lunes, 26 de febrero de 2024

Cosquín Rock 2024: ¿DEBERÍA CAMBIAR SU NOMBRE?

Reseña: Néstor Pousa

Fotos: Juan Facundo Pousa

“Cosquín Rock debería cambiar su nombre”. Una frase que se sigue escuchando a más de una semana de finalizada la edición veinticuatro. Los que piensan que este mega festival traicionó su esencia por lo general es gente que no es habitué del mismo. Seguramente desconocen que en los primeros años del ciclo la organización dudó en convocar a Gustavo Cerati por interpretar que su estilo no era compatible con el perfil rolinga y chabón de los inicios. Hoy que ya es lamentablemente imposible sumar al autor de Crimen a la grilla, seguramente estarán arrepentidos de no haberlo hecho a tiempo.

Este encuentro serrano supo adaptarse a los nuevos tiempos. Con veinticuatro años de trayectoria debió reinventarse para no agotar su propuesta. De tal forma, en determinado momento y desafiando los fundamentalismos, puso en una misma temporada a un grupo pesado como era Almafuerte junto a Babasónicos y Miranda. Y se comprobó que podían convivir. La siguiente apuesta fue traer a Calle 13 en 2011. Las redes y la voz de la calle se hicieron escuchar con sus argumentos en contra, pero la performance de los puertorriqueños fue tan contundente y convocante que obligó a repetir al año siguiente. La polémica por las grillas que cada año presentan los festivales es un clásico con gente a favor y en contra. Pero de ahí a pretender que Cosquín Rock modifique su nombre, es tan absurdo como pedirle a Coca Cola que por lanzar al mercado una gaseosa sabor manzana no se llame más así. Son marcas acreditadas a través de años y eso no desmerece el contenido. Si hilamos grueso, también se sigue llamando "Cosquín" cuando hace exactamente 20 años que ya no tiene como base a esa ciudad.

 

Cosquín Rock decíamos, se adaptó para no repetirse con riesgo de extinción y sus responsables jamás ocultaron su intención de expandirse cuantitativamente hasta donde les fuera posible. Inauguraron franquicias por otras ciudades del mundo, tanto en LATAM como Estados Unidos y España. Y el año pasado colgaron por primera vez en su historia el cartel de “No hay más localidades”, durante la edición 23 realizada en Santa María de Punilla. Y esto se logró por pensar en una grilla más expansiva y atenta a los cambios de la industria que van de la mano con los cambios de época. No obstante fueron a por más. En la edición que acaba de finalizar (el 10 y 11 de febrero) se pudo ver a Lali, Ke Personajes y Damas Gratis confraternizando con la flor y nata del rock nacional, como son: Skay, Divididos, Ciro y Los Persas, Las Pelotas o El Bordo. Jamás se habían atrevido a tanto. Y sumar artistas de la talla de Escalandrum y Julieta Laso, mucho más cercanos al jazz y al tango que al rock.

El formato de seis escenarios funcionando en simultáneo permite armar tu propio festival y pasar de lo que no despierte curiosidad o interés. Por ahí teníamos a Bandalos Chinos versionando a Charly, mientras que desde el SUR profundo llegaban los acordes de Airbag. Te acercabas al escenario BOOMERANG y aparecía Dante Spinetta con su furibundo Funky Latin Nation. En el NORTE (antes conocido como escenario principal) empezaba Dillom quien ya se perfila como un clásico ineludible de este encuentro anual. Y seguirían los Babasónicos (con algunos problemas de sonido) y Conociendo Rusia, para comprobar que en la variedad está el gusto. En el escenario MONTAÑA los Miranda replicaban en modo virtual la colaboración con Andrés Calamaro (Tu misterioso ángel) con el Salmón asomándose desde las pantallas. Nos quedábamos para cerrar la primera jornada con los Auténticos Decadentes, una banda tan fiestera como legataria de los orígenes del rock de los 80. Digo esto por la tremenda versión que entregaron de Los viejos vinagre en homenaje a Sumo, la que para nada desentonó con su repertorio de clásicos indiscutidos (El murguero o El osito de peluche, por citar solamente dos de una lista interminable).

El futuro llegó (hace rato) a Cosquín Rock y vino de la mano de los artistas urbanos, los dee jays y la Bresh, decisiones que tanto descolocaron a los más tradicionalistas y preocupados por el “futuro del rock”. El futuro del rock puede estar en las manos virtuosas de un violero como Slash o de Usted Señálemelo, Catupecu, El Kuelgue o Estelares. La gente se apretujará frente a los proscenios ya sea que se trate del Duki, Ysy A, Las Pastillas del Abuelo o La Vela Puerca. Mientras que en el escenario PARAGUAY, mudado a la parte posterior del escenario NORTE, se empezaba a cocinar a fuego lento una fiesta reggae con el regreso a las filas del CR de una histórica de este evento como es Mimi Maura. Y Los Caligaris montaban un terrible asado en pleno escenario e invitaban a algunos colegas a entonar ese himno cordobés llamado Asado y Fernet.

 

El Cosquín Rock que tuvo tantos cierres como escenarios, programaba en el SUR a unos viejos conocidos como Molotov. En el NORTE se esperaba por Pablo Lescano al frente Damas Gratis. Y en el MONTAÑA Steve Aoki ponía a bailar a todo el que pasaba por delante. Pero el cierre rockero estaba a pocos pasos de allí, en LA CASITA DEL BLUES con La Golo’s Band, un quinteto liderado por Alejandro “El Golo” Cavoti (exintegrante de bandas de Lebón, Charly García, Santaolalla, entre otros). Entregaron una buena dosis de rock y blues con temas propios y buenos contrapuntos en las guitarras de un violero histórico como Gonzalo Viñas y el propio Golo. Dos covers en los bises: Rock and Roll de Zeppelin, en una sorprendente versión en castellano y Despiértate Nena (Spinetta, Pescado Rabioso) empezaban a bajar el telón de un nuevo año, ya pensando en la celebración del primer cuarto de siglo que se le avecina.

Especial para: Ecos de Punilla Digital

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