miércoles, 18 de febrero de 2015

Andrés Calamaro: “Cosquín Rock me dejó feliz y satisfecho”

Andrés arremete con El Salmón  en CR15
En esta entrevista concretada a pocas horas de haberse bajado del escenario del Cosquín Rock, Calamaro comparte sensaciones tras su debut en el ciclo y habla de otros temas.

ENTREVISTA EXCLUSIVA

Por Néstor Pousa

El reciente Cosquín Rock que acaba de culminar será recordado por ser el primero en redondear un número inalcanzable de ediciones hasta ahora por cualquier otro festival de igual género en el país. Se tendrá también presente -amargamente- por haber coincidido en tiempo y (casi) espacio con uno de los diluvios históricamente más trágicos que haya padecido la provincia de Córdoba, precisamente en la zona de las Sierras Chicas. Afortunadamente, cuando se haga el balance final del que fue uno de los capítulos más atribulados de este ciclo inamovible, podremos coincidir que será difícil de igualar el brillante concierto que Andrés Calamaro ofreció en el cierre de la primera jornada, cuando todavía nada hacía presagiar el desenlace de las siguientes 72 horas.
Andrés era ansiosamente esperado en este rincón de las sierras cordobesas. En cada oportunidad que tenía o le consultaban, José Palazzo, factótum y alma mater del Cosquín Rock, manifestaba su anhelo de poder contar con el Salmón en la grilla de cada futura edición. Llegó un momento en que el asunto se transformó casi en una promesa de campaña por parte del hiperactivo productor de espectáculos de rock. Desde el 2005, año en el que Calamaro materializó el regreso a casa, musicalizado con el disco en directo con ese nombre (El regreso), fue que empezó a especularse con su presencia en el magno encuentro rockero. Pero a medida que el solista reinstalaba su carrera en el país, y entregaba cada vez más y mejores discos; parecía que el momento nunca llegaría. Hasta que en 2015 los planetas se alinearon. ¿Por qué durante tantas temporadas no, y ahora sí?
“Supongo que fue por una serie de motivos”, empieza a develar el misterio Andrés mediante una ciber-entrevista consumada por mail a pocas horas de bajarse del escenario en Santa María de Punilla. “En anteriores temporadas estábamos viviendo y ensayando en Madrid, veníamos a hacer una serie de conciertos más concentrados, quizás era complicado estirarse hasta febrero. En este momento de mi andadura tampoco sumo todas las fechas posibles, armamos gira, elegimos dentro de lo posible y nos repartimos entre América, España y Argentina. Con Palazzo estamos haciendo Córdoba desde hace cinco años. No es que me haya negado a venir a Cosquín, pero por diversidad de causas y consecuencias fueron sumándose los años de racha de festivales ausentes”, completa.

   -A tanta expectativa le devolviste un show antológico (ver: Tema x tema), emotivo e inolvidable. Pero ¿cuál fue tu sensación? ¿Cosquín Rock era lo que te habían contado?   “Yo también vine con mucha expectativa, con responsabilidad, en tres días tocan muchas bandas (medianas y grandes) de todos los géneros, algunos dan cátedra de rock bueno y otros además tienen público fiel que les acompaña masivamente. Nosotros siempre queremos ofrecer el mejor concierto posible. Eso es una suma de expectativas y responsabilidad. Como sea, el CR15 me dejó perfectamente feliz y satisfecho: celebramos entrañables encuentros con amigos y camaradas de siempre, y también recibí la amistad y el respeto de otros camaradas que no conocía personalmente. El público estuvo bien y nosotros tuvimos buenas sensaciones en el escenario, que es lo más importante”.

   -Dejando de lado las enormes diferencias ¿crees que Cosquín Rock conserva algo de la mística del Festival de Rock de La Falda?   
“Aquellos eran buenos festivales y había lindas concentraciones de amigos y compañeros. Pero también había complicaciones, el público reaccionaba de forma más inestable. Algunos personajes ya no están, pero Cosquín Rock es muy grande, es un gran festival que involucra mayoría de grupos locales, o invitados de “espíritu local”, un gran festival de rock en este idioma.  Quizás no están todos, pero están muchos”.

   -Tuviste oportunidad de tocar en aquel ciclo a principios de los 80, y creo que no guardás un buen recuerdo de él, aun así ¿no te parece que tuvo una enorme trascendencia en la difusión del Rock en una época particularmente difícil?
“Mis recuerdos son muy buenos, pero fueron situaciones dignas de remontarse… El primero con Los Abuelos fue complicado, recibimos una reacción muy adversa que dimos vuelta con el… ¡solo de batería! También recuerdo un rechazo bastante exagerado para Horacio Fontova porque cantó una chacarera… Y una que suspendimos por vandalismo e invasión del escenario. Pero son cosas que ya hace tiempo recordamos con alegría. La Falda fue importante, sin dudas… En los ochenta había una buena atmósfera creativa, y en términos más “logísticos” el rock aprendió bastante y salió de una zona gris propia de la realidad social y política en nuestro país en la segunda mitad de los años setenta hacia los ochenta”.

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"Si están de pie, tomando cerveza y tocamos El Salmón, van a cantar con nosotros".
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Andrés en alta definición
   -Con la edición simultanea de Jamón del medio y Pura sangre quedaron claramente expuestas las diferencias entre el público ibérico (con un rol más pasivo) y el argentino (fervorosos y con ansias de ser parte del show), ¿de qué forma afectan al intérprete ambos estilos de audiencia?
“No es tan definitivo el registro en el sonido del disco; quisimos hacer un disco en vivo con buen sonido español; allá me rechazaron todos los discos posteriores a Honestidad Brutal, siempre le encuentran defectos. El Regreso no gustó porque se escuchaba demasiado al público. Tampoco tengo problema en ofrecer un VIVO con un buen sonido cristalino… pero allá tenemos público muy encendido si se dan las condiciones; si están de pie y pueden tomar cerveza, entonces son entusiastas y hacen ruido. En La Riviera de Madrid, en el RAZZ de Barcelona, siempre celebramos conciertos con buen clima de euforia. También tenemos público caliente en América, y también hay lugares de Argentina con audiencias más amargas. Tampoco es importante decir cuales son. El público reacciona según la canción y la naturaleza del lugar y el evento: si están de pie, tomando cerveza y tocamos El Salmón, van a cantar con nosotros”.

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"La marcha del Flaco me despertó una serie de sensaciones y actitudes apocalípticas".
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   -Tenés en tu banda a dos músicos que acompañaron al Flaco en su última etapa; le compusiste una hermosa canción (Belgrano); sirva esta introducción para preguntarte como está tu corazón a 3 años ya, de su ausencia física.
“La marcha del Flaco fue un episodio vital negativo, a mí me despertó una serie de sensaciones y actitudes apocalípticas. De una forma simbólica lo confesamos en la película Bohemia, de Leo Damario. Pasó el tiempo y seguimos perdiendo artistas muy queridos. Sin ellos el mundo no es el mismo”.

   -Le dedicas Los chicos “a los amigos que se fueron primero”, pero ¿nunca tocás Belgrano en los vivos?
“Bueno, la ensayamos. La podemos tocar. Hacemos un balance de canciones de Bohemio, de canciones “obligadas” y siempre modificamos un poco el repertorio, pero Belgrano no la estrenamos fuera de la sala de ensayo. De momento no”.

   -En el 2000 te empezaron a llamar Salmón por esa canción, ¿con cuál de las nuevas te gustaría que te identifiquen actualmente?
“Bohemio es una invitación a un nuevo status contracultural. Quizás demasiado evidente”.

