viernes, 24 de enero de 2020

Doña Jovita y el Dr. Presman: remedio infalible

José Luis Serrano, encarnando a su entrañable personaje, trajo a La Falda una nueva saga sobre la vida de la picara abuela serrana. El Dr. Carlos Presman es su desopilante partenaire en este nuevo espectáculo.

TEATRO EN LA FALDA
 
Por Néstor Pousa

Durante el saludo final que los actores realizan cada vez que finaliza una obra de teatro, José Luis Serrano, ya sin la “máscara”, de pie ante el público agradece y repasa con buena memoria que hace 34 años que viene con su Doña Jovita a La Falda, “En la época de Los Busso”, detalla. Corrían mejores tiempos para el teatro y para el arte en general. Las obras tenían su parada ineludible en el Cine Teatro Gran Rex, propiedad de la familia que citó Serrano, quienes gerenciaban esa sala de características insuperables para la zona, que estuvo activa hasta hace unos diez años, momento en que ocurrió su desguace definitivo.
También eran tiempos de las primeras radios de FM locales, en donde entrevistábamos a las figuras que venían a hacer temporada o escala de sus giras estivales, y Doña Jovita ya era un personaje muy popular.
La realidad nos devuelve al 2020 y el espacio que hoy recibe a las compañías que hacen temporada en el valle es el Teatro Edén, una nueva construcción emplazada en el parque del mítico monumento histórico. Una sala funcional para 400 personas que el 22 de enero pasado recibió a Doña Jovita y el Dr. Presman, presentando: Entre la peperina y el clonazepam, simbólico título que remite al choque de dos culturas contradictorias, tan alejadas y a la vez complementarias. Los químicos de la industria farmacéutica o el fruto de la pachamama, esa es la cuestión aún no resuelta por la ciencia. Esa virtual colisión en manos de Doña Jovita, el entrañable personaje diseñado por el notable actor cordobés José Luis Serrano, es reaseguro de una hora cuarenta minutos de carcajadas que también te dejarán un saldo para seguir pensando.

Fundado sobre un guion de alta factura, de los que no abundan en los espectáculos de verano, Serrano (o Jovita) dispara con certeza sobre tópicos trascendentes, que van desde el pecado original, la religión, la política hasta su relación con las redes sociales y la medicina en la tercera edad. Entre muchos otros temas de actualidad.
En este punto habría que decir que el autor podría abusar de la impronta que su pícara viejita serrana impuso en el público y recurrir únicamente a sus tics sin un buen libreto, con eso solo podría armar un entretenimiento pasatista en complicidad con el buen ánimo que impera en vacaciones. Pero la vara siempre estuvo muy alta en los libretos, y los que propone en esta nueva entrega cumplen con creces con esa pretensión.
En tanto el Dr. Carlos Presman cumple con creces su rol de partenaire. No actor, pero sí médico de profesión, deja en manos de su ocasional paciente los remates hilarantes de cada situación, pero se revela desde una seriedad que impone su profesión, como muy hábil entregando cada pie. Es desopilante el desarrollo de la primera parte en donde Doña Jovita confunde al galeno con un sacerdote, y este que formalmente se dirige hacia ella como “María Jova”, en rigor, su nombre de pila de donde se desprende el famoso diminutivo.
Sabido es que el secreto del éxito del personaje se basa fundamentalmente en el contraste de una mujer octogenaria (tal vez, ya que se resiste a decir su edad) nacida y criada en Traslasierra, enfrentada a los dislates de la vida moderna, sumado a la asombrosa capacidad de adaptación de la abuela. En este caso lo más brillante de los textos se lo lleva su relación con las redes sociales y con la medicina alópata.

José Luis Serrano ofrendó toda su carrera profesional a formatear y actualizar este personaje, pero sin dudas que atrás de las ropas de Jovita se esconde un actor de notables condiciones, capaz de improvisar (morcillear, en la jerga actoral) introduciendo bocadillos relativos a cada ciudad que visita. No es spoilear si les cuento el mejor chiste local: ocurrió cuando Jovita se encuentra con Presman y este para convencerla que no es un sacerdote católico le aclara sobre su ascendencia judía, a lo que la viejita sorprendida exclama: “¿Judío… y qué hace en el Eden Hotel entonces?”. La sala explotó en una sola carcajada.  

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