lunes, 21 de abril de 2014

Baltasar Comotto, el convidado de lujo

Pequeñas historias sobre grandes músicos, escritas para un programa de rock (*)

RADIO_GRAFÍAS DEL ROCK                                                                                                      
por Néstor Pousa

El Indio Solari conmocionó a la ciudad de Gualeguaychú en Entre Ríos con un nuevo megarecital y el hecho mereció una infinidad de notas a favor y en contra sobre esta nueva intervención bate records de la figurita más difícil del Rock Argentino, otrora incuestionado y hoy dividiendo las aguas entre los pro y los contras, como un termómetro más de los tiempos que corren en el país. Pero no es de él de quien nos vamos a ocupar hoy en esta columna -o al menos no directamente- sino de su violero estrella, el sesionista más codiciado y uno de los más requeridos por las grandes figuras, que no es otro que Baltasar Comotto. En mi caso, lo conocí allá por el verano del 2004 integrando la banda de apoyo de Spinetta durante su show en Cosquín Rock, último año del festival en la Plaza Próspero Molina. Fue el Flaco quien con su bendición lo introdujo en las grandes ligas, y aquella tarde, en el atardecer de un domingo, a todos lo que nos manteníamos atentos a los nuevas incorporaciones con que acostumbraba a sorprendernos, nos impactó notablemente por su forma de tocar, su enorme capacidad técnica, su ductilidad para abordar distintos estilos dentro del género y sus cualidades de guitarra solista. Desde entonces siempre apareció en las bandas de Luis, inclusive lo acompañó en su último concierto en Córdoba (el 12 de febrero de 2011) en el Cosquín Rock con nueva sede en el Aeródromo de Santa María de Punilla. Comotto fue “músico invitado permanente” de Spinetta, tanto en el estudio de grabación (participó en Vacío sideral y Despierta en la brisa, ambos de Un mañana, última obra de Luis producida en 2008) y fue un infaltable colaborador en los vivos durante la última década.
Mientras esto ocurría, parece que el Indio Solari le echo el ojo y contrató sus servicios para Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, banda en la que se alista desde el primer disco solista del exRedondo, a la fecha.
Luego, en 2013, alternó como músico de acompañamiento de Andrés Calamaro. El Salmón se lo pidió prestado al Indio para los conciertos de presentación de su más reciente producción (el excelente disco Bohemio, 2013) y, compinches como son con el calvo más famoso, este no se lo podía negar. Así vimos a nuestro guitarrista estrella de gira por Córdoba con Andrés y formando tándem con el talentoso baterista Sergio Verdinelli, otro exintegrante de la última banda de Spinetta.

¿Pero, a qué viene tanta fascinación por este guitarrista? Será que estamos hablando de uno de los mejores, sino el mejor, guitarrista eléctrico de la nueva generación del rock de nuestro país, continuador de una estirpe iniciada a finales de los años 60’s por tipos como Claudio Gabis (Manal), Norberto “Pappo” Napolitano, David Lebón, Edelmiro Molinari (Almendra y Color Humano), Ricardo Soulé (Vox Dei), Héctor Starc, Skay Beilinson (Redondos de Ricota), Ricardo Mollo (Sumo y Divididos) y varios más.
Afirmar que es el mejor en su estilo se podrá refutar de acuerdo a gustos personales. A favor de esta hipótesis: tres artistas tan influyentes como Spinetta, Solari y Calamaro, disminuyen el margen de error.
Era habitual que Spinetta lo presentará como: “Un guitarrista mortal y estratosférico”, y a continuación Baltasar Comotto se asomaba casi tímidamente por un costado del escenario para aportar desde su filosa guitarra: virtuosismo jazzero y fiebre rockera. Con esa banda (Claudio Cardone, Sergio Verdinelli y Nerina Nicotra) acostumbraban tocar Tu vuelo al fin,  canción con la que aparece en los créditos de Spinetta y Las Bandas Eternas, aquel antológico evento perpetrado en el Estadio de Vélez Sarsfield ante la mirada atónita de 35.000 personas, el 4 de diciembre de 2009, en el que Luis reunió por única vez a todas las bandas de su vida y su carrera.
Como miembro estable de Los Fundamentalistas, junto al otro guitarrista Gaspar Benegas (hijo de María José Cantilo y sobrino de Miguel); Marcelo Torres en bajo; Hernán Aramberri y Martín Carrizo en baterías y Pablo Sbaraglia en teclados; se ganó la confianza del Indio para ser quien interprete en directo los temas de Los Redondos casi como lo haría Skay. Menuda responsabilidad que a Baltasar parece no pesarle.
En paralelo a su trabajo junto a las grandes figuras, lleva adelante una carrera solista con la que ya facturó dos discos de estudio: Rojo (2008) de estilo funk y jazzero y el más reciente, Blindado (2011), con un viraje casi al heavy metal y guitarras distorsionadas. Para este último se aseguró las participaciones estelares de Luis Alberto Spinetta (voz en Hipnotic), de Ricardo Mollo (voz y E-bow en Las penas) y del Indio Solari que puso su inconfundible registro en A lo mejor.
Así reparte sus días Baltasar Comotto, al frente de su propia banda Los Dragones Albinos tocando en un bar para cien personas como una estrella de culto de under; y luego irrumpiendo ante una audiencia de seis dígitos en los lugares más diversos de la Argentina secundando al polémico Solari. En cualquiera de estas dos funciones, préstenle atención, estarán escuchando al guitarrista eléctrico más influyente de las próximas generaciones.-

(*) Mendigos de la luna, sábados de 19 a 22, por "Nuestra Radio", la FM de la Universidad Nacional de Córdoba. Link: http://www.raddios.com/4861-nuestra-radio

viernes, 11 de abril de 2014

Pescado Rabioso: poseídos del alba

Spinetta-Lebón-Amaya-Cutaia: Pescado fase 2

Pequeñas historias sobre grandes bandas, escritas para un programa de rock en la radio (*)En el capítulo de hoy: Pescado Rabioso.