   -En La Falda se acaba de rebautizar una calle con el nombre de Norberto “Pappo” Napolitano. Algunos dicen que los homenajes hay que hacerlos en vida, ¿te halagaría que hoy hubiera una calle con tu nombre?  
“Nunca lo había pensado. Creo que Buenos Aires debería cambiar el nombre de algunas calles y ofrecerlas a nuestros héroes de la música; en el centro necesitamos una calle para Aníbal Troilo y una esquina para Gardel y Le Pera (es mi eterno proyecto urbanístico)”. 

   -¿Hay Andrés para rato en Cosquín Rock? o como dijiste en El regreso ¿nos volveremos a ver en 2016?
“Es posible. De momento vamos a presentarnos en Bogotá, en un festival de alto nivel internacional. Después tengo otras historias relacionadas con el cine, la literatura y la tauromaquia. En la segunda mitad del año volvemos a las armas”.-

Calamaro en Cosquín Rock 2015 (tema x tema)

Por Nestor Pousa

A las 0.15 del domingo 15 de febrero Andrés Calamaro pisó por primera vez el escenario del Cosquín Rock respaldado por una banda de lujo: Wiedemer – Comotto - Kanevsky – Verdinelli - Domínguez.  Entró quitándose la campera, hizo un breve saludo, se colgó su Telecaster Toro y largaron un tándem demoledor y rockero, Alta suciedad y El Salmón. Casi sin pronunciar palabra continuó con Cuando no estás, que es el primer corte de Bohemio;  A los ojos, de Los Rodríguez; y dos más de Bohemio, Rehenes (flamante single y video clip) y Doce pasos. Recién entonces tomó el micrófono para agradecer a Cosquín Rock "por la paciencia y el respeto", y para mencionar a los artistas que lo habían precedido en la grilla de esa primera jornada. Nacimos para correr, la balada existencial con guitarra slide de Julián Kenevsky, fue el número que precedió a La libertad. Recordó a Joe Cocker, Johnny Winter y Paco de Lucía, “Sin ellos la vida ya no será la misma”, dijo, y les dedicó Tuyo siempre. Uno de los comentarios más festejados sirvió de introducción para Loco, “Que linda noche para fumarse un…”, y pidió al auditorio que completaran la frase. “Si nos imputan, que nos imputen a todos”, remató, uniendo sutilmente un affaire del pasado con actualidad política. Mil horas, un súper clásico de los 80’s, fue la única referencia de su paso por Los Abuelos. Luego anunció: “Una canción sensible incluida en El Salmón”, era Gaviotas. “Aplaudan, putos”, fue el regaño de Andrés ante la tibia respuesta del público al único “Lado B” de una lista antológica. El bloque que siguió no dio respiro, con Andrés al piano en Los Aviones con final a lo Santana; y una nueva revisita a la obra de Los Rodríguez con una extensa e insuperable interpretación de Me estás atrapando otra vez, Todavía una canción de amor con el coro de miles de gargantas y Mi enfermedad. La banda se pone heavy para una flamígera versión de Out put, in put, con fragmentito de Smoke on the wáter (Deep Purple). El piano de Germán Wiedemer nos introduce en Estadio Azteca. Vuelve el jaleo con Sin documentos y de nuevo el piano acompaña a Andrés para entonar la primera estrofa de Volver (Gardel-Le Pera) que funciona como intro de Flaca. Con una lluvia torrencial ya instalada, Media Verónica y Paloma fueron los últimos temas de una lista a la que todavía le quedaban los bises. Los chicos —dedicada a los amigos que se fueron primero— y Sucio y desprolijo —cover de Pappo’s Blues—. De la guitarra de Baltasar Comotto brotaban chispas. Fue el cierre de un show insuperable.

martes, 17 de febrero de 2015

Cosquín Rock: Por la paciencia y el respeto

Andrés rockea, a su lado Comotto
El festival de rock más grande del país cumplió 15 años. Fue una edición histórica que debió sortear un diluvio con resultados trágicos para Córdoba. En lo estrictamente musical Andrés Calamaro fue el que más brilló.

COBERTURA ESPECIAL

Por Néstor Pousa

No es difícil acceder al predio donde se realiza el Cosquín Rock, ubicado en Santa María de Punilla, municipio serrano donde desde hace cinco años recaló -luego de iniciase en la Plaza Próspero Molina de la ciudad a la que le debe su nombre y tras un paso por la Comuna de San Roque frente al lago de igual nombre- el Festival de Rock más grande del país y ahora también el más longevo.
Santa María de Punilla es una relativamente pequeña localidad con poco menos de 10.000 habitantes que se desarrolla a ambos lados de la Ruta Nacional N° 38 en pleno corazón del Valle de Punilla. La cuestión es que para el fin de semana del magno evento ve cuadruplicar esa cifra con eventuales habitantes. Para llegar hasta el aeródromo el punto de referencia es la escultura de una guitarra eléctrica al costado de la ruta, cerca de una garita de colectivos y pegada a las vías del ferrocarril. La banda de sonido de las humeantes parrillitas al paso repletas de choripanes a medio asar es casi exclusivamente de los Redondos de Ricota, banda que nunca estuvo, ni estará en algún Cosquín Rock, pero que su vigencia en el sentimiento del rockero argentino se hace notar porfiadamente.
El segundo paso es cruzar el río Cosquín, tan calmo y refrescante en momentos en que el sol agobia, como caudaloso y amenazador cuando las condiciones climáticas conspiran. El cruce se hace por un pequeño puente estilo película de guerra, única puerta de entrada/salida para las 40.000 (a veces más, a veces menos) personas que jornada a jornada legitiman con su presencia que este es ya uno de las mayores citas musicales de todos los tiempos.
Una vez sorteado el puente el camino se bifurca: el de asfalto, recto y ascendente en dirección a la montaña, será la ruta a seguir por el personal de producción, músicos, periodistas y toda otra persona involucrada en los servicios del evento. El de la derecha, serpenteante, de tierra, es el ingreso para el público que al atravesarlo deambulará por un interminable shopping gastronómico del palo, en dónde las papilas gustativas son inevitablemente impactadas por aromas y sabores al ritmo de la música propalada por equipos de sonido al borde de la saturación. Aquí también la que impera es la exbanda del Indio y Skay, aunque se cuela por ahí alguna canción de La Renga, otro de los números que jamás pisa un festival masivo y mucho menos si está sponsoreado. Por uno u otro camino habrá que patear unos 300 metros, etapa final para llegar al gran parque temático del rock donde abundará la música en vivo en sus cinco escenarios funcionando simultáneamente, pero que también ofrece una amplia gama de entretenimientos afines a la misma y como una marca registrada de este encuentro. El público podrá recrearse con la shockeante experiencia de Fuerza Bruta, un deslizamiento en tirolesa por frente al escenario principal, un paseo en vuelta al mundo (que esta vez no funcionó), participar de alguna de las presentaciones de libros, vista de rockumentales, shows de stand-up con figuras como Roberto Pettinato, Hernán Casciari, un set de humor cordobés a cargo del Flaco Pailos, y por qué no, hacerse un corte de pelo extravagante en una sucursal ambulante de la autoproclamada única peluquería rockera de Córdoba.
La sub-fauna de cronistas tenemos la primera parada técnica en la carpa de prensa, espacio de trabajo y a la vez refugio. Los momentos allí transcurren entre montañas de cd’s de bandas que pugnan por hacerse conocer y la posibilidad de conversar cara a cara con algunos de los protagonistas del festival. La carpa también es el lugar donde sabés que te vas a encontrar con el abrazo de colegas de todo el país, a veces de países vecinos, algunos de ellos amigos por tantas batallas de rock & roll jugando para el mismo equipo.

