencia el dramatismo de algunas de las canciones, y perdón a los puristas, pero con todo eso, llega a conmover.
Mucho se dijo sobre si Córdoba era, o no, una plaza apta para grandes shows internacionales de rock, y que esos artistas no convocan aquí lo que indica su curriculum. Igualmente, en la productora cordobesa responsable del espectáculo quedaron conformes: “Para nosotros fue fascinante, no ganamos plata, todo lo contrario, pero desde que firmamos el contrato sabíamos que no existía la posibilidad de ganar con este artista, lo importante fue hacer esto que para nosotros nos genera haber egresado como productores de rock, y eso era el sueño. Misión cumplida”, aseguró José Palazzo, mandamás de Nueva Tribu.
Quedaron felices, como esa turista europea que, en la puerta y cartel en mano, pedía que alguien le obsequiara una entrada, y un periodista de la Rock & Pop le cedió una de las dos que le habían asignado, ¡y en fila 3!
Felices, como los que en los dos únicos bises pudieron acercarse al pie del escenario y estuvieron a diez metros de la leyenda, mientras este se mecía al ritmo de una brillante versión de Thunder on the mountain. Felices.-

Fecha: jueves 13 de marzo de 2008
Venue: Orfeo Superdomo