RADIO_GRAFÍAS DEL ROCK

por Néstor Pousa
                                                                                                            
Al poco tiempo de la disolución de Almendra, una de las bandas seminales del rock en la Argentina, Luis Alberto Spinetta decide, al igual que muchos otros músicos de su generación, emprender la aventura europea junto al baterista Héctor “Pomo” Lorenzo. Tras un período en París, un fallido intento de cruzar a Inglaterra y un breve paso por Ámsterdam, regresa al país y se encuentra con que en su ausencia Muchacha (ojos de papel), la canción escrita para Almendra, se había transformado en un gran hit. En lugar de aprovechar el envión, se revela al encasillamiento con el que la industria discográfica pretendía domesticarlo y comienza a pergeñar lo que sería Pescado Rabioso, su segunda banda eterna. La traumática transición que va desde la dorada era adolescente, el colegio secundario, los primeros amores y la música de Almendra, hacia el destino impostergable de una insondable adultez, se manifiesta en Luis mediante la gestación de una música de características más agresivas y un brusco giro hacia el rock and roll al palo y visceral inspirado en Led Zeppelin y Jimi Hendrix. Mientras que el modelo local a seguir era Pappo’s Blues. De Norberto “Pappo” Napolitano, Spinetta además de muy amigo, se reconocía un absoluto admirador, es por eso que para su nuevo proyecto al primero que convoca es al baterista Juan Carlos “Black” Amaya, un exintegrante del primer Pappo’s Blues. Entre ambos deciden fichar para el bajo a Osvaldo “Bocón” Frascino, otro que había tocado junto al Carpo. Se completaba así la formación de trío inicial con el que Pescado Rabioso registra en 1972 su disco debut. 


Desatormentándonos, 1972 (vinilo)
Desatormentándonos, tal su título, pretendió ser un álbum doble pero tropezó con la oposición del sello grabador que permitió un único volumen que incluía 5 temas, algunos de largo desarrollo. En Serpiente (viaja por la sal), el trío suma a Carlos Cutaia en órgano Hammond que a partir de ahí pasa a ser el cuarto integrante estable de la banda, desbaratando el plan original del terceto. Al poco tiempo, cuando Bocón se baja del proyecto y es reemplazado por David Lebón (un músico que podía tocar batería, bajo, guitarra y cantar), Spinetta logra reunir la base completa del primer Pappo’s Blues. Sin embargo el estilo de canción, y el vuelo lírico y musical tan propio de Luis, diferenciaba notoriamente a Pescado de su modelo inspirador.
En Octubre de 1972 realizan el ciclo La semana de Pescado Rabioso en el Teatro Olimpia, donde se registran algunas tomas en vivo para la película “Rock, Hasta que se ponga el sol” (de Aníbal Uset). Allí se lo puede ver al Flaco recorriendo el escenario con una baliza adherida en la espalda como si fuera un patrullero y en un sketch en el cual el cuarteto sufre un atentado en la calle, con un remate desopilante.
Ya en 1973 y con la nueva alineación (Spinetta-Amaya-Cutaia-Lebón) graban dos discos simples demoledores: Post-Crucifixión / Despiértate nena (cantado por el Ruso Lebón); y Me gusta ese tajo / Credulidad

Este último tema sería un adelanto de Pescado 2, el segundo álbum que, con un nuevo giro estilístico, contiene joyas fundamentales, como: Poseído del alba, Como el viento voy a ver, Hola dulce viento (el primero compuesto por David Lebón), La cereza del zar y Cristálida (Aguas claras de Olimpos), entre otras. 
Pescado 2, 1973 (c.d.)
A este trabajo se dan el gusto de editarlo en formato de álbum doble, pero la intensidad de las sesiones de grabación sumado a las diferencias que ya empezaban a manifestarse entre Spinetta y sus compañeros conspiraron contra la estabilidad interna y sobrevino la separación. Black Amaya nos recordaba aquel momento: “Al principio discutíamos mucho, éramos muy jóvenes, ambos teníamos 22 años. Discutíamos porque yo no quería tocar otra cosa que no fuera rock y blues. Yo era como la oveja negra y el Flaco era medio ‘fifi’. Mucho tiempo después, en su casa, mientras él me preparaba un té, le dije: ‘Luis, tengo que pedirte disculpas’, me miró y me contestó: Esta todo bien” (Ecos de Punilla - N° 523).
Con todo, hubo tiempo para un tercer disco lanzado con la firma de Pescado Rabioso, aunque ya sin Black Amaya, David Lebón y Carlos Cutaia en sus filas, el mismo debe acreditarse a Spinetta solista y no como una obra póstuma de la banda. De este trabajo, considerado por muchos como el mejor disco del Rock Argentino, ya nos ocuparemos en otro capítulo.-

Pescado 2009. Si hay un concierto al que le cabe el adjetivo de “antológico”, es el que protagonizó Spinetta el 4 de diciembre de 2009 en el estadio de Vélez Sarsfield. Bajo el título de Spinetta y Las Bandas Eternas, ante una audiencia estimada en 35.000 personas, el Flaco ofreció un recital de cinco horas y media por el que desfilaron 31 músicos invitados (Charly García, Gustavo Cerati, Fito Páez, Ricardo Mollo, Juanse, entre muchos otros) para tocar 50 canciones de todo su repertorio, de todas sus bandas y de todas sus épocas. Allí estuvo reunido por última vez Pescado Rabioso con su plantilla completa, banda a la que le bastaron menos de dos años de existencia para convertirse en una de las más influyentes y veneradas del Rock Argentino.-

(*) Mendigos de la luna, sábados de 19 a 22, por "Nuestra Radio", la FM de la Universidad Nacional de Córdoba. Link: http://www.raddios.com/4861-nuestra-radio

viernes, 28 de marzo de 2014

John Fogerty: una canción para todo el mundo

El cantante y líder de Creedence Clearwater Revival revisó y actualizó las versiones originales de los grandes éxitos de su célebre banda sumando el aporte de invitados especiales. Mirá el video de John Fogerty & Bob Seger cantando Who'll stop the rain.