Adrián Dárgelos en acción
Cosquín Rock 2015 se vendía como una edición histórica. Sus 15 años ininterrumpidos de hazañas en la Próspero Molina, la locación en San Roque hasta llegar a Santa María, así lo aseguraba. Lo que nadie imaginó es que sería histórica también por una tormenta de descomunales dimensiones, un verdadero diluvio con record de agua caída en pocas horas y resultados trágicos para Córdoba, que fueron difundidos en cadena por los medios nacionales. Esto obligó por primera vez en una década y media a suspender una jornada completa, la del domingo, y reprogramarla para el martes siguiente con todo lo que implica rearmar toda una monstruosa logística de producción. José Palazzo, factótum del ciclo, en el verano pasado definía: “Los de la película 300 al lado de la gente de mi producción, son Stravaganza”, con esta humorada el productor que lejos de cultivar un perfil bajo es afecto a las declaraciones altisonantes, manifestaba su satisfacción por el trabajo realizado por su equipo. Está claro que la faena en circunstancias como la apuntada suele elevar el grado de dificultad y los márgenes de error, pero la decisión de suspender la actividad del domingo que tomó la mesa chica (que integran Defensa Civil, Policía de la Provincia, Fiscalía y Organizadores) fue absolutamente correcta en razón de las circunstancias y, en definitiva y al margen de algunos perjuicios individuales y menores, no afectó el normal desarrollo del evento. Sin perder de vista en ningún momento que el daño mayor e irreparable había ocurrido al otro lado de las montañas, muy cerca de allí, en el sector conocido como las Sierras Chicas.


Salmonalipsis now

Salmón on screen
El show de Andrés Calamaro en el cierre de la primera jornada quedará grabado como uno de los momentos inolvidables de este festival en toda su larga trayectoria. El Salmón era esperado aquí con total ansiedad. No menos de diez años pasaron durante los cuales los organizadores intentaron contratar sus servicios infructuosamente, hasta que los planetas se alinearon para que pudiera decir presente en 2015. Era la (gran) figura que faltaba, qué duda cabe, y venía en uno de sus mejores momentos profesionales y personales, con un muy buen disco por defender, el premiado y elogiado Bohemio; con una banda de respaldo de características notables y un repertorio antológico que no dejó afuera ninguna de sus etapas previas como intérprete y compositor, sea integrando una banda o en rol de solista.
La primera jornada había cumplido con toda su oferta prometida, un menú muy variado en los cinco escenarios. Por el principal ubicado en la cabecera norte, habían hecho su trabajo con efectividad los Guasones y su dosis de rock & roll clásico; el regreso de Los Auténticos Decadentes desatando su fiesta de 28 años con sus tres cantantes alternos: Cucho Parisi, Jorge Serrano y Diego Demarco; y el número de semifondo, los Babasónicos, que siguen facturando vivos gracias a ese gran disco que es Romantisísmico, pero que esta vez sorprendieron con una revisión de sus trabajos anteriores.
Luego que el personal de gira realizará un exhaustivo chequeo de equipos a la vista de todo el público, Andrés pisó por primera vez el célebre escenario cordobés a la 0:15 de la madrugada del domingo con la rama femenina del rock dando quórum absoluto. Tras un breve saludo descerrajó una seguidilla sin respiros. Alta suciedad y El salmón abrieron el fuego (casi literal); siguió con Cuando no estás, Rehenes y 12 pasos, de su disco más reciente, pero que se corean como clásicos; y A tus ojos, el primero que se escucharía de Los Rodríguez, banda formada por Andrés en su estadía española y que su plantilla se repartía mitad argentos, mitad ibéricos. Recién entonces paró la pelota en propio campo para agradecer: “A José (Palazzo) y a Cosquín Rock por la paciencia y el respeto”; larga espera que se encargó de retribuir con un concierto intenso, emotivo y extraordinario, porque superó los niveles esperables de una presentación para festival.
El repaso de su extensa obra de más de tres décadas fue minucioso. Para tener una aproximación bastante certera se puede recurrir al cd + dvd de reciente lanzamiento titulado Pura sangre (2014) que documenta distintos momentos de su gira por argentina y algunas plazas de Latino América. El show continuó con Nacimos para correr, la balada existencial incluida en Bohemio y otros hits con los que convive a la perfección como La libertad, Estadio Azteca y Media Verónica. Si uno se ponía a pensar, es increíble el repertorio acumulado por Andrés Calamaro; el problema es que no había tiempo para pensar porque enseguida aparecía Mil horas, el mega clásico “ochentoso” que escribió en la etapa Abuelos de la Nada, o el summum interpretativo en Me estás atrapando otra vez, que dejó a todos casi sin palabras. Y nuevas referencias a Los Rodríguez con Mi enfermedad y Todavía una canción de amor, la colaboración Calamaro/Sabina que avivó la euforia al extremo.

A este Andrés, que lucía vincha NBA, raybans oscuros y sobria remera al tono con loguito de las 3 tiras, se lo observó moverse a gusto por todo el tablado, pero absteniéndose a la tentación de recorrer la pasarela que invade el espacio del público. Acompañado por una banda notable en la que se destacan Sergio Verdinelli, de insuperable golpe en su batería todo terreno; y las dos guitarras que lo flanquean: Julián Kanevsky para los solos sensibles y slide guitar; y Baltasar Comotto el de los punteos incendiarios cuando el momento exige rockear a fondo.
De buen talante y excelente humor, no apeló a esa pose distante de rockstar incomunicado del mundo, pero tampoco abusó de la retórica. Prefirió la ironía cuando citó su histórica frase que en otros tiempos le trajo algún dolor de cabeza: “Que linda noche para fumarse un…”, y pidió a los 30.000 presentes que la completen, para rematar: “Si somos imputados, que nos imputen a todos”. Fue el único roce de Andrés con la más urgente actualidad política.
En el momento evocativo de la función y mientras él mismo se cebaba “un mate amargo para endulzar la garganta” (sic), mencionó las pérdidas irreparables de Joe Cocker, Paco de Lucía y Johnny Winter, a los que les dedicó Tuyo siempre. Antes de que a alguien se le ocurra inoportuna esa canción en ritmo de cumbia, hay que recordar que la coda repite el verso “Porque no voy a olvidarte nunca más”.
Hacia el final de dos horas de show el mayor de los Calamaro volvería en los bises con un nuevo homenaje a grandes artistas del gremio de los que todavía no se asimila su ausencia física. La gran pantalla devolvía sus imágenes y nombres en el momento de Los chicos, dedicada a los amigos que se fueron primero, con especial referencia cordobesa para el Potro Rodrigo. El enganche como tema final de Sucio y desprolijo (Pappo’s Blues) seguía por la misma vía rindiéndole un nuevo tributo al Carpo, en una versión tan prendida fuego que ni la copiosa lluvia, que ya empezaba a anegar todo el predio, pudo apaciguar.-     


El Cosquín reprogramado. Mirando el cielo.

