jueves, 27 de febrero de 2014

Pedro Aznar en La Falda, aquí y ahora

Aznar volvió a La Falda
El multifacético instrumentista agotó la capacidad del Auditorio Municipal como hacía mucho tiempo un músico de rock no lo hacía. En su regreso a La Falda eludió hablar del pasado y se concentró en su presente.

RECITALES

por Néstor Pousa

Hubo dos instancias en la visita de Pedro Aznar a La Falda, una fue la conferencia de prensa realizada en la previa del show y la otra propiamente el show que ofreció esa misma noche. Era el mediodía del viernes 14 de febrero y la prensa estaba citada en el hotel de avenida Edén al 700 donde desde la noche anterior se alojaba el músico. Durante la concurrida rueda con los periodistas Aznar dejó conceptos muy interesantes sobre la música y otras cuestiones afines, pero se negó enfáticamente y eludió todo intento cuando se trató de hablar de momentos no tan recientes de su valiosa carrera: “Ah no, para atrás ya está, ya fue”, cerró secamente y en el límite de la descortesía. Esto sucedió cuando empezamos a recordar las anteriores visitas de Aznar a La Falda, época en la que formaba parte de Seru Giran junto a Charly García, David Lebón y Oscar Moro. Pedro dijo no recordar absolutamente nada de su paso por el Festival Argentino de Música Contemporánea, al que acudió en su primera y tercera edición, años 1980 y 1982, respectivamente. Sin embargo, y en relación a este ciclo, expresó: “Nos solían tirar cosas, creo que tenía que ver con la extraña relación que tenía Charly con Córdoba por aquellos años, era una relación de amor-odio muy particular, y la ligábamos los cuatro. Con Seru nos tiraban pilas”, afirmó sin dudar y sin dar derecho a réplica. Y aunque se equivocó en este punto, ya que no fue en La Falda el episodio de los pilazos a Seru, instó a los presentes a cambiar de tema, denotando cierto fastidio que nadie pretendió hacerle padecer. Todo lo contrario, ya que a partir de allí la conferencia se transformó en algunas preguntas y otros tantos monólogos laudatorios hacia la figura del artista.

Afortunadamente en horas de la noche la imagen del mediodía cambió por otra mucho más amable, Pedro se manifestó en un recital a la altura de las expectativas y con una asistencia acorde a sus últimos antecedentes. Hay que decirlo: Pedro Aznar agotó por mérito propio la capacidad del Auditorio Municipal como hacía mucho tiempo un músico de rock no lo hacía y, afortunadamente, en este caso sin necesidad de exagerar en las cifras oficiales.
Luego de un año -el 2013- en el cual se dedicó a difundir su obra en formato solista -solo con sus instrumentos frente al mundo- para La Falda retomó su trabajo junto al quinteto en lo que fue su primer show del año en esta modalidad. La misma banda que lo acompañó en su presentación del Cosquín Rock del verano pasado, estuvo aquí, en la que fichan: Julián Semprini en batería, Coqui Rodríguez en guitarras, Alejandro Oliva en percusión y Tomás Fares en teclados. Este show debe tomárselo como la puesta a punto de la banda en lo que será un año con mucha actividad y por lo tanto el repertorio elegido estuvo acorde a eso. Fue, como el mismo Aznar lo anunció previamente, un recorrido por toda su prolífica carrera, aunque se notó la supremacía de dos excelentes discos de estudio como lo son Ahora -facturado en 2012- del que se escucharon el intenso Panteras de polvo; una zona de baladas con Par (¿tributo a Harrison?) y Rencor, y el inesperado rap que titula el disco. Y de Quebrado -álbum de 2008- la magnificencia de Fugu y Los perros del amanecer, y el jazz-rock Nocturno suburbano. El público devolvió ovaciones en momentos claves, eso ocurrió con Tu amor (de Tango4, de su obra junto a Charly), Mientes (de Seru ’92), Ya no hay forma de pedir perdón (de Elton John, pero que en adaptación al castellano es un clásico de Aznar) y Quebrado (canción epónima del disco ya citado). En un intermedio solista volvió a demostrar su buen gusto para lograr versiones con un tríptico mágico compuesto por Blackbird (The Beatles), Barro tal vez (Spinetta) y Lisa (Gustavo Cerati). Una suite que se puede revisitar en Mil noches y un instante, su más reciente trabajo editado en 2013.   
Con una audiencia absolutamente rendida y la cúpula tan rebelde a la tarea de los operadores de sonido como ya es costumbre, Aznar y su quinteto volvieron para dejar en bises Si es que se trata de mí con Sandro cantando desde la pantalla, versión castellana del Break it all de Los Shakers que se encuentra escondida en Tango4; y A cada hombre, a cada mujer, otra de sus contribuciones para el regreso de Seru en el ‘92. Fue el cierre de un esperado regreso de Pedro Aznar al legendario escenario faldense. Un regreso con todos los aditamentos.-

Ciclo: La Falda bajo las Estrellas
Fecha: 14/02/2014
Lugar: Auditorio Municipal de La Falda
Asistencia: 4.000 personas
Foto: gentileza Prensa Turismo y Cultura La Falda

martes, 25 de febrero de 2014

Pappo: que siga siendo rock (*)

Con la pérdida de Norberto “Pappo” Napolitano se va uno de los mejores guitarristas de blues y rock, un auténtico pionero y un personaje como pocos.

A 9 AÑOS DE SU PARTIDA

por Néstor Pousa

Una vez más la tragedia un jueves por la noche, como la del fatal 30 de diciembre de 2004. De nuevo la señal de un canal de cable que trasmite las catástrofes en tiempo real y sobre placa roja, esta vez para anunciar la muerte de Pappo. Las crónicas posteriores se empeñarían en remarcar que como buen amante de la velocidad y los fierros que era, murió en su ley. Aún sigo pensando que fue una muerte absurda y por momentos tengo la sensación que es un mal sueño del que pronto despertaremos.
Como sea, la tristeza que nos deja la desaparición física de uno de los estandartes del Rock Argentino y figura de la cultura de nuestro país, es enorme. Que más se puede agregar que no suene redundante. Nos queda para siempre su historia y su obra, junto con una amarga sensación de que, como coreaban sus fans en el último adiós, al Carpo todavía le quedaba mucho por hacer.