DISCOS / CD'S                                                                                                             

por Néstor Pousa

Hace algunos años, en mis tempranos inicios melómanos, había decidido completar mi colección discográfica de The Beatles, banda que fue la más grande influencia para la mayoría de los que amamos el rock. Para eso, concurría mensualmente a la casa de discos de la ciudad en busca de cada uno de los ejemplares en vinilo del famoso cuarteto de Liverpool. Pero ocurrió que en una de esas tantas incursiones se cruzó en mi camino un disco que no pensaba comprar y que interrumpió la secuencia beatlemaníaca que había planeado. Era el álbum Crónica de Creedence Clearwater Revival, disco doble editado originalmente en 1976 que compila con bastante precisión la carrera de la banda californiana convertida en uno de los grandes sucesos del rock internacional con tan sólo 5 años de fugaz carrera, entre 1968 y 1972, período en el que facturaron siete discos de larga duración.
Problemas de egos y disputas por el liderazgo entre John Fogerty (voz, primera guitarra y principal compositor) con el resto de la banda: su hermano mayor Tom Fogerty (segunda guitarra y coros), Stu Cook (bajo) y Doug Clifford (batería), hicieron que esta se disolviera más rápido de lo esperado, dejando en su lugar un juicio millonario por reparto de regalías.
Tras esto John emprendió una carrera solista de singular éxito pero que no obstante no alcanzó la magnitud que consiguió con Creedence, banda cuyas canciones pasaron a ser clásicos universales del rock and roll, la música country y el folk rock. Apuesto a que, sin importar si sos conocedor o no, alguna canción de ellos tarareaste alguna vez.
Como casi siempre sucede con las grandes bandas y sus clásicos, llega un momento en el que su autor decide ventilar ese cancionero al cual la constante repetición puede de alguna manera desgastarlo. Es por eso que en 2013 Fogerty decidió lanzar Wrote a song for everyone (Escribí una canción para todo el mundo), un disco imprescindible y seguramente muy esperado por los acólitos de este célebre repertorio. Un trabajo que se caía de maduro y que con excelente resultado repasa doce clásicos de Creedence con el aporte de celebridades que actualizan las versiones originales.
"Alenté a cada uno de los artistas a que traigan su propia visión de mi canción, en lugar de volver a hacer lo que yo había grabado en el pasado. Tenía la esperanza de que tuvieran algún giro diferente, yo quería que fuera algo nuevo”, declaró Fogerty y fue así que consiguió momentos verdaderamente intensos junto a Dave Grohl y los Foo Fighters que atacan con una furiosa versión de Fortunate son; o sacándose chispas con sus hijos Shane y Tyler Fogerty en Lodi; y haciendo lo propio junto a Kid Rock en Born on the Bayou.
Más introspectivos resultan los pasajes por Long as i can see the ligth que destaca a la banda My Morning Jacket; Someday never comes que introduce a unos desconocidos Dawes; la conmovedora y personal interpretación de Who’ll stop the rain a cargo de Bob Seger; y Alan Jackson quien con tonada sureña interviene el Have you ever seen the rain.
Entre tanto exceso de indiscutidos himnos del rock mundial, tal vez la página menos conocida de todas sea la que titula el álbum, en la que John vuelve a reprocharse: “Escribí una canción para todo el mundo, y ni siquiera pude hablar con vos”, compartiendo roles con la bella Miranda Lambert en voz y el solo de guitarra eléctrica de Tom Morello.
La edición viene acompañada por un booklet o folleto interno en el que abunda un valiosísimo material adicional con la explicación, según el relato en primera persona del autor, de cómo y en qué contexto fueron concebidas las canciones, revelando detalles no conocidos hasta el momento en la vida y la carrera del músico.- 



miércoles, 26 de marzo de 2014

Horacio Sosa: elegir con libertad

Foto: Eugenia Morlans
Horacio Sosa nos habla de “Ocre”, su segundo disco solista presentado con un gran concierto en el Teatro del Libertador Gral. San Martín, en esta nota realizada en agosto de 2007.                                   

RESCATE PERIODISTICO

Por Néstor Pousa

Horacio Sosa es el mismo que con Posdata, su dúo junto a Pancho Alvarellos, desafió la escena musical contemporánea argentina desde Córdoba en los años 80’s. Fueron ellos los que impusieron como himno de la Docta el Córdoba va, tema firmado por Francisco Heredia con un estribillo que le calzó justo a una ciudad que, por entonces, parecía descontextualizada del concierto nacional.
Luego de Posdata Horacio Sosa emprendió una más reposada carrera en solitario, y el último show de grandes escenarios en donde lo habíamos encontrado fue el Chateau Rock ‘90. Horacio lo recuerda así: “Fue en el ‘90, exactamente, y fue también el año que nació mi primer hijo, Pedro. Ese Chateau Rock, ya como solista y con mi banda, fue una noche inolvidable por sentimientos muy encontrados que tuve que experimentar: esa actuación fue poco antes de ir a  grabar para Melopea mi primer disco solista, Línea del Corazón, en una jornada re-heavy de dicha programación. Yo salí antes de Rata Blanca y Los Violadores y la tribuna me quería comer crudo. Nuestra performance fue un solo silbido. Lo loco fue que después de bajar del escenario, ya en camarines, hicimos muy buenas migas con Pil Trafa y nos sacamos varias fotos como chanchos amigos. Pero el público nunca hubiera entendido esa espontánea afinidad con el líder de Los Violadores. Para colmo yo me había negado sistemáticamente a cantar ‘Córdoba va’, canción de la que me quería despegar, por esos años, y por mucho que insistió Gabriel Bursztyn, productor del evento, no logró que yo lo hiciera. Tal vez tenía razón, en el sentido de que la gente por ahí se enganchaba con el recuerdo de un estribillo que había sido coreado en los Festivales de la Falda de los primeros 80’s”.

Volver a grabar. Tras un prolongado paréntesis de casi 16 años, Horacio Sosa volvió a entrar a un estudio de grabación para registrar Ocre, su segundo disco solista, que presentó con un gran concierto el 5 de agosto de 2007 en el Teatro del Libertador de Córdoba, acompañado por todos los músicos que participaron del proyecto. “Es largo de explicar el porque vuelvo a grabar -afirma Horacio- un músico en Córdoba, en el interior, aunque seguramente puede estar peor el músico que vive en Chepes o en alguna localidad de Formosa, graba un disco cada 10 años, más o menos. Le pasó al Cuchi (Leguizamón) no es que nos pase a nosotros. Y cuando lo graba, es por sus propias motivaciones de dejar un documento de su trabajo, y porque a uno le gusta compartir las canciones con los músicos amigos que, a su vez, edifican su propia música a partir de lo que uno les hace escuchar. Es placentero tocar, y más aún hacerlo con otros músicos, y luego hacerlo con el público, ahí es la culminación, la ceremonia que cierra el círculo… y seguramente abre otro nuevo. Es un ciclo eterno. Pero la motivación mayor no sé cuál es. Debe haber conscientes e inconcientes. Tal vez el deseo, tal vez burlar a la muerte en alguna pequeña y desconsolada medida. Tal vez sentirse vivo”.