Andrés Giménez (De la Tierra), agita
Sobre el cierre de edición de Ecos de Punilla, medio gráfico para el cual cubro este evento desde hace ya 12 años, continuaba desarrollándose normalmente el Cosquín Rock 15° aniversario, que se vio obligado a reprogramar la cartelera de su segunda y tercera jornada los días lunes 16 y martes 17. No obstante esto, una verdadera multitud cercana a las 40.000 almas pobló la pista de Santa María de Punilla en el “falso cierre” a cargo de Ciro y los Persas en la segunda noche, seguido de cerca por el Temático Heavy que de lejos agitaba con destacadas performances de Carajo y De la Tierra.
Ante lo inesperado de la reprogramación del domingo a martes, y debido a que muchos no pudieron quedarse un día más, se resintió notablemente el número de asistentes del último día. Como era de esperar la mayor atención la tuvo Patricio Santos Fontanet con Don Osvaldo, versión reseteada de su anterior Casi Justicia Social. El fenómeno de adhesión incondicional que manifiestan sus seguidores debería ser objeto de análisis de algún sociólogo más que de un cronista de rock. Ajeno a cualquier especulación, la inclusión en el Temático Rock de una leyenda como Viticus -estrenaba nuevo guitarrista cantante- fue un clase maestra de rock & roll para los seguidores de los otros grupos de la grilla.
Mientras que en el Hangar las bandas de Córdoba hacían su rancho aparte, en el escenario principal Skay se hacía cargo de un cierre de ciclo tan inesperado como merecido; los Kuryaki funkeaban sin importar demasiado las condiciones adversas, los Eruca Sativa estrenaba un lugar de honor en el cronograma de horarios y Boom Boom Kid azotaba este escenario por primera vez con su estilo frenético. Todo esto ante una convocatoria que en términos numéricos podría definirse como ridícula. Obvio, la multitud estaba en otra cosa.
En definitiva estos últimos apuntes deberán considerarse como notas de color o bien pasar a engrosar futuros capítulos del anecdotario del festival, pues todos los allí presentes lo único que esperábamos era que se terminara de una buena vez esta edición que, salvo el sábado, el resto de los días nos encontró mirando el cielo más que lo que ocurría en los escenarios.-

Fotos: Manuel Pousa

miércoles, 11 de febrero de 2015

Alejandro Lerner: pasado y presente en La Falda

Alejandro Lerner, hoy.
El creador de “Todo a pulmón” regresa a la ciudad en la que se consagró hace más de tres décadas. En la previa de su show del próximo sábado (con entrada libre y gratuita) reproducimos la reseña publicada en ocasión de su última visita a La Falda en 2004.

NOTA DE ARCHIVO                                   

Por Néstor Pousa

Los manuales destacan que Alejandro Lerner luego de integrar Soluna junto a Gustavo Santaolalla; Reino de Munt con Raúl Porchetto; acompañar como tecladista a Sandra Mihanovich, quien le dio el primer impulso importante; y de fundar Solopororo, su primera banda profesional pero de existencia efímera; recién en febrero de 1982 en el Festival Argentino de Música Contemporánea de La Falda fue que logró su consagración definitiva. La tercera edición del legendario ciclo, al que llegó acompañado por el grupo La Magia, fue la plataforma de lanzamiento de una promisoria carrera solista que a partir de ahí se iría desarrollando y consolidando sin demora. En paralelo a sus dotes de intérprete, como autor y compositor sus canciones empezarían a ser codiciadas por destacados intérpretes de los más diversos estilos; a la vez de requerirse sus servicios para realizar los temas originales de envíos televisivos en franja central, los que invariablemente se convierten en hits; y de destacarse como compositor de música para películas y puestas de teatro.
Así Lerner vio cómo su target cambiaba, toda vez que él mutaba de rocker ATP (apto para todo público) seguido preferentemente por adolescentes de ambos sexos, para convertirse en un baladista melódico con una platea mayoritariamente adulta y femenina.

Una costumbre argentina (*) Con su excelente presente, aunque también con su historia, Lerner visitó una vez más el Auditorio Municipal de La Falda para mostrar los temas de su último disco y repasar viejos éxitos. Acompañado por una interesante repercusión en boleterías, un muy buen sonido y una banda de músicos en la que se destacan el guitarrista Gringui Herrera y el bajista Paul Dourge; el tecladista pisó el escenario a las 22:30 tras los primeros acordes de Algo de mí en tu corazón y enseguida hizo referencia a La Falda como el lugar que desde sus inicios siempre lo respaldó. Una refinada puesta en escena, excelente iluminación y la proyección de diapositivas en blanco y negro, le dio a la sala un clima de teatro, mucho más acorde a la actual propuesta del cantautor. Y así empezaron a sucederse los viejos y nuevos clásicos. Si te vas, La belleza -dedicado a las mujeres que eran mayoría esa noche- y Chacarera de mis pagos, para Santiago del Estero y los lazos que lo unen con esa provincia. Sorprendería con una fusión de blues y malambo en una versión de Desconfío, uno de los tantos clásicos de Norberto Pappo Napolitano.  Del nuevo disco se escucharon solamente Cuando una mujer se enamora y Después de ti.
Rock & Roll hubo, pero en pequeñas dosis, con un viejo tema que hacía mucho no tocaba: Nena neurótica, al que, con introducción de Humo sobre el agua, le sacó las telarañas en honor a sus primeros conciertos en esta ciudad, en el festival que organizaba Mario Luna. Luego siguió un homenaje al gran Carlos Santana, que dio paso a los encendedores que iluminaron el mega hit Todo a pulmón, para despedirse con uno de sus mejores números de la última etapa, Volver a empezar.
El lugar de privilegio de los bises lo reservó para Costumbres argentinas, en un nuevo guiño a las incondicionales fans que festejaron con delirio, de pie y con los brazos en alto.
Alejandro Lerner acompañó sus canciones con una puesta en escena muy elaborada y el mismo formato que llevará por Latinoamérica. Un espectáculo de la jerarquía que una ciudad con la trayectoria musical que tiene La Falda se merecía.-

Lerner y La Magia (1982) reedit. en cd
“Aquí siempre me fue súper bien”. Finalizado el show, en camarines del Auditorio Municipal y en diálogo con este cronista, Lerner se expedía sobre el Festival de Rock de La Falda: “Cuando nosotros peleábamos por tratar de jugar en primera, eran tiempos en que había que tener mucho coraje para mostrar una línea de música nueva y canciones que la gente no conocía. Y sin embargo La Falda siempre me dio respaldo. En los Festivales de La Falda a mí me fue siempre súper bien”.
Y completaba: “Yo creo que las cosas nunca van a ser como fueron. Las cosas se adaptan a los cambios, hoy en día hay un montón de festivales de rock, nuevos y absolutamente multitudinarios. El rock va cambiando porque es la expresión de una generación, y las generaciones van cambiando, la tecnología, los códigos, cambian. El rock de hoy no se parece en nada al de los ‘70 y los ‘80. Tiene un espíritu propio, ni mejor, ni peor, pero distinto. El Festival de La Falda es legendario y ha quedado en la historia de los grandes festivales de Rock Argentino y nunca va a volver a ser como antes. Su futuro depende de un acto de voluntad, son voluntades que se ponen de acuerdo para organizar un festival, donde hoy en día tiene que haber más organización y seguridad que en otra época, que tenían su desorden pero se hacían igual. Hoy creo que hay mucha más capacidad organizativa que antes”.-


(*) Crónica publicada en el semanario Ecos de Punilla (edición impresa), sobre la presentación en el Auditorio Municipal de La Falda el jueves 08/04/2004 ante 1.500 personas.                    

miércoles, 28 de enero de 2015

Pappo ya tiene su calle en La Falda

Pappo en su última presentación en La Falda (2002)
El viernes 30 de enero quedará oficialmente inaugurada en La Falda la calle que recuerda al gran guitarrista de blues y rock a 10 años de su desaparición física. Entrevista con Liliana Napolitano, la única hermana del Carpo.     