De los comienzos a la actualidad. Corría el año 1968 cuando un joven e ignoto guitarrista de nombre Norberto Aníbal Napolitano era convocado para tocar en la primera formación de Los Abuelos de la Nada de Miguel Abuelo. Al año siguiente se une a la segunda formación de Los Gatos de Litto Nebbia. Estas primeras participaciones en bandas importantes serían efímeras ya que estas bandas transitaban por otros caminos musicales y Pappo tenía bien en claro que lo suyo, desde siempre, iba a ser el blues y el rock & roll.
Junto al baterista Black Amaya y David Lebón -guitarrista como él, pero a cargo del bajo-, integra la primera mítica formación de Pappo’s Blues en 1970, banda por la que posteriormente pasarían Pomo, Machi, Alejandro Medina, Botafogo, entre muchos otros.
En los primeros años de existencia del trío, registrarían clásicos del rock y blues en castellano, confirmando a su líder como un verdadero pionero de un movimiento fundamental en el devenir cultural de nuestro país.
A finales de 1980 decide terminar con Pappo’s Blues en un concierto en donde presentaría su nuevo proyecto. Nacía Riff con el cual se convertiría en referente indiscutido para un nuevo estilo que se haría fuerte en esa década: el Heavy Metal.
Aquella primera formación alistaba a Vitico en bajo, Boff Serafine en guitarra y  Michel Peyronel en batería, con quienes Pappo se presentaría en el verano de 1983 en la 4ta. edición del Festival Argentino de Música Contemporánea de la Falda, ante la mirada atónita y desconfiada de los que desde afuera del fenómeno sentían temor por esa estética de camperas negras, tachas y cadenas; que venía precedida por un historial de violentos incidentes en Buenos Aires, los que hicieron tambalear la continuidad de la banda en esa primera etapa. De Riff sobrevinieron sucesivas encarnaciones con otros integrantes como: Danny Peyronel (tecladista y hermano de Michel), Jaf, Oscar Moro y Jota Morelli.  
La década del ‘90 estaría signada por su etapa solista que le significó el reconocimiento internacional por parte de los grandes bluseros norteamericanos. Con la bendición del maestro B.B. King, Pappo se revelaba en el país del blues como el notable guitarrista que todos conocimos y recordaremos.
El nuevo milenio lo encaró con quinta a fondo, manteniendo vivo el sonido y el recuerdo de sus dos míticas agrupaciones (Pappo’s Blues y Riff, esta última a punto de cumplir 25 años); y dejarnos como último legado un disco a la altura de sus mejores trabajos, Buscando un amor, lanzado en 2003.  

Rockero acérrimo. Pappo era un rockero acérrimo que se jactaba de ello y no dudaba en embestir sin piedad contra todo el que se apartara de ese dogma. Al hacerlo le imprimía a sus comentarios una acidez y una frontalidad tan extrema como alejada de toda diplomacia, aunque con la espontaneidad del chico travieso que nunca dejó de ser. Para él, el Rock debía ser Rock, y no otra cosa. Al diablo con las cruzas y mezclas de estilos. Ni que hablar de la música electrónica. Fue antológica la polémica que mantuvo durante un programa de televisión en vivo con DJ Deró, al que puso contra las cuerdas diciéndole que “mejor se vaya a laburar y se deje de robar”, todo esto ante la mirada perpleja del pinchadiscos y los demás participantes de aquella velada televisiva.  
La última con su firma se la escuchamos durante la segunda noche del Cosquín Rock 2005 en la Comuna de San Roque. Pappo tocaba con su banda Riff en el escenario temático para miles de eufóricos heavys. En el otro extremo del predio, en el escenario principal, se desgañitaban los Catupecu Machu que, con muchos decibeles de potencia por momentos tapaban al pesado cuarteto del Carpo. Primero arengó a su público diciendo que tenían que cantar más fuerte que los de “enfrente”. Luego, increpó en forma retórica a los Catupecu agregando (sin que estos pudieran oírlo, claro): “Toquen rock and roll y déjense de boludeces”, ante las risas cómplices de sus fans. Ese era Pappo, un excelente músico arriba del escenario y un personaje en todos lados. En su vida tuvo dos grandes pasiones, el rock y las motos, una lo hizo famoso y la otra se lo llevó demasiado pronto.-

(*) Artículo escrito el 25/02/05 para el semanario “Ecos de Punilla”.

martes, 18 de febrero de 2014

Toc Toc: el remedio de la risa


Dentro de la variada cartelera de espectáculos de la villa, destaca esta comedia escrita por el francés Laurent Baffie, que sin escándalos mediáticos que la respalden arrasó con elogios y premios

TEATRO EN CARLOS PAZ

por Néstor Pousa

Para Jorge Schussheim, adaptador de la obra escrita por el francés Laurent Baffie, “Toc Toc parece haber sido escrita especialmente para el sofisticado público argentino, eterno psicoanalizado que se verá a sí mismo en el espejo del escenario, en un goce perverso y sano a la vez”. Suscribo, porque estoy casi seguro que ni bien uno se acomoda en su butaca y antes de las palabras del locutor en off, más de uno se pone a pensar si al salir de casa cerró bien la llave del gas, si puso la alarma en el auto que quedó estacionado en la calle y se lavó suficientemente las manos después de pasar por el baño público del bar. Sobre esas y otras obsesiones y fobias se basa la trama argumental de Toc Toc, pero llevadas a un extremo que aunque parezca delirante, no lo es, cruzando ese difuso límite en el cual lo que para uno (el que lo padece) es un drama, para otros (los observadores ocasionales) se convierte en algo humorístico.
La historia gira en torno a seis personajes, todos afectados con serios Trastornos Obsesivos Compulsivos (TOC), que acuden a la consulta de un eminente especialista, el afamado y misterioso Dr. Cooper. Es en la sala de espera del consultorio, en donde los protagonistas esperarán “pacientemente” al psiquiatra, se desarrolla toda la acción.
De a uno los personajes se van incorporando a la escena: Alfredo quien padece el incurable y antisocial síndrome de Tourette y copralalia, traducido: no puede evitar proferir insultos constantemente, a la vez que realiza todo tipo de gestos obscenos y emite sonidos extraños. Camilo, un taxista que no puede controlar su manía de realizar todo tipo de cálculos matemáticos, hasta los más inverosímiles e innecesarios, y está allí sin asumir su problema e instado por su mujer que lo obligó a acudir a la consulta. Lo de Blanca aunque parezca más clásico no resulta menos perturbador, le teme a todas las enfermedades y por eso lava sus manos constantemente y abre las ventanas para ventilar, con el agravante que es empleada de un laboratorio de análisis clínicos y por lo tanto en permanente contacto con todo tipo de virus y bacterias. Otto tiene obsesión por la simetría y lo manifiesta desde su propio nombre y hasta en su color preferido, el verde, intermedio en la escala cromática del arco iris. Liliana no puede evitar repetir absolutamente todo lo que dice, al punto de transformarse en un verdadero martirio para ella y para sus circunstanciales acompañantes. Finalmente, María Auxiliadora es una fanática religiosa, maniática del orden, que revisa treinta veces la llave del gas y controla permanentemente si en su cartera están las llaves de su casa. Hay un séptimo personaje que entra y sale de escena, es la disparatada secretaria interpretada por Lara Ruiz que con marcada tonada cordobesa de la ciudad trata de mantener la calma de los pacientes, informando que el doctor está demorado pero pronto a llegar, algo que hasta el final no se develará si ocurre o no, lo que obligará a los personajes a realizar una improvisada terapia de grupo con una partida de Monopoly incluida. Con todos los personajes sobre el escenario la comedia toma un ritmo por momentos frenético aunque con la perfección de un mecanismo de relojería. Sobresalen, la magistral composición del personaje de Alfredo (Claudio Da Passano) que con sus irrupciones desmesuradas y fuera de lugar es también quien ilustra a los demás sobre sus propios padecimientos; el hiperactivo Camilo (Osqui Guzmán) quien se convierte en una especie de nexo entre los personajes; la santulona María Auxiliadora (Patricia Echegoyen) quien se espanta ante todo lo mundano; las desopilantes intervenciones de Liliana (Malena Figó) que se destacan como lo más hilarante del guión; las permanentes corridas de Blanca (Leticia González de Lellis) y las sobrias participaciones, pero con resultado de revelación, de Otto (Juan Grandinetti).
Tras casi dos horas en donde se enlazan y superponen todo tipo de situaciones tragicómicas, Toc Toc nos tiene reservado un insospechado final que ni el más entrenado espectador esperaba. Otro de los secretos de esta exitosísima comedia que no pretende aleccionar, ni plantear moralejas, sino simplemente entretener y demostrar que la risa puede ser uno de los remedios más infalibles.-       