Ocre, amarillo, marrón son los colores de un otoño al que el alma apenas si le puede arañar un empate. Es el comienzo de un disco que bien podría considerarse como el más logrado de toda su carrera. Un trabajo de una calma cautivante, donde parece que no va a pasar nada y pasa de todo. Una obra en la que Horacio Sosa además de cantar, tocar la guitarra y componer la mayoría de los temas, también arregló partes de cello, clarinete, bronces, percusión y voces; y escribió solos de bandoneón y guitarra eléctrica, lo que lo reafirma como un músico integral.
Muchos años lejos de un estudio de grabación nos devolvieron un disco de un contenido ecléctico, con canciones de una enorme calidad interpretativa y musical, con puntos altos en Ciudad alma, que empieza con un sugestivo ¿Córdoba va?, ahora como interrogante, y sigue con el trío formado por Sosa, Ariel Borda y Sergio Korn, una especie de Crosby, Stills & Nash a la cordobesa. Hay un mundo, una canción de una inusitada belleza pop en la que aportan sus hermanos Leo Sosa (guitarra eléctrica) y Palín Sosa (batería). Caída del amor con la participación en el bajo del Negro Cuevas, un exPosdata de la primera época. A punto de salir, con brillante sección de bronces, habla de las sensaciones del músico en el pre-show. Consignas y graffitis, con el aporte de Jorge Fandermole, confirma que “las consignas de estos tiempos no chorrean utopías”. Dos piezas del folklore tradicional con novedosos arreglos se convierten en perlas del trabajo: Zamba del ángel (de Ariel Petrocelli y Hugo Díaz) una letra que estremece recreada maravillosamente junto al bandoneón de Pablo Jaurena. Y Perfume de carnaval con la voz forzada hasta el susurro de Horacio sobre el bajo de Fernando Olmedo más la participación del autor, Peteco Carabajal. Horacio aporta su propia zamba El don viajero y del repertorio de Posdata revisita Quiero amar mi país, una de las más bellas canciones del cancionero popular argentino, la que alguna vez eligió y elogió Mercedes Sosa.

Post Posdata. ¿Cómo encarar una carrera solista después del gran éxito nacional que fue Posdata?, fue la pregunta. Y Horacio prefiere bajarle los decibeles a este último concepto. “Yo relativizaría lo de ‘gran éxito nacional’. Lo fue en alguna medida. Posdata llegó a figurar en alguna Historia del Rock Nacional, grabó para la RCA Argentina, alguna vez se difundieron sus canciones en Buenos Aires, y Mercedes Sosa grabó una de mis canciones, ‘Quiero amar mi país’. No está mal. De verdad lo digo. Pero yo me quedé en Córdoba, así lo elegí, y al hacerlo perdí muchos espacios y posicionamientos. Lo de ‘Dios atiende en Buenos Aires’ es cierto y si no cotizás allá, sabrás a qué atenerte. Pero soy feliz de haber elegido con libertad”.-

miércoles, 19 de marzo de 2014

Mario Luna premiado por la UNC

Premio y aplausos para Luna
Por Néstor Pousa

En un acto realizado el pasado miércoles 12 de marzo en el Salón de Actos del Pabellón Argentina de la Universidad Nacional de Córdoba, fue homenajeado con la entrega del Premio Cultura 400 años que otorga la casa de altos estudios, el reconocido locutor y productor artístico Mario Luna por su importante trayectoria (distinción que se suma a la que, con idénticos fundamentos, le entregara la Municipalidad de la Ciudad de La Falda en enero de 2013).
Durante el desarrollo de un emotivo acto presidido por el Rector de la UNC Dr. Francisco Tamarit y al que asistieron autoridades académicas, invitados especiales y numeroso público, se expuso buena parte de la tarea que durante ininterrumpidos 42 años desarrolló Luna en favor de la difusión de la música contemporánea, mediante la producción y conducción de diferentes programas de radio (Alternativa, el más emblemático) y la organización de ciclos entre los que se cuentan el Festival de Rock de Cosquín (1976), el legendario Festival de Rock de La Falda (1980 al ‘84 y 1992) y el Chateau Rock (1985 al ‘89).
El cierre musical estuvo a cargo de un inmenso seleccionado de músicos de Córdoba encabezados por Ariel Borda, Liliana Rodríguez, Hueso Horsmann, Daniel Díaz, Mingui Ingaramo Horacio Sosa, Silvia Lallana, Pelu Mercó, Laura Bertora, Pocho Bertora, Popi Pedroza, Zurdo Roqué, Jorge Nazar y Martín Oliva. Un sorpresivo We are the world a la cordobesa que con versiones de La Pomeña y Zamba de Juan Panadero, le puso el broche al merecido homenaje.-

viernes, 7 de marzo de 2014

Cosquín Rock 2014: Hasta la montaña siempre

Foto: Manuel Pousa
Batiendo el record de asistencia para sus catorce años de vida, el enorme festival tuvo que pelearle cuerpo a cuerpo a las inclemencias climáticas. Al final fue un dato más para agigantar la mística del ciclo. Galería de imágenes.