INAUGURACIÓN CALLE

Por Néstor Pousa

Cuando el viernes 30 de enero al mediodía quede inaugurada la calle “Norberto Pappo Napolitano”, serán tres las arterías de La Falda que recuerdan a reconocidas figuras del Rock Argentino. El proyecto tiene que ver con una idea integral sostenida a través del tiempo e impulsada por la productora de origen local LF Rock (Caro Amezaga y Andrés Fried), cuya primera acción fue en junio del 2001 con la imposición del nombre “Miguel Abuelo” a la ex Entre Ríos y siguió en diciembre de 2002 con la ordenanza que asignó el nombre de “Luca Prodan” al último tramo de la calle Carlos Gardel. Tanto la vía que recuerda al juglar y pionero del Rock en Castellano mentor de Los Abuelos de la Nada; como la del líder de Sumo en los 80’s y la que desde ahora llevará el nombre del creador de Pappo’s Blues y Riff, son calles que convergen en un lugar común, circundando el predio del Estadio Las Murallas y la pista de patín carrera en Villa Caprichosa, uno de los barrios más antiguos de la ciudad. Si bien están ubicadas en una zona suburbana alejada del centro, cuentan con un paisaje natural privilegiado e imponente. El cambio de nombre de la ex Corrientes que desde ahora recordará al gran violero de blues y rock fue sancionado por Ordenanza N° 2772 del HCD faldense. En la inauguración oficial estará presente Luciano Napolitano, único hijo del músico.
A propósito de este acontecimiento, que ya empezó a tomar trascendencia nacional a través de medios de comunicación y en redes sociales, nos comunicamos con Liliana Napolitano, hermana del Carpo, para conocer su opinión sobre este homenaje.   

“Estoy muy contenta con esto del nombre de mi hermano en una calle de La Falda. ¿No te enojás si te pido un favor?” -me pregunta Liliana en el inicio de nuestra conversación- “Que le trasmitas a la gente que hizo realidad esto y a todos los de ese lugar, que mi agradecimiento es muy grande, que muchas gracias por recordarlo”. Liliana, que se encuentra en este momento en San Diego, California, asegura que: “Si estuviera en Argentina hubiese ido a la inauguración, pero quiero que sepan que mi corazón va a estar allí presente”.

Ante la pregunta de si está radicada allá definitivamente, describe como transcurren sus días en la actualidad. “Acá viven todos mis hijos: el mayor en Miami, el segundo en San Diego, donde yo vivo con él, y mi hija en Phoenix. Prácticamente estoy un poco acá y otro poco en mi casa de la Paternal, normalmente viajo para Argentina alrededor del 20 de febrero para estar el 25, que es la fecha del accidente y el 10 de marzo que es su cumpleaños, y es cuando hacemos el homenaje en la plaza. Me quedo más o menos hasta julio o agosto y me vuelvo, y así es mi vida desde que él se fue, lo único que tengo ahora son mis hijos y mis nietos, y su recuerdo que me acompaña siempre”.

Liliana Gladys es la única hermana de Pappo, que fue anotado como Norberto Aníbal. El hermano del medio, Carlos Hugo, falleció poco antes de cumplir un año. Liliana es 6 años mayor que Norberto, por lo que siempre su trato para con él fue como el de una segunda mamá. Eso se podrá advertir durante la charla que mantuvimos. Sus días en Argentina Liliana los pasa en la histórica casa de la calle Artigas 1917 en La Paternal. “Ahí nacimos mis hermanos y yo -me cuenta- y mi mamá cumplió sus 15 años en ella, o sea que es una casa familiar de más de 100 años. Ahí vivo, con mis recuerdos de toda la vida”. Y completa: “El homenaje del 10 de marzo se hace en la plaza del barrio, a 8 cuadras de mi casa, es la plaza donde jugábamos de chicos mi hermano y yo. Está en la Av. Juan B. Justo al 4800 y se llama Roque Sáenz Peña, pero todos la conocen como La Plaza de Pappo, todos la llaman así”.  

Pappo padrino en la boda de Liliana (1970)
  -¿Qué reflexión haces a 10 años de la partida de Norberto?    “Yo creo que él nunca se va a ir definitivamente. Cada día es mayor el cariño de la gente, es como yo siempre digo, si fue un gran músico fue mejor como persona, y eso la gente lo valora, un hombre que podría haber vivido en cualquier parte del mundo, con todo lo que él hubiera querido, y sin embargo siempre estuvo con nosotros, mientras vivieron mis padres y después conmigo y con mis hijos”.

   -Todos lo recuerdan como un tipo de familia.  “Muy familiero, cariñoso y respetuoso de su familia, yo te hablo con respecto a mis padres, a mí y a mis hijos, siempre fue respetuoso y con códigos. Realmente muy buena persona, lo extrañamos tanto, era un placer vivir con él, siempre nos hacía reír con sus ocurrencias, nos ponía apodos a todos: a un amigo que era gordo le puso Jamón; al armoniquista Luis Robinson, Soplete. Un día llamó un muchacho diciendo que su nombre era Pan, ‘Norberto me llama así porque dice que soy muy bueno’. Después hacía imitaciones y tenía una risa contagiosa, contaba un cuento y el que lo escuchaba se reía de verlo reírse. Cuando era chico y yo estaba estudiando con mis amigas aparecía disfrazado de Drácula con colmillos de miga de pan y los labios pintados con rouge ¡y nos asustaba!”, recuerda con ternura, Liliana.

   -Ese aspecto de su personalidad lo consigna Sergio Marchi en su libro El Hombre Suburbano, ¿estás conforme con esa biografía? ¿le hace justicia?    “Sí. En todo libro hay cosas que no son la realidad, pero también hay cosas que no se pueden publicar. En un total está bien, pero hay muchas cosas que no son ciertas, pero Sergio escribió lo que cada uno le contaba, es así”.

   -¿Estás en contacto con Luciano, tu sobrino?  “No, de ninguna manera, es una persona que borramos hace mucho tiempo de nuestras vidas”.

   -¿Existe en el país alguna otra calle con su nombre?   “Sí, en San Luis, la calle donde está la Escuela de Rock Norberto Pappo Napolitano, y así se llama la calle; y en Rosario, pero no está inaugurada todavía. Por eso espero que salga todo bien, que pasen la fiesta en paz y vuelvo a agradecer a La Falda por este homenaje que es una caricia para mi alma. Y… que sea rock!”.

   -¿Vos como lo nombrás: Norberto, Pappo, Carpo?
“Para mí siempre fue y es Norberto”.

miércoles, 7 de enero de 2015

La Falda y el Tango: 50 años no es nada

Con la concreción de la Fiesta Nacional del Tango, La Falda se reinstalaba como destino turístico a nivel nacional, a la vez que el tango demostraba que no le temía a los pronósticos sobre su decadencia.     