Ficha técnica. Elenco: Claudio Da Passano, Patricia Echegoyen, Osqui Guzmán, Malena Figó, Leticia González de Lellis, Juan Grandinetti y Lara Ruiz.
Autor: Laurent Baffie. Dirección: Lía Jelín. Traducción: Julián Quintanilla. Adaptación: Jorge Schussheim. Asistente de Dirección: Matías Strafe. Escenografía: Paula Sabina. Producción General: Eloísa Canton, Sebastián Blutrach, Morris Gilbert y Bruno Pedemonti. Prensa: Valeria Krupick y Adriana Gorosito. Funciones: martes a domingo en Teatro Melos (Alberdi 50 - Villa Carlos Paz). 

En los Premios Carlos 2014. Sin necesidad de aparecer en los programas de la tarde con los recurrentes escándalos y cruces mediáticos que la respalden, “Toc Toc” arrasó por mérito propio en la última entrega de los Premios Carlos 2014, alzándose con 6 categorías, a saber: Mejor Comedia, Mejor Guión (Laurent Baffie), Mejor Dirección (Lía Jelín), Mejor Actor (Claudio Da Passano), Mejor Actriz de Reparto (Lara Ruiz) y Revelación Masculina (Juan Grandinetti).- 

domingo, 9 de febrero de 2014

Omar Mollo: Reencuentro con La Falda

Omar Mollo: Lunas de Tango (La Falda, 08/02/14)
El singular intérprete fue el broche de las Lunas de Tango ante un público que bancó los amagos de una lluvia que no fue. A diez años de su debut en La Falda, rescatamos la primera entrevista que le realizáramos en 2004.

RECITALES

por Néstor Pousa

Los amagos de una tormenta que no fue y un público que aguantó a pie firme para ver a Omar Mollo, fue la primera nota del cierre del Festival Lunas de Tango 2014, que durante tres noches convocó a una muy interesante grilla de artistas: Marcelo Santos, Carlos Habiague (estrenando su flamante Premio Carlos 2014 al mejor cantante masculino de espectáculos en Carlos Paz), Rodolfo Tulián, Mariana Mazzola, Lisette, Janette, Contramano Trío y los Hermanos Tulián.
“Aguantá un cachito más”, imploró Omar mirando al cielo, ante lo que parecía un aguacero inevitable que arruinaría el show. Con mejor suerte que Miguel Cantilo, al tercer tema la tormenta se cortó y, ahora agrandado, el intérprete exclamó: “Yo cortó todo”, para completar en todo confidencial: “La verdad, ¡tuve un culo!”. Fueron las apostillas de la noche inolvidable de Omar Mollo en su reencuentro con el público faldense y también la oportunidad para presentar su cuarto disco tanguero titulado Barrio Sur, un trabajo magistral que recibió merecidamente el Premio Gardel 2013 al mejor álbum de cantante masculino de tango.
La intensa relación de Omar Mollo con esta ciudad comenzó hace una década, en lo que fue su debut y consagración en la edición 2004 del Festival Nacional del Tango. A modo de celebración de estos diez años, rescatamos la primera entrevista que le realizáramos en aquella ocasión, y en donde hablamos sobre sus comienzos con el tango.

“Un bicho raro”. “El que me descubrió fue Pepe Albistur (productor de Adriana Varela), cuando una vez haciendo zapping, me ve en (el canal de cable) ‘Solo Tango’, y el chabón dice: ¿quién es este peludo raro que canta bien?, lo quiero. Empezó a preguntar y Hernán, dueño del Torquato Tasso (célebre tanguería del barrio de San Telmo), le djjo, yo lo conozco, y nos presentó. Voy a verlo y me dice: tenés que grabar un disco de tango porque sos el indicado para captar el público joven que es lo que necesita el tango”.
Ese especial para el cable Omar lo grabó por insistencia de Graciela Minervino (su mujer y manager) y también por el Pelado Cordera (ex Bersuit), Andrés Ciro (ex Los Piojos) y otros músicos amigos, que siempre le decían: vos tenés que cantar tangos. “Y fue así -continúa- porque resultó que los pendejos siempre me dicen que gracias a mí le dieron bola al tango, olvidándose de los rótulos”.

-¿El tango y el rock tienen muchas cosas en común, no te parece una paradoja que los públicos sean tan distintos?
“Lo que pasa es que acá siempre se trató de fusionar el tango y el rock, pero desde la música, yo voy a hacer al revés, voy a fusionar a la gente. Entonces cuando hago tango hago tango, cuando hago rock hago rock, los que llevan la ventaja son los pibes porque me van a ver a los dos lados, y los tangueros no me van a ver al rock. Entonces cuando canto tango se juntan los pibes con los viejos. Viste esos tangueros ortodoxos que no aguantan nada, a mí me dieron cabida porque les gusta como canto, a mí me dieron ese permiso”.