COBERTURA ESPECIAL

por Néstor Pousa

Una buena definición para el Cosquín Rock que acaba de concluir es que se trata de un festival de tres días para el que se necesitan no menos de diez para poder abarcarlo completo. ¿Alguien esperaba una tirolesa cruzando por sobre las cabezas del público, enfrente mismo al escenario? Es que la edición 2014 tuvo tanta oferta artística y de entretenimiento que se hacía imposible poder abarcarlo en un fin de semana. El formato toma el modelo de prestigiosos festivales europeos como Glastonbury y Roskilde a los que José Palazzo, creador y organizador del Cosquín rockero, asiste anualmente en calidad de turista para emular lo mejor que tienen esos encuentros. Una de las ideas es proyectar cine, si bien: “En Glastonbury hay cine para niños, entonces vos querías ir a tomar una birra y ver un grupo y dejabas a los nenes en el cine viendo Toy Story”, explica Palazzo; en su festival por ahora se pueden ver películas del palo, como lo fue el estreno de El alucinante viaje de Patricio Rey, que recopila los primeros años de los Redondos de Ricota; u otros rockumentales como: El blues de los plomos, Piedra que late o La Hache, con notable asistencia de público en todas las funciones.
Hubo expresiones artísticas afines al rock que ganaron terreno en la consideración del asistente al festival, esas fueron Fuerza Bruta y Favio Posca. Los primeros en su segundo año consecutivo superaron todas las expectativas con sus múltiples funciones y prometen novedades para el próximo año. En cuanto a Posca, su debut no pudo ser más auspicioso, con sus zarpadísimos monólogos y personajes reventó de gente los dos espacios que ocupó. Su performance fue tan festejada que ya se piensa en sumar las de Roberto Pettinato, Diego Capusotto (ambos fueron invitados este año pero no pudieron estar) y Alfredo Casero.
Los espacios auspiciados como el Domo Naranja o la Carpa Pepsi fueron escenarios alternativos muy exitosos en concurrencia y diversidad de propuestas. Por allí pasaron, aparte del citado actor cómico, una variada paleta de bandas de distintos estilos (Connor Questa, Negro García López, Viticus, Indios, Un día perfecto para el pez banana, Rayos Laser y el debut absoluto de Pésame, entre muchos otros), el Festival Ciudad Emergente aportado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, una arriesgada apuesta que funcionó muy bien y que mostró danza y arte callejero, batalla de hip hop, etc.; la presentación del libro Díscolo; una fiesta electrónica en donde pincharon discos renombrados deejays de la escena, fueron algunas de las tantas cosas con las que te podías topar mientras chequeabas la música que simultáneamente sucedía en los escenarios tradicionales del evento. Por ejemplo, la actividad en los hangares, los que pertenecen al aeródromo de Santa María de Punilla, locación en donde se viene desarrollando este festival desde el año 2011. En el dedicado a la música hubo una infinita cantidad de bandas; de Córdoba (el sábado 1 de marzo) se programó a: The Chicken Faces, Los Cocaleros, The Tristes, Anticasper, Planeador V, Segundo Nova, Numeral, Toque de Queda, Odoghan, The Smoke Sellers, Esteban Kabalin y Nómades. De Buenos Aires, el domingo y lunes, circularon bandas under, algunas con 25 años de carrera y que bendicen esta oportunidad que les da Córdoba a través de su festival serrano para poder exportar su música por el país.
El segundo a hangar estuvo ocupado por una galería de fotos que documentan la edición 2013 tomadas por el fotógrafo Martín Bonetto, que se sumaba a los espacios de venta de ropa rockera y una extensión de la tradicional disquería Lado B (25 años de historia en la ciudad de Córdoba) ampliamente provista de títulos nacionales e internacionales y atendida por sus dueños, el especialista Marcelo Palo Cáceres y familia.
Por el escenario temático, otro clásico del festival, desfilaron en noches sucesivas lo más granado del Rock: La 25, Gardelitos, El Bordo, La Beriso y la aparición sorpresa del impredecible Pity Álvarez y sus Viejas Locas. El temático Heavy, seguido muy de cerca por una fiel y avezada platea, presentó desde el debut en el ciclo de los cordobeses GTX hasta el cierre de Almafuerte, pasando por propuestas muy esperadas como la de Horcas, Hellion, Lethal, Hammer y los brasileños Angra. La cultura Reggae tuvo su chance el tercer día con las intervenciones de Nonpalidece, Dread Mar I, Zona Ganjah, Dancing Mood, Kameleba, Resistencia, y un solo faltazo, el del italiano Alborosie (su vuelo no llegó a tiempo).

IKV observados por el drone
Flasheando en el principal. El escenario principal -con un impecable diseño de sonido, luces y pantalla de leds- a lo largo de sus tres jornadas tuvo muchos momentos para destacar. Interesantes propuestas en el horario siestero de las cuatro de la tarde con Cirse, la Armada Cósmica, Banda de Turistas, Inazulina, Juan Terrenal y Pezones Cardozo. El set corto de León Gieco traduciendo sus hits al estilo rockero de Infierno 18, su banda de apoyo. Skay Beilinson, con look de cantante folk, dejó una impensada trilogía acústica y solista, Paria, Boggart Blues y Mariposa Pontiac, sobre la pasarela a ras del público; y ni la lluvia (presente el sábado y el domingo, al igual que el barro los tres días) pudo frenar el pogo más grande del mundo en versión subacuática. Las adversas condiciones meteorológicas con que tuvo que lidiar tanto la producción, como los músicos y el público tampoco aguaron el show de Charly García y la Orquesta Kashmir. Charly había invitado especialmente a Nito Mestre a sumarse a su show, este no pudo venir por un compromiso en la costa argentina, la tecnología hizo el resto: la voz de Sui Generis apareció en la pantalla gigante mediante una videollamada para una gran versión de Instituciones, clásico del inolvidable dúo.
Los Illya Kuriaky volvieron a conmover con el Águila Amarilla en homenaje a Luis Alberto Spinetta. Luego en sala de prensa lográbamos esta declaración: “Hoy fue muy emocional, este escenario fue el primero que tocamos después que falleciera mi papá y tiene una connotación especial, cuando la gente grita, siento que escucha, fue muy groso. Igual, cada vez que me cuelgo una viola solo en mi casa, siento que está ahí”, nos decía un emocionado Dante.
La misma intensidad provocó el domingo en horas de la tarde Eruca Sativa con su homenaje al desaparecido músico cordobés Titi Rivarola. Ellos tocaron su canción, Amor ausente, bajo una leve pero insistente cortina de agua que elevó el contexto emocional de una gran versión acústica y eléctrica, Titi desde la pantalla volvió a tocar el solo de viola. A su turno Fernando Ruiz Díaz dejó citas sobre la historia del festival del que su banda, Catupecu, son protagonistas históricos, elogio las bondades del mismo y arengó a un pogo descomunal con la consigna: “¡Desde el escenario hasta la montaña siempre, los quiero a 77 cm. del piso!”, fue en el momento en que los tres integrantes de Eruca se sumaron espontáneamente a la acción para una interminable versión de Dale!
Los puertorriqueños Calle 13 son el crossover ideal que acerca su propio público a la vez que capta la atención de los rockeros más tenaces, conformando así una multitud. Ofrecieron una seguidilla de clásicos para el delirio: Fiesta de locos, El baile de los pobres y La vuelta al mundo, con un René, su cantante y líder, cansado y algo malhumorado por la demora de los traslados aéreos.
El santiagueño Raly Barrionuevo tuvo su primera vez en el ciclo, debut que vino precedido por unas polémicas declaraciones suyas sobre los músicos de rock argentino. En el escenario se quejó de un set muy corto.
Las Pastillas del Abuelo, La Vela Puerca y Las Pelotas son números de peso que sintonizan a la perfección con el perfil del Cosquín Rock más tradicional. Los de Nono mantienen intacta su fidelidad al festival por ser los únicos que suman catorce presencias en igual cantidad de ediciones. Aunque su propuesta sea más sofisticada, a los Babasónicos se los puede considerar otro número clásico y esperado. Comandados por Adrián Dárgelos defendieron con eficacia el material de Romantisísmico, su más reciente trabajo, en un gran show en el que intercalaron hits de todos los tiempos hasta el final agitado por el tándem Putita / Yegua.
El cierre de la edición a cargo de Ciro y Los Persas fue un apoteósico grand finale en el que nadie, ni propios, ni extraños, pudieron mantenerse indiferentes.
En sus catorce años de vida el Cosquín Rock llegó a transformarse en un gran festival en términos cuali y cuantitativos, logrando el modelo exacto que desde su nacimiento su producción buscó y logró imponer. Pero el desafío no es solo artístico, la logística impone un ritmo de trabajo frenético y estresante. Las toneladas de basura que genera el encuentro este año se redujeron con medidas muy efectivas como los ecovasos retornables y la no-folletería en el predio. Los ingresos al lugar se mejoraron reseñalizándolos. Son sólo algunos de los factores extramusicales en los que se puso especial atención; quedan en el borrador otras cuestiones por optimizar, pero ahora que el exitoso Cosquín Rock 2014 ya es historia, tras el acorde final sólo un par de certezas: que la edición número 15 será en el Aeródromo de Santa María de Punilla (aventando rumores de una nueva plaza) y que la fecha coincidirá nuevamente con el carnaval, una elección acertada que hizo de esta una edición record.-
Eruca bajo la lluvia
Sebastián Cáceres (Catupecu)
Lula (Eruca Sativa)
Dárgelos, frontman carismático (Foto: Manuel Pousa)
Ciro: Barón Rojo