ESPECIAL ANIVERSARIO                                                  

Por Néstor Pousa
                                                                                                  
Volver, como dice el tango, pero volver en el tiempo y comprobar que 50 años no es nada. ¿O sí? Veamos. La efeméride indica que el 9 de enero de 2015 se cumplen los primeros 50 años de existencia de la Fiesta Nacional del Tango, según su nombre original. El padre de los festivales faldenses fue el primer evento que generaría promoción genuina para elevar a esta ciudad en el horizonte nacional, toda vez que empezaban a extinguirse los fulgores del Eden Hotel, figura icónica rodeada de mitos indescifrables que le atribuyó identidad turística a un pequeño pueblo que luego alcanzaría status de ciudad.
Por tradición oral la historia da cuenta que la idea embrionaria de un festival apareció en charlas de café en las que el tango no fue elegido al azar, había una pasión incondicional por la música importada de Buenos Aires en aquellos hombres que fantasearon con la concreción de este ciclo. Es un tributo también a aquellos pioneros, a nombres que a muchos les sonarán familiares: Tito Pousa, Roberto Chaumont, Amador Almozny, Carlos Routabon, el Dr. Cicarelli y los hermanos Rametta. Algunos otros quedarán injustamente perdidos en la desmemoria del tiempo.
La intención era reposicionar a la ciudad como destino turístico mediante un hecho cultural de gran envergadura e intuían que el modelo a seguir era el Festival Nacional de Folklore de Cosquín surgido a tan sólo 20 km. de aquí y que con la participación de las mayores figuras del canto popular ya documentaba cinco ediciones en progreso.
Promediaba 1964 y había que ponerse a trabajar urgente. La organización quedó en manos de la Comisión Municipal de Cultura y Turismo, un grupo de personas que ofrecían su tiempo ad honorem y de la que fue su primer presidente el Dr. Juan Carlos Remo Vigliocco, de personalidad expeditiva y eficiente a la hora de encabezar proyectos.
Para su concreción, sobre avenida España (RN 38), entre Bv. Dante Alighieri y calle Carlos Gardel, se levantó el anfiteatro municipal. Muy diferente a como lo conocemos actualmente, aquel disponía de una enorme estructura parabólica de metal para albergar a 7.000 espectadores, ubicados en sillas plegables de madera no del todo confortables. A esa sala, hoy modernizada, los vecinos más antiguos todavía la citan como “el auditorio del tango”, un auténtico mojón de la ciudad.
Declarado de interés municipal por la administración del Intendente Manuel Arnedo, la histórica jornada inaugural ocurrió el sábado 9 de enero de 1965. Y el ciclo se prolongó durante nueve noches consecutivas hasta el domingo 17.

El programa de la primera noche anunciaba a: Aníbal Troilo, Lorenzo Barbero, Alba Solís, Miguel Montero, Carlos Dante, Florindo Sassone, Ciriaco Ortiz acompañado por Roberto Grela y Alberto Báez y el Ballet de la Ciudad de Córdoba, Dirección: Nenufar Fleitas. El Maestro de Ceremonias fue el locutor villamariense Aníbal Cufré, mientras que el actor Juan José Miguez lo asistía con glosas tangueras.
Las jornadas que sucedieron a la apertura tuvieron una grilla verdaderamente envidiable de artistas que hoy son referentes indiscutidos: Argentino Ledesma, Armando Pontier, Alberto Podestá, Osvaldo Pugliese, Alberto Morán, José Basso, Néstor Fabián, El Quinteto Real, Fulvio Salamanca, Edmundo Rivero, Astor Piazzolla, Alfredo de Angelis, Alberto Marino y Mariano Mores con su quinteto. Y entre ellos un faldense por adopción, Rodolfo Tulián, que hasta hoy luce orgulloso el privilegio de haber estado en esta historia desde el minuto cero.   

La revista de la Fiesta Nacional del Tango (Año 1 – N° 1), publicación especialmente diseñada para la difusión del evento, mostraba en su portada la imagen de Julio Sosa. El uruguayo era una de las figuras más esperadas en La Falda, sin embargo un trágico accidente de tránsito ocurrido menos de dos meses antes, la madrugada del 26 de noviembre de 1964, terminó con la vida del irreemplazable cantor.
En el editorial de dicha revista La Comisión manifestaba: “En cuanto a la Fiesta Nacional del Tango, consideramos haber concretado una aspiración nacional largamente acariciada por los numerosos amantes de la música argentina de mayor popularidad. Con este festival, de proporciones inusitadas, el tango recupera el nivel jerárquico que por lógica gravitación le corresponde”. Quedaba claro que si para La Falda este ciclo representaba volver a poner en valor su nombre; para el Tango era dimensionar claramente hasta qué punto tenían razón los que pronosticaban la decadencia del género. No era injustificado el temor de los organizadores sobre su poder de convocatoria, dudas que se disiparon desde el primer día con una asistencia cercana a las 10.000 personas, de las que solamente 7.000 pudieron ingresar a ocupar una ubicación por la que desembolsaron $250. El resto debió conformarse con mirar desde el otro lado del alambrado perimetral.
Las crónicas de los enviados especiales confirmaban el éxito rotundo y La Falda empezaba a salir de su ostracismo. En el primer fin de semana, las notables actuaciones del Gordo Troilo, de Florindo Sassone, Ciriaco Ortiz, Armando Pontier, la guitarra de Roberto Grela; y las voces de Alba Solís y Roberto Rufino, demostraban que la enunciada desaparición del Tango no era más que una especulación pesimista. Todos aseguraban que este ciclo sin igual significaba un renovado impulso para el tango, el mismo Troilo luego de su actuación, expresaba: “Desaparecen los cafés, las confiterías, ya no quedan casi lugares donde tocarlo y bailarlo. Por suerte esta fiesta grande y cordobesa, sin precedentes que yo recuerde, nos está dando un empujón a todos”.         

Para una ciudad que se desvela por tratar de certificar sus 100 años de existencia, la mitad de ese tiempo es cantidad suficiente como para objetar la paráfrasis tanguera del título de esta nota. 50 años es mucho tiempo si hablamos de un ciclo que se convirtió en el icono de la ciudad y la hizo trascender más allá de su propia geografía. Hoy está definitivamente consolidado, pero este festival insignia no estuvo inmunizado contra los avatares que padecieron los ciclos que lo sucedieron: fiestas del Inmigrante, del Rock, del Alfajor; y por eso a sus años de vida no le corresponde igual cantidad de ediciones concretadas (con la de Julio próximo sumarán 32). No obstante, bastaron esos primeros años de apogeo y esplendor, un período dorado que va desde 1965 a 1972, para ungir a La Falda como La Capital Nacional del Tango, desde entonces y por siempre.-

sábado, 20 de diciembre de 2014

Para Lisette, cantar es vivir

Surgida de la cantera del Festival Nacional del Tango de La Falda, la cantante y multiinstrumentista Lisette Grosso Schmid presentó este año su disco debut.   

COMENTARIOS DE DISCOS

Por Néstor Pousa

Cuando hizo su aparición por primera vez en el Festival Nacional del Tango de La Falda dejó a todos boquiabiertos. ¿Escuchaste cantar a la nena? era el comentario que se repetía en la platea y en la gente. La nena era Lisette Grosso Schmid (artísticamente, Lisette a secas), que con apenas 11 años se plantaba a cantar, tocar el bandoneón, cambiar a violín o teclado, con asombrosa autoridad y enfrentando a una audiencia entendida y exigente.
“Tirao por la vida de errante bohemio” canta Lisette, y aunque queda claro que de ninguna manera pudo haber vivido una experiencia como la que cuenta la letra, su interpretación suena absolutamente creíble. Luego, con una mirada al grupo dispara el siguiente tema y se prende en un diálogo de fraseos a dos bandoneones con el Maestro Carlos Nieto, director del trío que la respalda, además de su amigo y profesor de bandoneón desde que tenía 10 años.
Aunque su lugar de nacimiento fue Córdoba y su actual residencia es en la ciudad de Morteros, para Lisette La Falda significa mucho más que el lugar que la consagró como artista; en esta ciudad hay una calle que lleva el nombre de su bisabuelo materno. Ella es casi faldense, y si bien tiene asegurado un promisorio futuro en la música, declara con convicción que una vez que finalice su secundario le gustaría estudiar Ciencias Políticas o Periodismo.
Con asistencia perfecta desde 2011 en el legendario festival serrano, Lisette eligió este imponente escenario durante la pasada edición para oficializar la presentación de su álbum debut, lanzado al amparo de una discográfica multinacional de primera línea como es Sony Music y respaldada por una ficha técnica de respetados artistas del género.