-¿Llegará el día en que te animes a cantar un rock en un show de tango?
“Lo que pasa que tengo que cambiar todos los músicos, porque necesito los músicos adecuados. Fue lo que hice en Cosquín Rock este año (2004), empecé con el set de tango, se retiraron los músicos de tango y los pibes no querían que se fueran, fue una gran satisfacción para mí. Cuando les dije: ¿con qué quieren que siga, con rock o tango?, ¡con tango!  gritaron todos, en pleno festival de rock en donde el más grande tendría 25 años, ponele”.

-¿Vos tenés una relación especial con Córdoba?
“Sí,  gracias a Dios con la gente de Córdoba, ya sea en Cosquín Rock o en el Teatro Real (en la capital cordobesa) siempre me han recibido muy bien y lo he llenado”.

-Como músico sos muy ecléctico, tu primer disco con MAM (Opción, 1999) tiene de todo: power rock, reggae, tango, chacarera, un clásico de los ‘70. Parece que todo te sienta bien.
“Sí, yo no tengo drama, hago música desde muy chico, toda mi experiencia se la pasé a mi hermano, le enseñe a tocar la guitarra (su hermano es Ricardo, ex Sumo y actualmente Divididos), el primer grupo que hicimos con él fue MAM en los ‘70, qué más me queda por hacer, si yo no grabé antes la culpa es mía, por loco. Yo estuve muy loco muchos años, ahora dejé mi locura de lado y empecé a laburar y me está yendo muy bien. Antes no tenía la edad suficiente, si yo me hubiera metido hace veinte años atrás la hubiera cagado, hubiera defraudado a más de uno, por eso preferí no meterme, porque estaba muy loco”.

-Sos una prueba de que nunca es tarde.
“Sí, totalmente. Aparte voy a cumplir 54 años, entonces me dije, la música me está esperando, si yo me pierdo esta oportunidad soy un pelotudo. Y tan bien me está yendo que, te doy una primicia, dentro de cinco días me voy a Europa a una gira por España, Holanda y Bélgica a cantar tangos”.

-¿Cómo fue eso de que el padre de Spinetta, Don Luis Santiago, se juntaba con vos a cantar tangos?
(Larga una carcajada y exclama) “Uh, yo soy muy amigo del Flaco de hace años. Iba siempre a su casa y de ahí nos íbamos a la casa del viejo, entonces Luis se ponía a charlar con la vieja, y el viejo me decía: ‘Vení, vení’, y me llevaba a un cuartito que tenía al fondo de la casa y cantábamos juntos. Un gran cantor de tangos el viejo, impresionante. Y el Flaco decía: vos tenés que hacer un show de tango con este”.

-¿Te molesta que te comparen con el Polaco Goyeneche?
“Para nada, al contrario, es un orgullo para mí, pero en realidad yo me parezco más a Belussi, vos hacele escuchar mi disco a algún tanguero y preguntale a quien me parezco más. El Polaco era más decidor y yo tengo otro arrastre. Lo que sí sé es que tardé 50 años en asumir que yo puedo cantar tango, porque le tengo mucho respeto, si no lo hubiera hecho antes. Yo empecé a cantar tango a los 5 años, folklore a los 7 y a los 13, cuando me fui de Pergamino a Buenos Aires, empecé con la historia del rock and roll, Los Beatles y todo eso”. 

-Sos un bicho raro, realmente.
“¡Por eso pegó!”

sábado, 1 de febrero de 2014

Palo Pandolfo: oficio de cantor


En uno de los mejores conciertos de la temporada, el ex líder de Don Cornelio y la Zona y Los Visitantes recorrió intensamente y en formato acústico todo su vasto repertorio.

RECITALES

por Néstor Pousa

Cuando el Perro Emaides (su amigo personal y manager local) nos presenta, el primer comentario que Palo Pandolfo desliza como al descuido es: “Yo este año decidí no hacer notas”, por las dudas este cronista no conociera de la existencia de esta regla y pretenda inadvertidamente vulnerarla. Nada que ver. En primer lugar porque estaba al tanto, y además lo terminaba de decir durante el show. “Ah, lo dije”, se sorprende. En realidad mi intención era estrechar la mano del artista que nos había ofrecido una de las más intensas performances de los últimos tiempos, al menos de las que yo pueda recordar.
Palo llegó a La Cumbre en etapa intermedia de una minigira que empezaría el jueves en un festival de rock en San Marcos Sierra, el que finalmente se suspendió, y culminaría el sábado en Córdoba. El músico puso en disquerías durante 2013 el flamante Esto es un abrazo, firmado por Palo y La Hermandad, entonces la visita era propicia para mostrar en vivo parte del nuevo disco, pero en formato solista y acústico.
Para el que considere que un músico que comanda un quinteto eléctrico, el presentarse solo supone una falta de respeto al público, pues con Palo Pandolfo se equivoca inexorablemente. Si bien la realidad nos indica que en algunos casos es imposible movilizar una crew completa, no menos cierto es que el Palo es capaz de defender en soledad un repertorio en el que fusiona varios estilos. Con guitarra criolla, enchufada pero con cuerdas de nylon, se convierte en el frontman solitario de su propia historia. La banda es él, y no esperen al solista que toca, canta y nada más, Palo es un performer que hace extrañas contorsiones casi en puntas de pie, explora los límites de su garganta, gesticula, percute la caja de la guitarra, pone los ojos en blanco o se pone bizco y como un poseso entra en trance con cada canción. Al final, para relajar, mostrará la técnica de la respiración yoga. Es como un títere en la luz, frase que pertenece a El leñador, primer corte de Esto es un abrazo y uno de los primeros temas del show, al que le sucederán Madre computadora, que ironiza sobre la cyberdependencia y Soy el sol, del que aclara: “Este lo canto porque me lo exige mi hijo”. Más tarde, a tono con su rol de padre de familia, les dedicará Las nenas a sus dos hijas.
No tiene conflictos en repasar toda su vasta obra, desde la que pergeñó con Don Cornelio y la Zona, fundamental banda de finales de los 80’s; la que generó con Los Visitantes en los 90’s; y el que lleva acumulado en sus diferentes encarnaciones solistas. Sin lista de temas armada previamente, ni atril donde descansen los ayuda-memoria, algunas de las canciones fluyen espontáneamente: “Me acordé de esta, que siempre me olvido de tocar y después me lamento”, cuenta antes de mandarse con una versión épica de Todos somos el enviado.
Hasta para elegir covers Palo no se ata a convencionalismos, entonces recupera dos que supo grabar: la impactante Karma policía (de Thom Yorke y Radiohead) y Vamos al bosque de Spinettalandia y sus amigos, álbum que en 1971 inauguró la etapa solista del Flaco. Y la tensión del concierto ni ahí que languidece. Anuncia que después tal vez vengan más covers y una voz (la del Perro Emaides) pide por “Don Cornelio”. “Ya toqué”, retruca, y al instante chasquea los dedos y exclama: “¡Ah, de Patria o muerte!”, y aparece Cabeza de platino, del segundo opus de la mítica banda. Luego revisa Ritual Criollo, álbum que antecede al actual, con las infaltables Canción cántaro y Oficio de cantor. “Cantar es un gesto de valor, sobre todo cuando no te acordás los acordes”, confiesa a propósito de Oficio del Cantor y de elegir no disponer de una lista de temas demasiado estructurada en la que no obstante aparecerán gemas de Los Visitantes, banda con la que alumbró un repertorio tan alucinante que cuesta entender por qué los programadores de radio no lo aborden más frecuentemente. De esa etapa: Auto Unión, Pi Pa Pu, Carne nueva, Antojo y La Pachamama, sonaron, entre otras. Hasta que llegamos al gran hit que facturó en 1987, en el mismísimo debut de Don Cornelio, la que presentó como una canción de esperanza. Ella vendrá en 2014 se parece mucho a la original aunque ahora sea una versión solista.
Tras un intenso show de casi de dos horas en donde, literalmente, transpiró la camiseta, la retirada empieza con el estribillo de Canción cántaro desvaneciéndose y él desapareciendo lentamente tras la cortina del camarín. No es el final. Volverá con un bis que será imposible no corear: “Beberé, beberé, la luz de todos los colores cantando”, con el Palo guitarra en mano saltando entre las mesas.-