jueves, 27 de febrero de 2014

Pedro Aznar en La Falda, aquí y ahora

Aznar volvió a La Falda
El multifacético instrumentista agotó la capacidad del Auditorio Municipal como hacía mucho tiempo un músico de rock no lo hacía. En su regreso a La Falda eludió hablar del pasado y se concentró en su presente.

RECITALES

por Néstor Pousa

Hubo dos instancias en la visita de Pedro Aznar a La Falda, una fue la conferencia de prensa realizada en la previa del show y la otra propiamente el show que ofreció esa misma noche. Era el mediodía del viernes 14 de febrero y la prensa estaba citada en el hotel de avenida Edén al 700 donde desde la noche anterior se alojaba el músico. Durante la concurrida rueda con los periodistas Aznar dejó conceptos muy interesantes sobre la música y otras cuestiones afines, pero se negó enfáticamente y eludió todo intento cuando se trató de hablar de momentos no tan recientes de su valiosa carrera: “Ah no, para atrás ya está, ya fue”, cerró secamente y en el límite de la descortesía. Esto sucedió cuando empezamos a recordar las anteriores visitas de Aznar a La Falda, época en la que formaba parte de Seru Giran junto a Charly García, David Lebón y Oscar Moro. Pedro dijo no recordar absolutamente nada de su paso por el Festival Argentino de Música Contemporánea, al que acudió en su primera y tercera edición, años 1980 y 1982, respectivamente. Sin embargo, y en relación a este ciclo, expresó: “Nos solían tirar cosas, creo que tenía que ver con la extraña relación que tenía Charly con Córdoba por aquellos años, era una relación de amor-odio muy particular, y la ligábamos los cuatro. Con Seru nos tiraban pilas”, afirmó sin dudar y sin dar derecho a réplica. Y aunque se equivocó en este punto, ya que no fue en La Falda el episodio de los pilazos a Seru, instó a los presentes a cambiar de tema, denotando cierto fastidio que nadie pretendió hacerle padecer. Todo lo contrario, ya que a partir de allí la conferencia se transformó en algunas preguntas y otros tantos monólogos laudatorios hacia la figura del artista.

Afortunadamente en horas de la noche la imagen del mediodía cambió por otra mucho más amable, Pedro se manifestó en un recital a la altura de las expectativas y con una asistencia acorde a sus últimos antecedentes. Hay que decirlo: Pedro Aznar agotó por mérito propio la capacidad del Auditorio Municipal como hacía mucho tiempo un músico de rock no lo hacía y, afortunadamente, en este caso sin necesidad de exagerar en las cifras oficiales.
Luego de un año -el 2013- en el cual se dedicó a difundir su obra en formato solista -solo con sus instrumentos frente al mundo- para La Falda retomó su trabajo junto al quinteto en lo que fue su primer show del año en esta modalidad. La misma banda que lo acompañó en su presentación del Cosquín Rock del verano pasado, estuvo aquí, en la que fichan: Julián Semprini en batería, Coqui Rodríguez en guitarras, Alejandro Oliva en percusión y Tomás Fares en teclados. Este show debe tomárselo como la puesta a punto de la banda en lo que será un año con mucha actividad y por lo tanto el repertorio elegido estuvo acorde a eso. Fue, como el mismo Aznar lo anunció previamente, un recorrido por toda su prolífica carrera, aunque se notó la supremacía de dos excelentes discos de estudio como lo son Ahora -facturado en 2012- del que se escucharon el intenso Panteras de polvo; una zona de baladas con Par (¿tributo a Harrison?) y Rencor, y el inesperado rap que titula el disco. Y de Quebrado -álbum de 2008- la magnificencia de Fugu y Los perros del amanecer, y el jazz-rock Nocturno suburbano. El público devolvió ovaciones en momentos claves, eso ocurrió con Tu amor (de Tango4, de su obra junto a Charly), Mientes (de Seru ’92), Ya no hay forma de pedir perdón (de Elton John, pero que en adaptación al castellano es un clásico de Aznar) y Quebrado (canción epónima del disco ya citado). En un intermedio solista volvió a demostrar su buen gusto para lograr versiones con un tríptico mágico compuesto por Blackbird (The Beatles), Barro tal vez (Spinetta) y Lisa (Gustavo Cerati). Una suite que se puede revisitar en Mil noches y un instante, su más reciente trabajo editado en 2013.   
Con una audiencia absolutamente rendida y la cúpula tan rebelde a la tarea de los operadores de sonido como ya es costumbre, Aznar y su quinteto volvieron para dejar en bises Si es que se trata de mí con Sandro cantando desde la pantalla, versión castellana del Break it all de Los Shakers que se encuentra escondida en Tango4; y A cada hombre, a cada mujer, otra de sus contribuciones para el regreso de Seru en el ‘92. Fue el cierre de un esperado regreso de Pedro Aznar al legendario escenario faldense. Un regreso con todos los aditamentos.-