Lisette en Lunas de Tango 2014
Cantar es vivir es el nombre de su opera prima y refiere a un tango escrito por la poeta Marta Pizzo (una bella letra al estilo Eladia) y música de Daniel García, encargado de los arreglos y dirección orquestal del trabajo con colaboraciones de José “Pepo” Ogivieki.
Elegir como leit motiv un número del nuevo repertorio es una apuesta osada que marca el carácter de esta novel artista que empieza a desmarcarse de su imagen de niña prodigio para comenzar a transitar una carrera con sustento, aún cuando hoy todavía sea una preadolescente que transita los 14 años.
El material que compone el disco está formado por un repertorio que la cantante viene defendiendo en vivo en los últimos tiempos. Como heredera directa de Rubén Juárez (¿quién más puede cantar y tocar el fuelle a la vez?) repasa mayoría de temas que eran clásicos del inolvidable Negro: Toda mi vida, Como dos extraños, Los cosos de al lao y Bien de abajo, figuran en el menú. En los rubros invitados especiales aparecen Raúl Lavié, único cantante al que Lisette cede protagonismo vocal para un gran dueto en El último café. Horacio Ferrer, irreemplazable pérdida de las últimas horas, aporta su inconfundible estilo en el recitado de Libertango, de la que es autor junto a Piazzolla. Mientras que de José Colángelo es el piano que se escucha en Malena.
La madurez interpretativa de Lisette se manifiesta en dos pasajes que son los más logrados de este muy buen debut discográfico: Nada, con el único acompañamiento de la guitarra de un especialista como Esteban Morgado; y Anclao en Paris. De esta última había circulado un demo de difusión con acompañamiento de orquesta; para su registro definitivo Lisette eligió hacer un unipersonal en el que sola se encarga de la voz y el bandoneón. Resultado: dos notables versiones.

A esta mesurada convocatoria de figuras de prestigio que colaboraron en el disco, Lisette la define con naturalidad y hasta cierta inocencia como “una reunión de amigos”. Ocurrencias de una niña que entre los grandes se mueve como pez en el agua, y que desairando su edad cronológica parece acreditar la experiencia de las grandes cancionistas que alumbró el Tango.-

martes, 16 de diciembre de 2014

Virus con mirada experta

Dos obras, una literaria y la otra audiovisual, se encargan de dejar registro de la trayectoria de Virus, una de las bandas más influyentes de los años 80. 

LIBROS / DOCUMENTALES

Por Néstor Pousa
                                                                                                  
Con lenguaje llano Marcelo Moura en su libro Virus se encarga de contar como fue el nacimiento de una de las bandas más significativas de los años ‘80. Desde una posición privilegiada  -ya que el menor de los Moura es miembro fundador del grupo junto a sus hermanos Federico y Julio-  el músico platense brinda datos hasta ahora desconocidos o no revelados apelando a su visión personal del fenómeno, prescindiendo del rigor cronológico, con una prosa más visceral que depurada y plagada de porteñismos, en donde el uso de términos al “vesre” (forma lunfarda de invertir las sílabas de  las palabras) sorprende por su exceso.
El relato se tensa en el capítulo dedicado a Jorge, el mayor de los hermanos Moura, cuya historia estuvo velada durante los años de mayor popularidad de la banda. Jorge, que no se dedicó a la música, fue desaparecido y asesinado por la última dictadura militar por ser integrante activo del ERP. No es esta la única tragedia que atravesó a la familia, el otro suceso es más conocido y se refiere a la enfermedad de Federico, quien por personalidad y talento nadie deja de reconocerlo como el líder indiscutido del grupo. A Federico se le manifestó su infección de VIH en 1987 durante su estadía en Brasil mientras grababan las canciones de Superficies de placer y en el momento de mayor auge de la banda. A partir de ahí ya nada volvió a ser igual, los hechos se desencadenaron vertiginosamente y para el siguiente disco (Tierra del Fuego) el cantante debilitado en su salud debió ser reemplazado en las voces por su hermano Marcelo, que hasta ese momento tocaba los teclados y tomó la posta al frente de la banda a instancias del propio Federico que le encomendó el difícil compromiso de sucederlo.
Es en estos pasajes donde la narración pasa por sus momentos de mayor intensidad aunque sin caer en el melodrama, ni intentar capitalizar el morbo, para lo cual se reservan los detalles demasiados íntimos que tengan que ver con la vida privada, enfermedad y muerte de Federico.
Surgidos en la ciudad de La Plata en el seno de una familia clase media acomodada, la carrera profesional de Virus desde sus inicios, no fue fácil. Mirados de costado por buena parte de la crítica especializada y por muchos de colegas que los tildaban de “frívolos y de ser una banda de putos”; a su estilo de ruptura le llegó tardíamente el reconocimiento hasta ser considerados hoy como uno de los referentes ineludibles del género. De todo esto se encarga de dejar registro Marcelo Moura en sus escritos autobiográficos a modo de un descarnado ejercicio catártico.
Título: Virus por Marcelo Moura - Editorial Planeta © 2014 - 174 páginas que incluyen un apéndice con fotos rescatadas del archivo familiar.

Imágenes Paganas. Haciendo foco en la figura de Federico Moura, el filme del realizador Sergio “Cucho” Constantino estrenado en 2013 es un complemento audiovisual imprescindible para terminar de comprender el contexto sociopolítico y musical en el cual se desenvolvió la historia de Virus y cómo llegaron a ser uno de los fenómenos del Rock Nacional. Con un tratamiento estético elevado y a la altura del legado de los hermanos Moura, la película estrenada en Buenos Aires y Córdoba el año pasado, giró por el país junto a otras de su estilo como parte del colectivo documental denominado La Pesada del Doc.  
Título: Imágenes Paganas - género: documental - duración: 98 minutos.

martes, 9 de diciembre de 2014

Contramano Trío: En la dirección correcta

Contramano Trío: Della Vedova-Martínez-Almeida
Fueron los primeros locales en convertirse en grupo estable del Festival Nacional del Tango en sus 50 años de existencia. Sobre como influyó este hecho y otros temas hablamos con Mauricio Martínez.