Escenario energizado. Si los escenarios quedan impregnados de la energía de los artistas que los transitan, el de El Pungo en La Cumbre durante los tres pasados fines de semana debe haber acumulado la suficiente para varias vidas. Por su tablado pasaron durante enero: un pionero como Emilio Del Guercio (ex Almendra y Aquelarre) con un show histórico; la dupla Baglietto-Vitale con la orquestita (9 músicos en escena) en la previa de su presentación en la Próspero Molina de Cosquín; y Palo Pandolfo con una performance que quedará en el libro de visitas antológicas del lugar.-

Fecha: 31/01/14
Lugar: El Pungo Bar (La Cumbre)

sábado, 25 de enero de 2014

M.A.G.M.A. Soldados del metal


Con dos recitales, uno en el Eden Hotel y el otro en el ciclo de verano, la banda emblema del heavy local presentó “Locura y Realidad”, su cuarto disco. Los cordobeses GTX, banda invitada.

RECITALES

por Néstor Pousa
                                                                                                            
Este verano con síndrome bipolar que tiene a mal traer a todo el mundo, no pudo con las huestes del heavy metal. Los más de 20 grados de diferencia en el termómetro, entre el tórrido jueves y el frío viernes, no amedrentaron a los headbangers que doblaron la apuesta y celebraron con cerveza helada la presentación de dos de las mejores bandas de la escena: M.A.G.M.A. y GTX. El mismo tándem que había abierto el año con una espectacular función en el salón chino del Eden Hotel el pasado sábado 11 de enero. Ambas fechas sirvieron para presentar el cuarto disco de los “hijos dilectos de La Falda”, tal como los definió el presentador adjunto, Leo Peyronel, en su fantasmagórica aparición.
M.A.G.M.A. tiene en sus manos el recién editado “Locura y Realidad”, su esperado cuarto registro en estudio, un nuevo gran trabajo de la banda que trae como corte de difusión El ansia, un hit que ostenta video clip propio.
Este flamante disco encuentra a la banda emblema del metal local en uno de sus mejores momentos, en el cual alcanzaron su estado de gracia en la relación interna de sus integrantes, que justifica aquello de Músicos Amigos Gestan Metal Argentino (M.A.G.M.A.). Esto se ve reflejado en el sonido en directo, donde se lucen como una maquina perfectamente aceitada y probada en cada uno de sus engranajes, desde la base de Andrés Fried, un baterista que no sólo asimiló el generó sino que además le proveyó de su propia impronta. De Beto Ciollaro, uno de los miembros fundadores, que se consolidó con su sonido firme en las cuatro cuerdas. De las guitarras del Polaco Sánchez (violero líder) y el Flaco Marcos Palomeque (rítmica que destaca), que cumplen a la perfección con sus respectivos roles y tras años de ensayos y escenarios ya juegan de memoria. Todos y cada uno tienen su cuota parte en el resultado final, pero al llegar al frontman quiero parar la pelota para decir que nunca más que en este momento me parece súper relevante su función dentro del quinteto. El Ruso Ogando con su voz, pero sobre todo con su discurso es el que baja línea. Es el vocero de todos, el que advierte en El ansia, el que se pone amenazante en Atenete a las consecuencias y el que despotrica contra la hipocresía en Perdones de teatro. Aun así no pierde el sentido del humor, entonces cuando alguien del público le pide Gil trabajador (el clásico de Hermética), rápido de reflejos replica: “Yo no soy”.
En los picos de intensidad del show, el Ruso entra en trance y como un médico brujo mete esos extraños pasos de baile que tiene reservados para los mejores temas de la lista, como Miércoles en la nube, uno de los clásicos del segundo disco, donde la SG roja del Polaco y la Les Paul negra de Marcos se trenzan en un interminable contrapunto. O en Itinerante, un homenaje a los viajes de artesanos feriantes, que en la nueva versión tiene como invitado especial a Pehuén Godoy. Este joven músico de 17 años, de extracción folklórica, pulveriza los compartimientos estancos de los géneros musicales con un solo de violín de otro planeta.
Toda la impronta del Ruso se resume en la versión de The trooper, de los ingleses Iron Maiden. El cantante aclara: “Uno de mis mejores amigos estuvo en Malvinas” (en referencia a Marcos), por eso The trooper (El soldado) lo vamos a cantar en castellano y con bandera argentina”. Toda una declaración de principios a la que el propio Marcos le pondrá un solo con más corazón que dedos.-

GTX, un semestre agitado. Asociados con M.A.G.M.A. en sus últimas presentaciones, los cordobeses GTX fueron invitados a abrir ambos shows. Son en este momento uno de los nombres que más se pronuncian en el heavy de Córdoba y en sus filas encontramos a un “viejo conocido”, el faldense Aníbal Zanni, en guitarra y coros. La formación se completa con Lukas (voz), Pacha (guitarra y coros), Maxi (bajo y coros) y Emi (batería).
A los GTX les espera un semestre agitado. El domingo 2 de marzo se presentarán en el escenario temático heavy del inminente Cosquín Rock (Santa María de Punilla), donde podrán descargar en directo su tremendo poder sonoro ante una avezada platea y junto a colegas de lujo. A mediados de marzo se recluirán en estudios para comenzar la grabación de su segundo disco aún sin título. El sucesor de Sin límite al fin (2012), tendrá como este, una producción independiente y verá la luz antes de mediados de año.

