Una audiencia calculada —según datos oficiales— en 1800 personas, pero que en conjunto se expresan como si fueran muchas más, recién aplacó su ansiedad y la expectativa que generaba la presencia del notable guitarrista, con los acordes del primer tema. Habían pasado cinco minutos de las diez de la noche y la intro de Arcano XIV (Killmer) activó el primer pogo. Tras el segundo tema, Gengis Khan, Skay pronunciaría una de las pocas alocuciones de toda la función, saludando al soberano con un escueto “Buenas noches, mis queridos”, con ese tono gutural que también utiliza para cantar. Porque voz hablada y voz cantada son la misma cosa para Beilinson, que amplifica su propia leyenda desde los lejanos tiempos en que compartía responsabilidades con el Indio Solari al frente de Los Redondos.
La lista siguió como un prolijo repaso de toda su discografía solista sin dejar casi ninguna etapa sin ser visitada: Tal vez mañana, Soldadito de plomo, Aves migratorias y Late, fueron platos fuertes para llegar al primer atracón de himnos ricoteros que llevan al éxtasis. Transpiración, pulsaciones a ciento veinte y hasta algunas lágrimas corrieron en la olla que empezaba a entrar en ebullición con los acordes de Todo un palo, clásico de los todos tiempos que Skay y su banda recrean más crudamente que el original grabado por la mítica banda platense. El coro de gargantas emocionaba por lo compacto y afinado.
Este Skay es el mismo que en el verano del 2022 nos devolvía a la normalidad con uno de los primeros conciertos presenciales al que asistíamos, luego de un encierro brutal y atroz. A La Falda llegaba con esta especie de exclusividad para compensarnos por tantos años de espera, en un auditorio que es como la segunda casa para los faldenses y para los que ocasionalmente nos visitan. “Es la primera vez que entro al auditorio”, nos decía Marcelo junto a Majo, una pareja de periodistas llegados desde San Francisco, Córdoba, con los ojos brillantes por conocer desde adentro un lugar tan histórico para los seguidores rock y el tango.
La segunda descarga fue demoledora con: La pared rojo lacre, Chico bomba, Presagio, El fantasma del 5to piso, Jijiji, El gólem de Paternal y Yo soy la máquina. Si hasta el reconocido field reporter local Jorge Domínguez con cámara en mano, se animó a enfrentarse a las embestidas del pogo en cumplimiento de su abnegada labor periodística de informar en tiempo real desde el lugar de los hechos.
Nadie les creyó que con Flores secas se terminaba el concierto, por más que la banda amagara el clásico saludo de despedida. Nadie en la platea se movió y los músicos volvieron a colgarse los instrumentos para la tercera fase: los bises, arremetiendo con un popurrí “redondo” hecho a base de El pibe de los astilleros / Nuestro amo juega al esclavo, y el coro de la olla que se transformaba en rugido. Para poner el punto final con Oda a la sin nombre (La Parca) una canción que desde el debut solista tiene bien ganado su status de hit.





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