ENTREVISTA                                   
    
Por Néstor Pousa                        

Mauricio Martínez gira la cuchara de café en una no premeditada imagen tanguera, mientras busca las palabras precisas para explicar cómo influyó en la incipiente carrera del Contramano Trío el hecho de haberse convertido en los primeros músicos locales que funcionaron como grupo estable del Festival Nacional del Tango de La Falda, lugar que ocuparon maestros de la talla de Carlos Nieto o Hermes Bálsamo. Un bar del micro-centro faldense por afuera de la hora pico es el lugar indicado para que la charla fluya.
“Para nosotros fue importantísimo, una experiencia hermosa la de subir tantas veces al escenario, porque para cuando nos tocó actuar con el trío era la sexta vez que subíamos y ya estábamos súper relajados; a diferencia del año anterior que subimos y nos temblaban las piernas… porque ese escenario es muy imponente”, comienza a relatar Mauricio. “Esto nos posibilitó viajar a Uruguay con el cantante uruguayo Francisco Falco que fue quien hizo de intermediario para que toquemos en el Festival Internacional de Uruguay, y allá hicimos algo parecido porque estuvimos acompañando al ganador del Pre La Falda de este año, Leandro Ponte, y a la cantante uruguaya María de los Ángeles, además de hacer lo nuestro instrumental. Luego surgió grabar un disco con Falco en Buenos Aires; y ahora estamos próximos a grabar con Leandro Ponte su primer disco que posiblemente sea presentado el año que viene en el Festival Internacional de Buenos Aires. Realmente esto nos ha abierto muchas puertas y fue algo que tal vez no se nos hubiera ocurrido a nosotros, si no hubiera surgido del municipio faldense”, reconoce.
Mauricio se toma un tiempo para recapitular como nació la idea: “Nunca habíamos acompañado cantantes con esta formación que siempre fue instrumental, aunque cada uno por separado sí lo había hecho. Al principio estaba la pregunta si no íbamos a incorporar un cantante, un bandoneón o un violín que son instrumentos típicos del tango, y a nosotros nos gustaba el timbre del trío, nos parecía nuevo o raro dentro del género. Lo primero que nos llamó la atención es que con esta formación sin bandoneón nos llamaran para ser el grupo estable. En principio nos pidieron que acompañáramos a un cantante, después a dos, a tres, y entonces surgió la idea de ser grupo estable porque además nunca había sido una banda local, y a la vez era algo pintoresco”.

   -Decís que el estilo que hacen es novedoso, ¿no remite acaso a los orígenes del Tango?  “Sí, de hecho Gardel tocaba sólo con guitarras. Yo creo que a lo que más nos parecemos en cuanto a sonoridad, y es también uno de nuestros referentes, es a lo que hacían Salgán-De Lío que era piano y guitarra, aunque De Lío tocaba con guitarra eléctrica y a mí me gusta más la calidez de la guitarra clásica. Creo que por una cuestión for export se ha impuesto mucho el bandoneón, y entonces no tenerlo, a la gente le resulta nuevo. Y también el hecho de tocar con bajo eléctrico en lugar de contrabajo, creo que tiene que ver con todo eso la sonoridad del trío”.

   -¿Qué pasa con el intérprete cuando no tiene un bandoneón que lo respalda?, que es como si en el rock faltara la batería, ¿los incomoda o condiciona?   “A nosotros no, porque ya estamos muy acostumbrados a esta sonoridad y a como pensar los arreglos para reemplazar el bandoneón. En arreglos para una formación típica de piano-bandoneón-contrabajo, en Contramano Trío el piano queda igual, el bajo eléctrico lo adaptamos al contrabajo y yo con la guitarra reemplazo al bandoneón. Con respecto a los cantantes: algunos no reniegan de la formación porque ya están acostumbrados, pero hubo otros que preguntaron si no podíamos incorporar otro instrumento que llevaran ellos”. 

Mauricio Martínez (26 años, guitarra y arreglos) y Rodrigo Della Vedova (22 años, piano), son ambos miembros fundadores del trío y los que aún permanecen de la formación original, la que pasó por algunos cambios de integrantes en lo que respecta al tercer instrumento, el bajo eléctrico. Para Mauricio es habitual que los músicos jóvenes que hoy abordan géneros como el Tango y la Milonga acrediten un pasado rockero. Para muestra, Mauricio se conoció con Rodrigo tocando rock en Siempre Verde.

   -¿Y el Tango cómo llegó?   “En el conservatorio tuve un profesor que me acercó la música de Piazzolla, y fue la primera vez que toqué Libertango, Verano Porteño, Fuga y Misterio, y con guitarra eléctrica que era lo que yo estudiaba en ese momento. Después durante muchos años me dediqué a otras cosas, hasta que en el 2008 Javier Ruax (bandoneonista de Villa Giardino) me propuso armar un dúo de bandoneón y guitarra. En un primer momento me costó adaptarme porque no había escuchado lo anterior a Piazzolla, de a poco empecé a engancharme por lo musical más que por lo cultural y descubrí a Horacio Salgán que fue mi otra gran influencia. Empecé a estudiar y escribir arreglos y me apasionó”, confirma.

   -¿Se puede abordar el tango si no estás previamente formado académicamente?   “Creo que tanto teóricamente como técnicamente es necesario en cualquier instrumento tener una técnica clásica, conservadora, de la limpieza del sonido y la precisión del movimiento, para después romper con todo eso y ensuciarlo, si se quiere, o entorpecer algunas acentuaciones. El Tango es tan rico desde lo teórico, en lo melódico, en lo armónico, en lo rítmico, que faltan recursos si uno no pasa por un estudio más académico”.

   -En La Falda, hace algunos años, hubo un clamor de los artistas locales por un cupo obligatorio en los espectáculos que organizaba la municipalidad. ¿Hubieras suscripto?   “Sí. Pero creo que también uno tiene que ganarse los espacios. Me parece fundamental que se difunda la gente de acá, sobre todo porque no hay lugares para tocar, pero sí creo que uno tiene que pelearla y llegar a un nivel para ganarse ese espacio, porque si te juntas a ensayar dos veces, estás sonando más o menos y ya te dan un lugar en un escenario grande, a lo mejor te quedás en esa.  A nosotros nos pasó cuando formamos el dúo y no nos pusieron en el escenario; nos molestó, pero ahora escuchó lo que hacíamos en ese momento y me doy cuenta que no tenía el nivel como para que nos pusieran. Al segundo año nos dieron un espacio chiquito, pero ya sonaba mejor”.

   -Desde una ciudad como La Falda ¿es una utopía vivir de la música? o en tal caso, ¿qué otras cosas te exige hacer para poder dedicarte a esto?   “En este momento de alguna forma podemos decir que estamos viviendo de la música, pero más por el lado de dar clases (particulares y en colegios secundarios) que por tocar. Es complicado dentro del país poder vivir de la música, nosotros tenemos la esperanza, las ganas, la energía de, en el corto plazo, empezar a viajar lo más posible y salir del país si se puede, porque sabemos que el Tango funciona en todo el mundo y hay lugares en donde a los argentinos no nos quieren dejar entrar, pero vos decís que tocás tango y tenés la chapa de ser argentino y creo que es lo único en que te beneficia en el exterior”.

   -El año que viene se cumplen los 50 años del festival, ¿en qué lugar te ves?   “Es algo que todavía no lo pensé, pero creo que vamos a estar otra vez como grupo estable o esperamos que así sea. Para nosotros fue una experiencia increíble y queremos volver a vivirla. Volver a compartir con artistas, como en el 2013, que pude escuchar al Quinteto Real en vivo que fue el grupo por el que yo empecé a escribir arreglos de tango y se lo pude contar al hijo de Horacio Salgán; fue muy enriquecedor también tener una larga charla con el Maestro Osvaldo Piro; conocer a Amelita Baltar, la mujer de Piazzolla; saludar y compartir escenario con Baglietto-Vitale; y que te presente Silvio Soldán. Realmente fuimos conscientes de todo lo que nos estaba pasando, lo disfrutamos muchísimo y fue terriblemente emocionante. Son sueños que se cumplen, pero que uno ni siquiera se atrevió a soñar”.-