Cumbre metálica. Javier Oliva (Notob) completó la trilogía en la noche dedicada al rock pesado al ser invitado, a su turno, por ambas bandas para sumarse en un tema. “Espero que cante a media máquina, porque si no estamos hasta los huevos”, fue la elocuente presentación de Lukas de GTX, antes de que el cantante y guitarrista de Apocrypha luciera su lacerante registro.-

No vayas al parque: 25° aniversario. En el final del concierto del Eden Hotel mientras sonaba No vayas al parque, Julián Finizzolla me acota que la canción está cumpliendo 25 años. Julián, fundador y baterista de M.A.G.M.A. hasta que dejó la banda, la escribió junto al Polaco Sánchez a finales de los 80’s, cuando ambos integraban Sexton. Ya en M.A.G.M.A., la recuperaron, la grabaron y hoy es casi infaltable en los bises. Lo que se dice todo un hit inoxidable del rock local.-  

Fecha: 24/01/14
Lugar: La Falda (Córdoba)
Espacio: escenario de Av. Edén y San Martín
Ciclo: La Falda bajo las Estrellas
Foto: Gentileza Prensa Turismo y Cultura La Falda

sábado, 18 de enero de 2014

Emilio Del Guercio: un recital histórico

Compañero de banco en la secundaria y primer socio musical de Luis Alberto Spinetta. Miembro fundador de Almendra y Aquelarre; es Emilio Del Guercio que protagonizó en El Pungo un recital histórico   


RECITALES                                                                                                             
por Néstor Pousa
                                                                                                            
Luego de haber sido parte indivisa de Almendra, banda que sentó las bases del rock argentino; de formar parte de Aquelarre, emblemática agrupación de rock progresivo que demostró en España que el rock en castellano no era un utopía; y de dejar registro de su posterior carrera solista con un solitario álbum (Pintada, 1983), Emilio Del Guercio desarrolló una carrera musical de un deliberado bajo perfil con ocasionales apariciones sobre los escenarios. Por eso fue un inesperado placer ver su nombre en la abultada agenda de recitales de la actual temporada estival en Córdoba. Gestionada su visita para participar del 8° Encuentro de Cantautores de Alta Gracia (16 al 19 de enero), este pionero de la música de nuestro país programó una mini gira cordobesa de cinco días consecutivos que el viernes 17 de enero recaló en El Pungo bar de La Cumbre.

No podía dejar pasar la oportunidad y explico porqué. Tuve la enorme suerte de ver a Emilio en vivo con Aquelarre (Luna Park, 1977) y con Almendra (La Falda, 1981), pero no había podido verlo en directo en su faceta solista. Además de ser el último "almendra" que me quedaba por conocer personalmente. Entiendo que estas cuestiones meramente personales poco le importen al lector, pero debo aclarar que mi condición de fan absoluto de la etapa inicial de la música contemporánea argentina fue impactada por la presencia de un artista al que la baja frecuencia de actuaciones no le quitaron timing arriba del escenario y puede despacharse con un concierto de casi dos horas de duración. Del Guercio no muestra sus credenciales para que solamente eso baste, su performance en vivo es de una entrega total. Reproduce, en estilo acústico, canciones de sus dos célebres bandas, de su única opera solista y otras que aún permanecen inéditas, entonces termino de darme cuenta que la velada va ser histórica. Acompañado con solvencia por Leandro Marquesano (piano) y por la percusión del puntano Luis Ocampo (cajón, platos y accesorios) quien habitualmente acompaña a otro ex Almendra, Edelmiro Molinari, Emilio elige una de Aquelarre para comenzar, Yo seré animal, vos serás mi dueño; luego aparecerán los clásicos de la banda con algunos datos de biografía. En Brumas en la bruma menciona a Rodolfo Alchourrón, orquestador de la versión original, y al cantarla dirige con sus manos una orquesta imaginaria. De Aves rapaces, que fue inspirada por el golpe de estado de Pinochet en Chile. De la emblemática Violencia en el parque, que presagiaría una etapa trágica del país. Mientras que Silencio marginal estimulaba la participación del público al estilo fogón.

Cuando revisó el capítulo Almendra eligió hacerlo a través de sus contribuciones y, minuciosamente, una de cada disco. Que el viento borró tus manos representó al memorable debut (Almendra, 1969), Camino difícil hizo lo propio con Almendra II (1970), Cambiándome el futuro de Almendra en Obras (1979) y Las cosas para hacer, la joya escondida dentro de El Valle interior (1980).
Las canciones fundamentales convivieron sin conflictos con Trabajo de pintor (de Pintada); con Canción de amor y de locura, que destacó entre las que pronto abandonarán la condición de inéditas (por ahora se la puede chequear por YouTube) y Como boomerang, conocida por la versión de Baglietto y por ser leit motiv de Cómo hice, el programa de televisión creado por el músico y en el que recopila una antología de imprescindibles canciones argentinas (por Canal Encuentro y Canal 10 de Córdoba).

Vecino de La Falda. “Conozco muy bien La Falda porque viví en Valle Hermoso”, me cuenta Emilio, y sorprende con el dato que entre los 9 y los 26 años vivió alternativamente entre Córdoba y Buenos Aires. Su padre era dueño del hotel (actual FOCRA) que está en la curva de la entrada sur de la vecina ciudad. “Fui al colegio en Valle Hermoso hasta que me cambié al San Román donde lo conocí a Luis”, recuerda. La apostilla demuestra que no rehúye a hablar de su gran amigo, por más que su dolorosa pérdida aún no pueda asimilarse. En el San Román fueron compañeros de banco y formaron su primer proyecto musical adolescente, antes que junto a Edelmiro Molinari y Rodolfo García fundaran Almendra. Si se imponía un homenaje, mejor con el Tema de Pototo: “la soledad es un amigo que no está, es su palabra que no ha de llegar igual”, fue lo que hace muchos años escribió Spinetta y que Del Guercio cantó en los bises de un recital que es histórico.