Ciclo: La Falda bajo las Estrellas
Fecha: 14/02/2014
Lugar: Auditorio Municipal de La Falda
Asistencia: 4.000 personas
Foto: gentileza Prensa Turismo y Cultura La Falda

martes, 25 de febrero de 2014

Pappo: que siga siendo rock (*)

Con la pérdida de Norberto “Pappo” Napolitano se va uno de los mejores guitarristas de blues y rock, un auténtico pionero y un personaje como pocos.

A 9 AÑOS DE SU PARTIDA

por Néstor Pousa

Una vez más la tragedia un jueves por la noche, como la del fatal 30 de diciembre de 2004. De nuevo la señal de un canal de cable que trasmite las catástrofes en tiempo real y sobre placa roja, esta vez para anunciar la muerte de Pappo. Las crónicas posteriores se empeñarían en remarcar que como buen amante de la velocidad y los fierros que era, murió en su ley. Aún sigo pensando que fue una muerte absurda y por momentos tengo la sensación que es un mal sueño del que pronto despertaremos.
Como sea, la tristeza que nos deja la desaparición física de uno de los estandartes del Rock Argentino y figura de la cultura de nuestro país, es enorme. Que más se puede agregar que no suene redundante. Nos queda para siempre su historia y su obra, junto con una amarga sensación de que, como coreaban sus fans en el último adiós, al Carpo todavía le quedaba mucho por hacer.

De los comienzos a la actualidad. Corría el año 1968 cuando un joven e ignoto guitarrista de nombre Norberto Aníbal Napolitano era convocado para tocar en la primera formación de Los Abuelos de la Nada de Miguel Abuelo. Al año siguiente se une a la segunda formación de Los Gatos de Litto Nebbia. Estas primeras participaciones en bandas importantes serían efímeras ya que estas bandas transitaban por otros caminos musicales y Pappo tenía bien en claro que lo suyo, desde siempre, iba a ser el blues y el rock & roll.
Junto al baterista Black Amaya y David Lebón -guitarrista como él, pero a cargo del bajo-, integra la primera mítica formación de Pappo’s Blues en 1970, banda por la que posteriormente pasarían Pomo, Machi, Alejandro Medina, Botafogo, entre muchos otros.
En los primeros años de existencia del trío, registrarían clásicos del rock y blues en castellano, confirmando a su líder como un verdadero pionero de un movimiento fundamental en el devenir cultural de nuestro país.
A finales de 1980 decide terminar con Pappo’s Blues en un concierto en donde presentaría su nuevo proyecto. Nacía Riff con el cual se convertiría en referente indiscutido para un nuevo estilo que se haría fuerte en esa década: el Heavy Metal.
Aquella primera formación alistaba a Vitico en bajo, Boff Serafine en guitarra y  Michel Peyronel en batería, con quienes Pappo se presentaría en el verano de 1983 en la 4ta. edición del Festival Argentino de Música Contemporánea de la Falda, ante la mirada atónita y desconfiada de los que desde afuera del fenómeno sentían temor por esa estética de camperas negras, tachas y cadenas; que venía precedida por un historial de violentos incidentes en Buenos Aires, los que hicieron tambalear la continuidad de la banda en esa primera etapa. De Riff sobrevinieron sucesivas encarnaciones con otros integrantes como: Danny Peyronel (tecladista y hermano de Michel), Jaf, Oscar Moro y Jota Morelli.  
La década del ‘90 estaría signada por su etapa solista que le significó el reconocimiento internacional por parte de los grandes bluseros norteamericanos. Con la bendición del maestro B.B. King, Pappo se revelaba en el país del blues como el notable guitarrista que todos conocimos y recordaremos.
El nuevo milenio lo encaró con quinta a fondo, manteniendo vivo el sonido y el recuerdo de sus dos míticas agrupaciones (Pappo’s Blues y Riff, esta última a punto de cumplir 25 años); y dejarnos como último legado un disco a la altura de sus mejores trabajos, Buscando un amor, lanzado en 2003.  

Rockero acérrimo. Pappo era un rockero acérrimo que se jactaba de ello y no dudaba en embestir sin piedad contra todo el que se apartara de ese dogma. Al hacerlo le imprimía a sus comentarios una acidez y una frontalidad tan extrema como alejada de toda diplomacia, aunque con la espontaneidad del chico travieso que nunca dejó de ser. Para él, el Rock debía ser Rock, y no otra cosa. Al diablo con las cruzas y mezclas de estilos. Ni que hablar de la música electrónica. Fue antológica la polémica que mantuvo durante un programa de televisión en vivo con DJ Deró, al que puso contra las cuerdas diciéndole que “mejor se vaya a laburar y se deje de robar”, todo esto ante la mirada perpleja del pinchadiscos y los demás participantes de aquella velada televisiva.  
La última con su firma se la escuchamos durante la segunda noche del Cosquín Rock 2005 en la Comuna de San Roque. Pappo tocaba con su banda Riff en el escenario temático para miles de eufóricos heavys. En el otro extremo del predio, en el escenario principal, se desgañitaban los Catupecu Machu que, con muchos decibeles de potencia por momentos tapaban al pesado cuarteto del Carpo. Primero arengó a su público diciendo que tenían que cantar más fuerte que los de “enfrente”. Luego, increpó en forma retórica a los Catupecu agregando (sin que estos pudieran oírlo, claro): “Toquen rock and roll y déjense de boludeces”, ante las risas cómplices de sus fans. Ese era Pappo, un excelente músico arriba del escenario y un personaje en todos lados. En su vida tuvo dos grandes pasiones, el rock y las motos, una lo hizo famoso y la otra se lo llevó demasiado pronto.-