Fecha: viernes 17/01/14
Lugar: El Pungo bar (La Cumbre)
Foto: myself

sábado, 28 de diciembre de 2013

Andrés Calamaro / "Bohemio"

DISCOS DEL 2013

por Néstor Pousa

Cuando uno podía presumir que sus bizarras apariciones en el programa del zar de la TV banal/vernácula podían hacerle perder timing de rockstar; o que su profusa actividad en la red social del pajarito para ventilar, entre otras cosas, intimidades de su relación con su mediática novia le desdibujarían su aura fifty-fifty entre poeta maldito y gran cancionista; pues no, Andrés Calamaro se recompuso y lanzó Bohemio, disco que figura en mi lista de lo mejor del 2013.
Puede resultar contraproducente la verborragia cancionera que le conocemos al mayor de los Calamaro a la hora de seleccionar diez piezas que integren un disco físico. Tal vez por eso Andrés dejó en manos de Cachorro López gran parte de esa responsabilidad. Cachorro, como sabemos, fue en el pasado su compañero en Los Abuelos de la Nada, y es actualmente un productor estrella a la hora de delinear discos pop.
Del talento compositivo de uno, junto a la intuición del otro, nació Bohemio, que sorprende por la abundancia de guitarras slide a lo largo de todo el programa, de tonadas folks y riffs reverberantes que le dan un concepto de unidad a todo el trabajo.
Para los que opinan que Andrés ya no escribe hits indiscutidos, deberían permitirle más rodaje a canciones como Cuando no estás, con una musa demasiado implícita; o Nacimos para correr, donde retoma en formato de balada existencial la idea desarrollada en Los Chicos (de La lengua popular, 2007). Hay más: Bohemio (el tema) es una declaración de principios; y Plástico fino, la joya de este disco, tiene una lírica que conmueve, acentuada por esa entonación congestionada tan típica de Andrés.
Otro aspecto por el que debería ser recordado Bohemio es el explícito homenaje a Spinetta y el lugar de privilegio que ocupa en el orden de los temas. Al mérito que la letra pueda tener, o la belleza de su lánguida melodía, Belgrano es un digno tributo que no está puesto ahí forzadamente.
Mención para la carátula y su llamativo diseño, concebida como una especie de Buscando a Wally que arroja pistas sobre el contenido de la obra.- 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Charly García: rock a cuerda

El astro argentino trajo a Córdoba "Lineas Paralelas", su espectáculo de formato cuasi sinfónico, una selección de sus clásicos para banda de rock y cuerdas. Fue ovacionado.

RECITALES

Por Néstor Pousa
                                                                                          
¿Ver o no ver a Charly García? fue la encuesta no vinculante que lancé entre mis amigos y propagué en redes sociales el último fin de semana de noviembre ante la inminente visita a Córdoba del astro argentino. Los detractores argumentaban que al margen de la milagrosa recuperación de la mano de su albacea espiritual, el Palo Ortega, García no es ni por asomo el mismo de antes. Agregaban que el valor de las ubicaciones era prohibitivo y agravaba la situación que la oferta en la cartelera de ese sábado 30 era por demás tentadora: Manu Chao agitaba por primera vez la folklórica Plaza Próspero Molina de Cosquín y el ex Soda Zeta Bosio, devenido deejay, musicalizaba un nuevo aniversario de El Pungo Bar de La Cumbre.
¿Adónde ir entonces? Puse fichas en Charly, porque aunque no disponga por el momento de un nuevo material que sustente su carrera, siempre es capaz de reinventarse. En su nuevo espectáculo el músico, que acusa un pasado de niño prodigio concertista de piano, intenta (y con éxito) fusionar elementos de la música clásica que fue lo primero con lo que tuvo contacto, con el rock por el que finalmente se inclinó. Este formato que tuvo su debut en el Teatro Colón de Buenos Aires fue el que traslado al Orfeo Superdomo, aún cuando el domo cordobés no disponga de las características técnicas del máximo coliseo argentino.
A Líneas Paralelas / Artificio Imposible, tal el nombre de la puesta, no se la debe considerar como un “García sinfónico” ya que conserva el peso específico del rock desde la base de batería que golpea el chileno Toño Silva, secundado por Fernando Samalea, extravagante multiinstrumentista que alterna el xilófono y el bandoneón con sus inusitadas percusiones. El valor agregado lo pone la Orquesta Kashmir (el nombre puesto por Charly obedece a un homenaje a Led Zeppelin) en la práctica un octeto conformado por seis violines y dos chelos, dirigida por Patricio Villarejo, un compositor y arreglador con probada experiencia en la cruza de lo clásico con lo popular. El resto del combo, que suma 20 músicos en escena, lo completan el resto de The Prostitution, la actual banda de acompañamiento de Charly.
El repertorio especialmente seleccionado recrea y alterna joyas de toda la carrera del ex Sui Generis, composiciones a las que las cuerdas les sientan de maravillas, modificándolas pero sin alterar demasiado la versión original. Dileando con un alma, Vos también estabas verde y Fax U, son pruebas acabadas de un ensamble que reserva momentos para los solistas, como los solos del chileno Kiuge Hayashida o del Negro García López, quien relega protagonismo de guitarra líder en función del sonido grupal; o como cuando el otro chileno, Carlos González, intenta emular el solo de bajo que Pedro Aznar inmortalizó en Eiti Leda.
La niñez de conservatorio de García marcó su estilo y muchos pasajes de su obra exhalan academia, como los instrumentales Rejas electrificadas y Monóculo fantástico (ambos de Pubis Angelical); o el solo piano de 20 trajes verdes. Una sonrisa cómplice debe haberse dibujado en el rostro de Patricia Perea (Peperina) al escuchar esta pieza perteneciente al álbum al cual ella inspiró su tema central. La célebre musa asistió al show de Charly después de muchos años de autoexilio rockero y gracias a una invitación del periodista Martín Carrizo.

No sé si es pertinente decir que García está mejor que nunca, después de todo algún precio pagó. La interpretación de Desarma y sangra no suena como su mejor versión, aunque el marco de violines la hicieron más conmovedora que nunca. Igual Charly se hace cargo de todas las partes vocales, pero así como en los teclados su lugarteniente es el joven veterano Zorrito Quintiero; el soporte en los coros lo aporta Rosario Ortega quien con un trabajo sobrio y sólido va justificando su convocatoria a la banda. Mientras el líder se mueve con parsimonia, pero inquieto por todo el escenario, pasa de la isla central de teclados, sintetizadores y i-pads, a la guitarra eléctrica y de esta al piano de cola. Se lo nota entusiasmado y enchufado con esta nueva oportunidad, conectado con su público y así avienta las dudas sobre su salud (recordar el incidente en su anterior paso por este espacio o su recientemente frustrado show colombiano). No se priva de dejar alguna frase de su cosecha: “Recuerden que el Rock Nació-mal”, es su nueva humorada favorita, y luego de un intermedio protagonizado únicamente por la orquesta y el saxo solista del histórico Bernardo Baraj (ex Alma y Vida), sobreviene una segunda parte que superó a la primera con intensas interpretaciones de Yendo de la cama al living, Inconsciente colectivo y Los dinosaurios con una breve referencia final a Led Zeppelin. Y una lista de bises, algunos fuera de programa para probar cómo funciona el ensamble sin partituras, con Tango en segunda, El amor espera, Cerca de la revolución y Canción para mi muerte.
No se olvidó de recordar a su amigo Spinetta cuando antes de la última canción mostró a la platea la tapa del primer disco de Almendra (la del payaso de la lágrima) y amagó en la guitarra la intro de Muchacha, ojos de papel.
Habrá darle la derecha a Carlitos cuando al final de la noche preguntó: “¿Quién dijo que el rock no se podía tocar con violines?”. Él demostró que sí pudo, que las líneas paralelas se tocaron y que el artificio fue posible.-


Fecha: 30/11/2013
Lugar: Orfeo Superdomo
Formato: auditorio
Asistencia: 4.000 personas


Previa de Charly García en Córdoba. Carlos Rolando, Dirty Ortíz, Mario Luna, Germán Arrascaeta, Néstor Pousa y Gustavo Arraigada en el espacio VIP de TELECOM.




viernes, 8 de noviembre de 2013

Un recital histórico: El “efecto Ringo” pasó por Córdoba

Ringo Starr, el carismático baterista de la banda más famosa del mundo, hizo escala por primera vez en Córdoba. Crónica de un gran acontecimiento.

Por Néstor Pousa

Finalmente el día tan esperado llegó, Ringo pasó por Córdoba y fue como si hubiera pasado el cometa Halley, porque los casi cuatro mil afortunados que, holgadamente o con lo justo, pudimos asistir al Orfeo Superdomo quedamos así, con la boca abierta, deslumbrados, casi incrédulos, de poder estar a un toque del baterista de Los Beatles, la banda de rock más famosa de la historia, la que más influyó, la que inventó casi todo lo que conocemos y existe sobre el género.
Como ya se sabe Ringo viene liderando desde finales de los 80’s la All Starr Band, un seleccionado de estrellas que respaldan la gira del exBeatle. Un formato que tiene la particularidad de ir rotando a su personal, por lo que de la primera formación hoy no queda ninguno. Así también, a medida que van cambiando sus miembros, se va actualizando el repertorio, ya que a los clásicos que siempre interpreta Ringo se le suman los que puedan aportan el resto del combo.
El show del miércoles pasado arrancó puntualmente a las 21.30 con la banda en escena, la voz en off del locutor haciendo las presentaciones y Ringo entrando a la carrera para los primeros dos temas: Matchbox (de Carl Perkins) y It don’t come easy (uno de sus primeros números solistas), que desataron la excitación, los gritos, las lágrimas y la alegría de un público que ya estaba fuera de sus butacas y en un estado de medido descontrol, algo así como la versión adulta del furor que provocó la Beatlemanía en los sesenta.
El programa ofrece dos conciertos en uno, que se van alternando y bien pueden disfrutarse por separado. Por un lado Ringo con los legendarios temas a los que les puso su voz en Los Beatles; por el otro la All Starr Band (incluido Ringo en una de las baterías, claro) que tiene momentos de protagonismo en partes escrupulosamente iguales para sus integrantes. Todd Rundgren (guitarra y voz) mostrará sus canciones más recordables (I saw the light, Love is the answer); Gregg Rolie (piano, órgano Hammond y voz) volverá a poner su voz a los temas de la primera época de Santana (Evil ways, Black magic woman, Oye como va); a su turno Richard Page (bajo y voz) nos recordará los éxitos que facturó con Mr Mister (Kyrie, Broken wings y la hermosa balada You are mine, con Ringo tocando el cajón peruano) y Steve Lukather (guitarra líder y voz) pondrá en llamas la pista de baile con los clásicos de su exbanda Toto (una extensa versión de Rosanna, África y el infaltable Hold the line).

Todo bien con el rescate 70/80 de una banda de notables que se completa con el todo terreno Mark Rivera (saxos, guitarra, teclados, percusión, voz y casi cualquier otra cosa) y con Gregg Bissonette en la batería, individualmente el músico más destacado en una banda que suena súper ajustada. Pero, a decir verdad, habíamos ido a ver a Ringo y en este punto no hay disputas por el liderazgo. Si hasta Rundgren, en algunas ocasiones, luce remera con la estampa del jefe. El inquieto Ringo es la estrella, no hay dudas de eso, que va de un lado a otro, sube y baja de la alta tarima de su batería, pasa por el piano y dispara la intro de Don’t pass me by (del White Álbum) que equivocadamente anuncia como de Abbey Road. Apela a los rocks que grabó en la primera época de Los Beatles y al comando de su histórica Ludwig tocará y cantará Boys (de Please, please me) y Honey don’t (de Beatles For Sale). Breve repaso por su álbum más moderno, Ringo 2012, con el reggae Wings y el himno (Anthem) de paz y amor.
Este verdadero showman que durante años se mantuvo a la sombra de Lennon y Mc Cartney y hoy se explaya a sus anchas sobre el escenario y marca los tiempos del show, se muestra locuaz y muy comunicativo con la gente, bromea y contesta hasta el límite de la paciencia la avalancha de comentarios que le tiran. Lo interrumpen y reconviene con un “I’m talking” (interprétese como: “Estoy hablando, no jodan”) con su inconfundible acento británico. Pero se permite jugar: “What is my name?”, reclama, para que la platea estalle en un ensordecedor ¡Ringo! Y así sigue el juego, y recibe regalos y devuelve atenciones e insta a que imiten sus dedos en “ve”, símbolo ecuménico de Peace & Love. Luego siguen las canciones: “Hay damas en la sala?”, pregunta como introducción para I wanna be your man (Quiero ser tu hombre) de With The Beatles; y el esperado paseo en Submarino Amarillo al que nadie puede resistirse.

El final está cerca con Photograph, el hit que compuso con George Harrison y que ya cumplió cuatro décadas, y continúa con Act naturally, su contribución a la película Help! (Socorro!), antes de un cierre épico con With a little help from my friends que se prolonga en el Give peace a chance de Lennon. No existe para Ringo esa convención que llamamos “bises”, y ni falta que hacen, con sus estoicos 73 años y durante dos horas dejó el alma en el escenario. Después de todo, no siempre ocurre que un Beatle llegue a tu ciudad, y salvo que algún día se concrete el prometido arribo de su amigo Paul, ningún otro músico de este planeta podrá igualar el efecto que produjo Ringo a su paso por aquí.-

Sala: Orfeo Superdomo (formato auditorio)
Fechamiércoles 06/11/2013
Asistencia: 3.500 personas
Foto: Silvia Olmedo