(*) Artículo escrito el 25/02/05 para el semanario “Ecos de Punilla”.

martes, 18 de febrero de 2014

Toc Toc: el remedio de la risa


Dentro de la variada cartelera de espectáculos de la villa, destaca esta comedia escrita por el francés Laurent Baffie, que sin escándalos mediáticos que la respalden arrasó con elogios y premios

TEATRO EN CARLOS PAZ

por Néstor Pousa

Para Jorge Schussheim, adaptador de la obra escrita por el francés Laurent Baffie, “Toc Toc parece haber sido escrita especialmente para el sofisticado público argentino, eterno psicoanalizado que se verá a sí mismo en el espejo del escenario, en un goce perverso y sano a la vez”. Suscribo, porque estoy casi seguro que ni bien uno se acomoda en su butaca y antes de las palabras del locutor en off, más de uno se pone a pensar si al salir de casa cerró bien la llave del gas, si puso la alarma en el auto que quedó estacionado en la calle y se lavó suficientemente las manos después de pasar por el baño público del bar. Sobre esas y otras obsesiones y fobias se basa la trama argumental de Toc Toc, pero llevadas a un extremo que aunque parezca delirante, no lo es, cruzando ese difuso límite en el cual lo que para uno (el que lo padece) es un drama, para otros (los observadores ocasionales) se convierte en algo humorístico.
La historia gira en torno a seis personajes, todos afectados con serios Trastornos Obsesivos Compulsivos (TOC), que acuden a la consulta de un eminente especialista, el afamado y misterioso Dr. Cooper. Es en la sala de espera del consultorio, en donde los protagonistas esperarán “pacientemente” al psiquiatra, se desarrolla toda la acción.
De a uno los personajes se van incorporando a la escena: Alfredo quien padece el incurable y antisocial síndrome de Tourette y copralalia, traducido: no puede evitar proferir insultos constantemente, a la vez que realiza todo tipo de gestos obscenos y emite sonidos extraños. Camilo, un taxista que no puede controlar su manía de realizar todo tipo de cálculos matemáticos, hasta los más inverosímiles e innecesarios, y está allí sin asumir su problema e instado por su mujer que lo obligó a acudir a la consulta. Lo de Blanca aunque parezca más clásico no resulta menos perturbador, le teme a todas las enfermedades y por eso lava sus manos constantemente y abre las ventanas para ventilar, con el agravante que es empleada de un laboratorio de análisis clínicos y por lo tanto en permanente contacto con todo tipo de virus y bacterias. Otto tiene obsesión por la simetría y lo manifiesta desde su propio nombre y hasta en su color preferido, el verde, intermedio en la escala cromática del arco iris. Liliana no puede evitar repetir absolutamente todo lo que dice, al punto de transformarse en un verdadero martirio para ella y para sus circunstanciales acompañantes. Finalmente, María Auxiliadora es una fanática religiosa, maniática del orden, que revisa treinta veces la llave del gas y controla permanentemente si en su cartera están las llaves de su casa. Hay un séptimo personaje que entra y sale de escena, es la disparatada secretaria interpretada por Lara Ruiz que con marcada tonada cordobesa de la ciudad trata de mantener la calma de los pacientes, informando que el doctor está demorado pero pronto a llegar, algo que hasta el final no se develará si ocurre o no, lo que obligará a los personajes a realizar una improvisada terapia de grupo con una partida de Monopoly incluida. Con todos los personajes sobre el escenario la comedia toma un ritmo por momentos frenético aunque con la perfección de un mecanismo de relojería. Sobresalen, la magistral composición del personaje de Alfredo (Claudio Da Passano) que con sus irrupciones desmesuradas y fuera de lugar es también quien ilustra a los demás sobre sus propios padecimientos; el hiperactivo Camilo (Osqui Guzmán) quien se convierte en una especie de nexo entre los personajes; la santulona María Auxiliadora (Patricia Echegoyen) quien se espanta ante todo lo mundano; las desopilantes intervenciones de Liliana (Malena Figó) que se destacan como lo más hilarante del guión; las permanentes corridas de Blanca (Leticia González de Lellis) y las sobrias participaciones, pero con resultado de revelación, de Otto (Juan Grandinetti).
Tras casi dos horas en donde se enlazan y superponen todo tipo de situaciones tragicómicas, Toc Toc nos tiene reservado un insospechado final que ni el más entrenado espectador esperaba. Otro de los secretos de esta exitosísima comedia que no pretende aleccionar, ni plantear moralejas, sino simplemente entretener y demostrar que la risa puede ser uno de los remedios más infalibles.-       

Ficha técnica. Elenco: Claudio Da Passano, Patricia Echegoyen, Osqui Guzmán, Malena Figó, Leticia González de Lellis, Juan Grandinetti y Lara Ruiz.
Autor: Laurent Baffie. Dirección: Lía Jelín. Traducción: Julián Quintanilla. Adaptación: Jorge Schussheim. Asistente de Dirección: Matías Strafe. Escenografía: Paula Sabina. Producción General: Eloísa Canton, Sebastián Blutrach, Morris Gilbert y Bruno Pedemonti. Prensa: Valeria Krupick y Adriana Gorosito. Funciones: martes a domingo en Teatro Melos (Alberdi 50 - Villa Carlos Paz). 

En los Premios Carlos 2014. Sin necesidad de aparecer en los programas de la tarde con los recurrentes escándalos y cruces mediáticos que la respalden, “Toc Toc” arrasó por mérito propio en la última entrega de los Premios Carlos 2014, alzándose con 6 categorías, a saber: Mejor Comedia, Mejor Guión (Laurent Baffie), Mejor Dirección (Lía Jelín), Mejor Actor (Claudio Da Passano), Mejor Actriz de Reparto (Lara Ruiz) y Revelación Masculina (Juan Grandinetti).-